Archive | febrero 4th, 2026

“No se trata de fijar el precio de la vivienda, sino de garantizar suficiente oferta de calidad”

  • LOCATIVO, inmobiliaria de referencia de la comarca, nos habla de uno de los temas de más actualidad.

En un mercado inmobiliario cada vez más competitivo, LOCATIVO ha logrado consolidarse como una referencia gracias a una fórmula que combina profesionalidad, trato humano y profundo conocimiento del territorio. Fundada como proyecto familiar, la empresa opera en más de 30 municipios de la Comunidad de Madrid, Ávila y Extremadura, con una filosofía que prioriza la calidad del servicio por encima del crecimiento acelerado.

¿Desde cuándo funciona su empresa y qué espacio geográfico abarca?
Nuestra empresa nace en el año 2015 como un proyecto familiar impulsado por un reto personal compartido. Comenzó con Fernando y, posteriormente, se incorporó Verónica como socia, quien en la actualidad ejerce como directora comercial y API, con las gestiones del negocio claramente diferenciadas y organizadas.

El equipo de LOCATIVO en Quijorna.

Trabajamos en toda la Comunidad de Madrid, con especial presencia en Pozuelo de Alarcón, Las Rozas, Majadahonda y Boadilla del Monte. En la Sierra Oeste operamos habitualmente en más de una docena de municipios, como Villanueva de la Cañada, Brunete, Quijorna, Fresnedillas de la Oliva, Navalagamella, Robledo de Chavela, Valdemorillo, El Escorial o Chapinería, entre otros.
También desarrollamos actividad en zonas de Ávila —Sotillo de la Adrada, Las Navas del Marqués, Candeleda— y en Extremadura, donde contamos con oficina en Villanueva de la Vera. Esta cobertura nos permite ofrecer un servicio cercano, especializado y adaptado a cada cliente.

¿Cuántos empleos genera LOCATIVO?
Actualmente generamos alrededor de 20 puestos de trabajo directos y contamos con un proyecto de crecimiento activo. Nuestra expansión es selectiva y cuidada: buscamos perfiles que encajen con nuestra filosofía, tanto profesional como personal.

El equipo de LOCATIVO en Robledo de Chavela.

Valoramos el trabajo en equipo, el respeto y la implicación. Esa cercanía familiar es uno de nuestros pilares y nos diferencia dentro del sector. Apostamos por un modelo sólido y sostenible, donde la calidad del servicio y del equipo está por encima de cualquier crecimiento rápido.

La subida interanual en Madrid fue de un 17,7 % en 2025. ¿Qué previsiones hay para este año que acabamos de empezar?
Tras esa subida, creemos que 2026 será un año de ajuste y estabilización. La demanda sigue siendo sólida, especialmente en vivienda habitual y zonas bien comunicadas, pero el ritmo de subida se moderará.
La falta de oferta de calidad sigue siendo un motor del mercado, lo que hace poco probable una bajada de precios. Prevemos incrementos más contenidos, entre el 5 % y el 10 %, según zona y tipo de vivienda. Los inmuebles bien ubicados y listos para entrar a vivir seguirán siendo los más demandados.

Según las encuestas, la vivienda es el principal problema para los españoles. ¿Cree usted que el mercado debe regularse de alguna forma?
La vivienda es uno de los grandes retos. No se trata de fijar precios, sino de garantizar suficiente oferta de calidad. Para ello hacen falta incentivos para construir vivienda asequible, agilizar trámites y fomentar la rehabilitación. Así se puede crear un mercado más equilibrado y accesible sin frenar la inversión.

Antonio Botella.

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De restaurantes por la zona: Restaurante El Calsot (Hoyo de Manzanares)

  • Cocina de brasas con aires de franquicia.
  • Por Pierre Garní.

Confieso que llevaba mucho tiempo queriendo reservar en este restaurante que lleva abierto muchos años disfrutando de un éxito fuera de lo común y celebrando aforos completos incluso a diario, a pesar de abrir solo los fines de semana. Por fin nos decidimos y, aunque la noche no era muy propicia (fría y desapacible), nos reciben con amabilidad en un espacio un poco extraño o, cuando menos, poco habitual. Un comedor sin servicio (repito, la noche no era muy agradable), con bancos corridos a modo de sidrería vasca, pero con mucho menos encanto. Y otro, en uso y más luminoso, pero con aspecto de comedor de carretera, sin el más mínimo encanto, donde nos acomodan después de atravesar el bar, desde donde se divisan las parrillas bien encandiladas. La oferta es atractiva y suficiente. Nos recomiendan, por ser la primera vez que asistimos, un menú que contiene los platos más representativos del restaurante, opción que nos parece bastante sensata y que aceptamos convencidos.
Después de unas cervezas bien tiradas y un aperitivo, gentileza de la casa, de crema de alcachofas muy agradable y reconfortante, comienzan a llegar las viandas: una ensalada de bacalao correcta sin más; un surtido de embutidos catalanes poco variado y demasiado convencional (butifarra blanca, negra y fuet), acompañados de un pan con tomate que cumplía con creces. Damos paso a la segunda parte del menú, consistente básicamente en productos a la brasa, protagonizados, como no podía ser de otra manera, por los consabidos calsots, que no nos entusiasmaron y nos parecieron más recocidos que escalivados. De nuevo, una butifarra blanca, esta vez notable, y una butifarra negra más anodina; una chuletilla de cordero recental (una por barba) sin pena ni gloria; medio conejo de granja, reseco y falto de tiempo de cocción; y medio pollo bien jugoso y agradable. Todo ello al precio de 29 € por menú. La salsa romesco y salsa alioli, correctas y facturadas aparte, algo poco comprensible. De postre, crema catalana muy estándar y con poca gracia. De la escueta carta de vinos, elegimos una botella de Rubén Ramos, de la Ribera del Duero, añada 2022, que cumplió sin más y que nos sirvieron en vaso zurito, quizás habitual en este formato de restauración, pero absolutamente inapropiado. El pan, corriente; el café, pésimo; y la atención, muy atenta y amable.
Esperábamos mucha más autenticidad y consideración para unos productos tan representativos y valorados de una comunidad como la catalana. La sensación final es la de haber visitado un local franquiciado, con una oferta determinada y basada en la magnífica cocina de un territorio al que se le hace poco honor y un flaco favor.

CALSOT RESTAURANTE. Av. de la Paloma, 36, Hoyo de Manzanares (Madrid)

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La Cantina Jaranda: el sueño familiar que ha devuelto sabor y vida a Fresnedillas

En un municipio pequeño, donde los bares cierran temprano y la vida social se concentra en pocos espacios, dos hermanos han logrado convertir un sueño heredado en un punto de encuentro imprescindible. La Cantina Jaranda de Pedro no es solo un restaurante: es memoria familiar, cocina tradicional y un refugio para vecinos y visitantes. Su historia es la de un proyecto que crece a base de esfuerzo, raíces y una visión clara de lo que significa alimentar a un pueblo.

Un sueño que empezó en la cocina de casa
La historia de La Cantina Jaranda nace de una mezcla de vocación, tradición y una promesa familiar. Pedro Manuel López-Sastre, cocinero destacado y formado en distintos restaurantes de la zona, acumulaba años de experiencia y un deseo persistente: tener su propia cocina. Su hermana, Margarita, procedente del ámbito educativo, aportó la estructura, el enfoque empresarial y la capacidad de planificación que el proyecto necesitaba.
Pero la figura clave fue su padre, Pedro Manuel, pescadero de profesión y amante de la cocina casera. Él les enseñó a limpiar pescado, a valorar el producto fresco y a respetar los sabores de siempre. También fue quien, años atrás, estrechó lazos con el antiguo gerente del local con la idea de que, algún día, ese espacio sirviera para que su hijo creciera como cocinero. Cuando llegó el momento, los hermanos no dudaron.
La Cantina abrió sus puertas en diciembre de 2023. Hoy, dos años después, se ha consolidado como uno de los lugares más activos y queridos de Fresnedillas de la Oliva.

Un nombre con raíces y un color con significado
El nombre del restaurante no es casual. “Cantina” evoca un espacio dentro de otro, un lugar donde la gente se reúne, como ocurría en estaciones o cuarteles. “Jaranda” es el gentilicio de Fresnedillas, un guiño directo a las raíces. Y “de Pedro” no alude al cocinero, sino al padre, cuya memoria impregna cada rincón del local.
La decoración, diseñada íntegramente por Margarita, gira en torno al color verde, símbolo de esperanza. “La esperanza de convertirnos en esa cantina para todos”, explica. Materiales reutilizados, detalles artesanales y un ambiente cercano completan la identidad del espacio.

Cocina tradicional con alma familiar
La propuesta gastronómica de La Cantina Jaranda se basa en la cocina tradicional, honesta y de temporada. El pescado, por herencia familiar, ocupa un lugar central. Platos como los chipirones a la plancha, los chopitos, las gambas al ajillo o la cazuela de setas, gulas y gambas se han convertido en imprescindibles. También destacan las croquetas de paletilla ibérica, elaboradas infusionando la leche con la grasa del jamón, y la oreja crujiente, uno de los grandes éxitos de la carta.
El menú diario, muy cuidado, mantiene una estructura fija de platos de cuchara según el día: lentejas los martes, judiones los miércoles, cocido los jueves y guisos tradicionales los viernes. Siempre con un pescado entre los segundos, algo que consideran irrenunciable.

Un punto de encuentro para el pueblo
Entre semana, la clientela es mayoritariamente local, aunque cada vez llegan más comensales de Robledo y Colmenar. Los fines de semana, en cambio, el 90 % procede de fuera, atraído por la cocina y el ambiente.
La Cantina también se ha convertido en un espacio versátil: celebran comuniones, bautizos, cumpleaños y eventos personalizados. Su terraza, que en verano puede acoger entre 50 y 70 personas, es uno de los rincones más valorados.
El equipo, formado por cinco trabajadores fijos más refuerzos de fin de semana, es otro de los pilares. “La personalidad de la Cantina la da el equipo”, afirma Margarita. La cercanía, el trato amable y la estabilidad del personal han creado una relación de confianza con los clientes.

Un proyecto joven con ambición
A pesar del crecimiento, el negocio aún está en fase de consolidación. “Somos un bebé recién nacido”, reconoce Margarita. Pero la proyección es clara: seguir creciendo, mantener la esencia y, quizá algún día, ampliar el proyecto.
Mientras tanto, La Cantina Jaranda continúa alimentando a Fresnedillas con algo más que comida: con memoria, comunidad y un sabor que ya forma parte del pueblo. Su fórmula es sencilla pero efectiva: cocina tradicional, producto bien tratado y una política de precios que permite disfrutar sin sobresaltos.

Menú y carta
El menú diario, uno de los pilares del negocio, se mantiene en 14,50 euros, con tres primeros, tres segundos, bebida y café incluidos. Una propuesta que, según explican desde el establecimiento, busca ser “honesta y accesible”, sin renunciar a la calidad del producto. En carta, el precio medio por persona se sitúa entre 20 y 25 euros, una cifra que permite disfrutar desde una merluza o huevos estrellados con gulas y gambas hasta un chuletón para compartir acompañado de una botella de vino. “Puedes comer muy bien sin superar los 25 euros, incluso incluyendo postre y bebidas”, subrayan.
La oferta también se adapta a quienes buscan algo más informal. Las hamburguesas —de carne o de pollo— se han convertido en una opción muy demandada, con un precio de 13,50 euros que, junto a una consumición, sitúa la cuenta en torno a los 16 euros. Para quienes desean elevar un poco más la experiencia, la carta ofrece mariscos y elaboraciones especiales que permiten ampliar la cesta media sin perder la esencia del local.
Los fines de semana, La Cantina incorpora sugerencias fuera de carta, una práctica que ha ganado adeptos. Entre ellas destacan los platos de cuchara —judiones, cocido o guisos tradicionales— y cortes como la entraña, que no figuran en la carta fija pero aparecen con frecuencia entre las recomendaciones del chef. También es habitual encontrar opciones de marisco fresco, una seña de identidad del restaurante.
Con esta combinación de tradición, cercanía y precios ajustados, La Cantina Jaranda continúa consolidándose como un punto de encuentro gastronómico en la comarca.

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El caldo de la marmita: Un poco de consideración

  • Por Julio Reoyo Hernández. Cocinero. Restaurante Doña Filo.

Es un hecho que el paso del tiempo (considerando siempre, y dicho de manera vulgar, que los que nos pasamos somos nosotros y no el tiempo) nos va cambiando en casi todos los aspectos. Más allá de lo relacionado con lo físico y sus consecuencias, nos va acopiando de manías, alguna que otra obsesión, ciertas extravagancias e incluso alguna aversión o antipatía que hemos ido acumulando a las ya congénitas. Pero también querencias adquiridas durante todo este recorrido vital, intolerancias a ciertos comportamientos poco acostumbrados y, sobre todo —y este es mi caso—, a lo relacionado con el respeto y la consideración hacia el homónimo, asunto este que me saca de quicio, me provoca y me irrita de manera incontrolable. Y de esto les quería yo hablar, en lo que me toca, que no es poco y a la vez muy representativo de este mal proceder más común de lo que me gustaría.
Entiendo el concepto de consideración tan amplio y tan apreciable, al mismo tiempo que valoro cada vez más su coexistencia, como detesto con firmeza la falta de ella. Es el respeto, la deferencia y cortesía, el cuidado y la atención que nos debemos de manera instintiva unos a otros, del mismo modo que el progenitor se debe a su prole, el río a su mar y el comerciante a su clientela. La misma consideración y paciencia que debemos mostrar al vehículo que atranca nuestras calles recogiendo nuestra basura y, de paso, nuestras miserias; o al butanero, que también obstruye las mismas calles para proveernos y hacer nuestra vida un poco más cómoda; o a los repartidores de tantos productos, a veces inútiles, que nosotros mismos hemos solicitado.
En nuestro particular caso, asistimos con cierta frecuencia al hecho de recibir una reserva para comer o cenar en nuestro establecimiento y a la anulación de la misma como si de algo nimio se tratara, sin pensar por ello en lo relevante del acto, en la molestia causada y, más importante aún, en la poca consideración mostrada (excluyo, en consideración, a aquellos que lo hacen por fuerza mayor —que también los hay, solo faltaría—). Bien, suele pasar con todo tipo de clientes, de número de comensales por mesa, de reservas incluso efectuadas con tres, cuatro o cinco semanas de antelación y cancelándola unas horas antes de su llegada, dejando en evidencia algo tan molesto y desconsiderado como es cuantificar el tiempo y anticipación que hemos destinado a la reserva, y el poco —poquísimo— que se ha dedicado a la anulación.
Entiendo perfectamente y apoyo sin rodeos a aquellos colegas que, al efectuar una reserva en su establecimiento, piden el número de una tarjeta de crédito para cargar en ella una cantidad estipulada con anterioridad en el caso de no asistir a la mesa o anularla sin la antelación convenida; como entiendo el gesto contrariado o el ceño fruncido del cliente que no termina de entenderlo. Está claro, como en otro tipo de conductas, que somos presas de nuestros propios errores y condenados por nuestros desconsiderados comportamientos.
Les diré, no obstante, que no soy muy partidario de dar mi número de tarjeta de crédito a casi nadie sin antes efectuar la consumición del producto solicitado. He sido y sigo siendo más de dar mi palabra.

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Uso potencial de la IA para investigaciones patrimoniales

El desarrollo reciente de herramientas basadas en inteligencia artificial (IA) está abriendo nuevas posibilidades para la investigación del patrimonio histórico-artístico, especialmente en contextos donde la documentación es fragmentaria o las obras han sido alteradas, dispersadas o perdidas. Aplicada con criterio crítico, la IA permite apoyar procesos de análisis comparativo, reconstrucción hipotética y organización de grandes volúmenes de información visual y documental. Lejos de sustituir al investigador, estas tecnologías se presentan como un instrumento complementario que puede ayudar a formular hipótesis más sólidas y a visualizar resultados de forma más comprensible.

San Pedro en el salón clásico.

El párrafo anterior ha sido generado íntegramente por ChatGPT y se incluye aquí a modo de introducción metodológica. Llevo unos meses usando esta herramienta para diversos aspectos de mi investigación sobre el Monasterio de Santa María la Real de Valdeiglesias. Por un lado, me está ayudando a buscar en bases de datos abiertas de objetos de arte, pinturas particularmente, que pudieron estar relacionadas con lo recogido por Zabaleta. Si encontramos algo en algún momento, ya escribiré al respecto. En todo caso, lo indicado a continuación no es concluyente, ya que la IA se puede equivocar y va aprendiendo, en muchas ocasiones, a través de ensayo y error. Hay muchos otros aspectos en los que se está convirtiendo en una herramienta valiosa para recomponer algunas piezas del Monasterio por ir a los artículos más recientes, os puedo contar los siguientes ejemplos.

Reconstrucción de tela de San Bernardo con rey o santo

Si recordáis, un cuadro recogido por Zabaleta se titulaba Un país con San Bernardo y un Rey. En la tela que se encuentra en el almacén del Museo del Prado falta el personaje frente al que está arrodillado San Bernardo, con un fondo silvestre de paisaje. Con la información proporcionada, incluyendo que en la Trinidad había una tela con la misma medida indicando “Otro paisaje con San Bernardo y un santo”, la IA llegó a la conclusión de que tenía que ser un personaje masculino, que tuviera relación con San Bernardo, que su representación tuviera las facetas de Rey y santo a la vez, teniendo en cuenta que la tela pudiera haber estado dañada. En conclusión, el otro personaje pudiera ser San Benito, y así ha sido reconstruida la tela.

San Benito y San Bernardo en bosque.

Reconstrucción del escudo imperial de Carlos V de la portada renacentista

Dado que la única foto disponible de la portada renacentista donde se veían estos elementos es de 1920. La imagen pierde rápidamente nitidez y es difícil de apreciar los detalles. En todo caso, teniendo en cuenta que estaríamos hablando del escudo imperial de Carlos V, la IA ha creado esta imagen.

Reconstrucción de los cuadros de cobre con marco

En el anterior número, mostré unos cuadros que pudieron formar parte de un conjunto de siete y que, según Zabaleta, tenían un “marco negro”. Gracias a la IA, se ha reconstruido el cuadro incluyendo este elemento, para que las medidas coincidieran con las medidas tomadas por aquel. Este es el resultado.
Todo ello podría ayudar a futuras identificaciones y nos permite hacernos una idea de la belleza que albergó el Monasterio. Una IA entrenada con el tiempo y toda la información disponible podría realizar una reconstrucción completa del Monasterio en su época de esplendor. Todo ello no sustituye al análisis documental ni al estudio material directo, pero puede convertirse en una ayuda valiosa para futuras identificaciones y líneas de investigación.

 

Mario Cuellar.

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Lecturas para alejar la soledad

  • Los Clubes de Lectura se han convertido en un refugio social para muchísimas personas.

Uno de los grandes males de la sociedad española actual es la soledad no deseada. Según el Observatorio Estatal de la Soledad no Deseada (SoledadES), el 20 % de todas las personas que viven en nuestro país lo hacen en situación de soledad, algo que se dispara hasta el más del 50 % si hablamos con personas con algún tipo de discapacidad. De hecho, se estima que el 1,17 % del PIB anual se dedica a suplir el coste de la soledad en nuestro país, un total de 14.141 millones de euros. Parece una locura en un mundo tan interconectado y dependiente de los demás, pero no es un caso aislado: países como Alemania, Suecia o Japón están elaborando políticas para combatir este aumento de la soledad que tiene una relación directa con la salud física y mental. Además, no es un problema del que escapen nuestros niños y jóvenes, el 25,5 % de nuestros jóvenes entre los 16 y los 29 años lo sufre.
La Cultura tiende a descubrir los problemas y necesidades sociales y termina colándose en cualquier rincón para intentar solventarlos y a este problema de salud pública parece haber encontrado una solución que ha llegado casi sin querer, los Clubes de Lectura. No es la única manera de acabar con el problema ni un remedio infalible, pero parecen haberse convertido en un refugio social para muchísimas personas. De hecho, ya hay muchos jóvenes que prefieren reunirse en cafeterías y librerías para comentar libros antes que irse de fiesta.
En España hay en la actualidad más de 4500 clubes de lectura. Los hay en librerías, en bibliotecas, en centros culturales… y nuestra Sierra Oeste también cuenta con clubes de lectura muy potentes, tal y como os hemos contado en otras ocasiones: el de la Biblioteca Municipal de Chapinería, el de la Librería Abubilla, el Grupo de Lectura de San Martín de Valdeiglesias o Leer y Soñar, un club que reúne a lectoras y lectores de Villamanta, Villamantilla y Villanueva de Perales. Este último, además, ha empezado a ir mucho más allá de la lectura y organiza excursiones, encuentros con autor o, su última iniciativa, acudir en grupo a Cines Villa a ver la adaptación cinematográfica de una de sus lecturas.
Participar en un club permite no solo compartir lecturas, sino puntos de vista, ideas, perspectivas, afinidades… esto provoca que se forjen amistades en torno a intereses similares. Además, pertenecer a uno es un compromiso con los demás, pero también contigo mismo. Muchas personas alegan la falta de tiempo como una de las causas de sus hábitos no lectores, pero cuando tienes una fecha prevista para comentar una lectura, encuentras el tiempo necesario. En los clubes de lectura se puede hablar con libertad y con total confianza, y se convierten en uno de los rincones sociales en los que mejor nos encontramos.
La lectura como refugio, como enclave, como unión y como generador de salud pública. Además, si a todo ello le añadimos la pertenencia al mundo rural, donde es tan complicado en ocasiones encontrar buenos nexos de unión fuera de los circuitos sociales más comunes, un buen club de lectura puede convertirse en un auténtico salvavidas para todas esas personas que viven una soledad no deseada que, en muchos momentos, parece una cárcel de la que es imposible salir.

Javier Fernández Jiménez.

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