- “Salir de tu casa sin nada es una experiencia desgarradora”, recuerda Mons. García Beltrán.
Ante la devastación provocada por los recientes incendios en la Sierra Oeste madrileña, el obispo de Getafe, Mons. Ginés García Beltrán, ha alzado su voz para pedir una solidaridad sostenida y no olvidar a las miles de familias que han visto sus vidas truncadas por el fuego. En un contexto marcado por el desalojo de municipios como Aldea del Fresno, Navas del Rey, Cenicientos o Villamanta, el prelado ha querido trasladar un mensaje de cercanía, esperanza y agradecimiento a toda la comunidad diocesana.
A través de un videomensaje y de visitas presenciales a los centros de acogida, Mons. García Beltrán ha descrito el drama humano que se vive en la zona. «Salir de tu casa sin nada, despojarte de todo y sin saber qué vas a encontrar cuando vuelvas es una experiencia desgarradora», afirmó el obispo durante una eucaristía celebrada en la parroquia de Santa Catalina de Alejandría, en Villamanta. Allí, agradeció el «gran corazón» de los vecinos por acoger a los evacuados de Aldea del Fresno.
El fuego, que según el prelado «es un protagonista que no alumbra, sino que destruye», ha dejado a su paso hogares y negocios calcinados, poniendo de manifiesto la fragilidad de los bienes materiales. Frente a esta realidad, García Beltrán invitó a la reflexión espiritual: «Muchas veces queremos acumular y tenerlo todo, pero las cosas son mentira. Lo único que permanece es Jesucristo».
Sin embargo, en medio del dolor, el obispo ha querido destacar «lo mejor del corazón humano»: la solidaridad. Ha agradecido profundamente la respuesta de las administraciones, los voluntarios y los municipios que abrieron sus puertas, subrayando que «es todo un pueblo el que se solidariza».
No obstante, su llamamiento más contundente mira al futuro. Mons. García Beltrán ha instado a la Iglesia, a las parroquias y a la sociedad en general a mantener el compromiso más allá de la urgencia inmediata. «Que no nos apaguemos cuando se apague lo mediático», advirtió, pidiendo que se siga ofreciendo ayuda material y, sobre todo, escucha activa a quienes necesitan volcar lo que llevan dentro.
El obispo resumió el sentir de estos días en tres emociones: dolor por la destrucción, alegría por la colaboración que derriba muros y construye puentes, y la esperanza firme de que, de esta tragedia, podamos salir siendo cada día mejores. La diócesis de Getafe reafirma así su compromiso de caminar junto a los afectados, asegurando que la fraternidad no se extingue cuando las cámaras se apagan.