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Curso de iniciación al Voluntariado en Villa del Prado

agosto 29 @ 16:00 - 17:30

  • En el Hospital Virgen de la Poveda.

En breve, verá la luz en nuestra región una asociación, sin ánimo de lucro, destinada al voluntariado social.
Después de innumerables idas y venidas a los diferentes estamentos que regulan estas actividades, de las difíciles trabas burocráticas, solventadas a base del entusiasmo que nos mueve, de soportar el consabido “Vuelva usted mañana”, en septiembre nace esta asociación, cuyos creadores la hemos dado el nombre de: “Juntos Caminando por el Mundo”.
El nombre de la asociación, ya de por sí habla de nuestros objetivos: tratar, en la medida de nuestras limitadas posibilidades de medios, que nadie camine solo.
El fin que perseguimos es el de atender a personas enfermas o necesitadas de compañía allí donde se nos requiera: hospitales, residencias, domicilios particulares o cualquier otro lugar donde podamos ser de utilidad.

De vez en cuando escuchamos la triste noticia de que alguien ha fallecido en soledad, personas que han vivido sin familia o con ella distante, y hasta pasado un tiempo nadie las ha echado en falta; en la sociedad en que yo me crié, eso no hubiese sido posible, pero hoy cada vez estamos más aislados rodeados de muchedumbre.
Para que a nadie le falte una mirada, una sonrisa, un abrazo, nacemos.

Sus miembros (mujeres y hombres) somos nuevos como entidad, pero tenemos amplia experiencia en estas labores humanitarias, lo hemos hecho antes en diferentes asociaciones similares. Damos este paso para marcarnos nuestras propias metas, para no depender de más reglas e imposiciones que las que guían nuestros objetivos: paliar la soledad de aquellos que lo precisen y nos lo demanden, escuchar sus problemas, consolarlos en la medida de lo posible, llevar hasta su lecho un abrazo, una sonrisa; valores inmateriales, pero de enorme precio humano
El voluntario no entra en una habitación con ánimo de ser escuchado, no es ese su cometido ni se le ha formado para tal fin, sino dispuesto a escuchar, a dejar que fluyan como incipientes arroyuelos los recuerdos de a quienes visitamos, liberar la necesidad que todos tenemos de pertenecer al “grupo”, sentirnos útiles. No hay nada que le plazca más a una persona mayor que oír su propia voz mientras alguien atiende a sus palabras, rememorar su juventud, los años “del esplendor en la hierba”, vivencias o tal vez ilusiones que el paso del tiempo ha distorsionado convirtiendo anhelos incumplidos en realidades vividas. Ellos desean contarnos las privaciones que sufrieron en su niñez, la brevedad de su adolescencia, cómo conocieron a su mujer, los sacrificios que juntos hicieron para formar un hogar, las interminables jornadas de trabajo, cómo fueron llegando los hijos, los estudios que les dieron para que ellos estuviesen más formados académicamente que sus padres. Te cuentan los difíciles años de la posguerra, cómo comenzaron a trabajar a edades tempranas, la emigración en busca de otros horizontes propicios con el dolor del desarraigo guardado en una maleta de cartón.
Otros nos hablarían de su “Mili” en África, de aquel sargento que la tenía tomada con él, de su primera experiencia amorosa; ellas y ellos, en este apartado, seguramente se guardarán de contarnos la tarde en que la robó un beso, el beso que se grabó de manera indeleble y, aún, después de toda una vida, sienten arder en sus labios.
Tenemos la idea equivocada de disociar el amor de la vejez, nada más lejos de la realidad, ese maravilloso sentimiento, o su recuerdo, nos acompañará mientras nos asiste la cordura o hasta cruzar “el lago”.
Cuando llegamos a mayores, se entremezclan los recuerdos, pero son los más amargos los que acuden a nuestra mente; si tenemos una edad avanzada, sin remedio, hemos dejado atrás jirones por la senda, de ello nos hablan, cuando lo hacen del presente o del futuro, de proyectos, no lo hacen sobre ellos, lo hacen, en la mayoría de los casos, de sus hijos y de sus nietos, y al hacerlo, es apreciable un brillo diferente en sus pupilas.
Al entrar en una habitación de hospital, donde una persona mayor está ingresada, casi indefectiblemente, la vemos con la cabeza baja, ausente, al vernos suelen esbozar una triste sonrisa, casi una mueca, ese es el principio del camino, unas cortas preguntas por nuestra parte y a prestar atención. Al salir de la habitación, no sé quién estará más satisfecho, si el anciano/a, o el voluntario/a.
Quien escribe estas líneas, hace tiempo que dejó atrás algo más que su madurez; creo que, por ello, me siento identificado con historias que no me son del todo ajenas.
En la vida, dar un abrazo puede significar mucho según las circunstancias, os puedo asegurar que, cuando más se valora, es cuando más vulnerables nos sentimos, cuando una sonrisa es el mejor de los regalos.
Como en los versos de Bécquer:
“Por una sonrisa, un cielo…”
Para que a nadie le falte una mirada, una sonrisa, un abrazo, ve la luz en septiembre “Juntos Caminando por el Mundo”.

El día 29 tienes una oportunidad para solidarizarte con personas mayores, enfermas, solas. No te quedes con los brazos cruzados tú puedes ayudarlos. Te esperamos.

Detalles

Fecha:
agosto 29
Hora:
16:00 - 17:30
Categoría del Evento:
Evento etiquetas:
, ,

Organizador

Juntos Caminando por el Mundo
Teléfono:
605 276 836
Email:
felix.gonzalez@juntoscaminando.org

Lugar

Hospital Virgen de la Poveda
Calle Alejandro Peris Barrios, Km 5, 28630
Villa del Prado, MADRID 28630
+ Google Map
Teléfono:
918 60 80 00
Página Web:
http://www.madrid.org/cs/Satellite?pagename=HospitalVirgenPoveda/Page/HVPO_home&c=Page&site=HospitalVirgenPoveda