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La dispersión de los cuadros de Juan Correa de Vivar

La dispersión de los cuadros de Juan Correa de Vivar realizados para el Monasterio de Santa María la Real de Valdeiglesias comenzó ya antes de que Antonio Zabaleta los recogiera durante su misión para la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Las primeras noticias sobre la dispersión
La primera noticia que tenemos sobre la división de las pinturas de Correa entre la casa de los bernardos de San Martín de Valdeiglesias y el monasterio de Pelayos de la Presa aparece en el tomo II de Viajes por España, de Antonio Ponz, obra cuya redacción se inició en 1772. Al referirse a Correa, Ponz señala:
“El altar mayor hubo de ser muy bueno, según muestran las pinturas que antiguamente tenía, y se deshizo, como me dijeron, para poner en su lugar el que hoy hay de pésimo gusto”.
El retablo renacentista de Correa debió de quedar anticuado ante la llegada del gusto barroco, por lo que los monjes cistercienses decidieron sustituirlo por otro, una decisión que, como deja claro Ponz, no fue de su agrado.
De este modo, las pinturas que habían formado parte del conjunto original comenzaron a separarse. La intervención de Zabaleta, varias décadas después, permitió reunir de nuevo buena parte de estas piezas en el convento de la Trinidad, aunque muchas de ellas permanecieron sin identificar durante bastante tiempo.
La nueva dispersión desde el Museo del Prado
Una vez que las obras ingresaron en las colecciones del Museo del Prado, se tomaron distintas decisiones sobre su destino. Algunas permanecieron en Madrid, mientras que otras fueron enviadas al Museo de Santa Cruz de Toledo o depositadas en diferentes instituciones, dentro del fenómeno que actualmente se conoce como el Prado disperso.

La Resurrección de Cristo.

Dejando aparte las obras que permanecen en los almacenes del Museo del Prado, una parte importante de las pinturas procedentes de Valdeiglesias se encuentra actualmente en Toledo, en el Museo de Santa Cruz. Allí están depositadas las siguientes obras:
• La aparición de la Virgen a San Bernardo.
• Pilatos lavándose las manos.
• Coronación de espinas.
• Martirio de San Andrés.
• San Clemente Papa.
Por el momento, estas pinturas no se encuentran expuestas debido a las obras que se están llevando a cabo en el museo desde 2024. También se encuentra allí La Resurrección de Cristo, aunque esta pintura no fue realizada para Valdeiglesias.
En el mismo museo se encuentran además varias pinturas pertenecientes al conjunto del monasterio jerónimo de Guisando: El profeta David, El profeta Isaías, El profeta Jeremías y El profeta Habacuc.
El resto de las pinturas procedentes de Valdeiglesias que actualmente se encuentran fuera del Museo del Prado y del Museo de Santa Cruz se distribuyen de la siguiente manera:
• Noli me tangere, Iglesia de los Jerónimos, Madrid, en zona privada.
• San Pedro curando a un paralítico y Lamentación ante Cristo muerto, Museo de Málaga.
• Santa Lucía, Santo Domingo de Guzmán y Martirio de San Lorenzo, Museo de Vigo – Quiñones de León.
• Martirio de San Esteban, Museo de Zamora.
• Castigo de Ananías y Safira (pasaje de la vida de San Pedro), Museo-Casa del Greco, Toledo.
• Ecce Homo, Museo de A Coruña.
• Muerte de San Bernardo, Museo de Pontevedra.
• La Resurrección de Cristo, Museo de Zaragoza.
Finalmente, una pintura titulada El Descendimiento se encuentra actualmente sin localizar, mientras que otra, titulada Dos santas mártires, formó parte de la Galería Española de Luis Felipe en el Museo del Louvre.
Un caso particular es el de San Martín partiendo la capa con Cristo, que permaneció depositado en el Museo de Arte de Cataluña desde 1904 hasta su devolución al Museo del Prado en 1987. Actualmente se encuentra en los almacenes del museo y presenta un estado de conservación que parece mejorable.

Buena parte del conjunto permanece hoy sin exponer, ya sea por obras en los museos o por falta de espacio en sus colecciones.

En el caso de Noli me tangere, la situación es especialmente llamativa. La pintura se encuentra en una zona privada del Monasterio de los Jerónimos de Madrid y no forma parte de un espacio de visita pública habitual. Pude contemplarla personalmente hace algunos años y pude comprobar el estado en que se encontraba. Tras aquella visita solicité al Museo del Prado que se estudiara la posibilidad de realizar una restauración, ya que la obra había perdido parte de sus colores y las condiciones del lugar en el que se encontraba expuesta no parecían las más adecuadas para su conservación.

¿Es posible recuperar parte del conjunto?
La situación actual resulta, cuando menos, paradójica. Las pinturas fueron realizadas para un mismo monasterio, formaron originalmente parte de un conjunto coherente y, después de su separación durante los siglos XVIII y XIX, volvieron a reunirse parcialmente gracias a la intervención de Zabaleta. Sin embargo, tras su ingreso en las colecciones del Museo del Prado, han vuelto a dispersarse por diferentes instituciones españolas.
Además, buena parte de estas pinturas no se encuentra actualmente expuesta, ya sea por las obras que se están realizando en algunos de los museos que las custodian o porque las instituciones deben establecer prioridades en la presentación de sus colecciones.
Teniendo en cuenta estas circunstancias, quizá haya llegado el momento de que las administraciones competentes estudien la posibilidad de favorecer el regreso temporal de algunas de estas pinturas a Pelayos de la Presa y San Martín de Valdeiglesias. Una exposición que reuniera durante un tiempo varias de las obras que pertenecieron al monasterio permitiría recuperar, aunque fuera de manera provisional, la visión de un conjunto que lleva siglos disperso.

Reunir estas obras sería un impulso cultural y turístico decisivo tras el devastador incendio de 2026

Pero la propuesta podría ir incluso más allá. Si se crearan las instalaciones adecuadas y se garantizaran plenamente las condiciones de seguridad, conservación y climatización exigidas para su custodia, algunas de estas obras podrían permanecer durante periodos prolongados en la comarca, especialmente aquellas que actualmente no se encuentran expuestas al público.
No se trataría únicamente de una cuestión sentimental ni de un intento de reivindicar para la comarca unas obras que forman parte de su pasado. La presencia de pinturas de la importancia de las de Juan Correa de Vivar podría convertirse en un verdadero recurso cultural y turístico. Tras el devastador incendio forestal de julio de 2026, que arrasó buena parte de la comarca y ha supuesto un duro golpe para su población, su paisaje y su actividad económica, resulta especialmente necesario buscar nuevas oportunidades de desarrollo. Recuperar y poner en valor este patrimonio podría contribuir a atraer visitantes, generar actividad económica y reforzar la identidad cultural de Pelayos de la Presa y San Martín de Valdeiglesias.
Sobre todo, permitiría volver a acercar a su territorio de origen las obras de uno de los grandes pintores del Renacimiento español y recuperar, aunque fuese parcialmente, la memoria de un conjunto artístico que durante siglos estuvo ligado al Monasterio de Santa María la Real de Valdeiglesias.

 

Mario Cuellar.

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