El caldo de la marmita: Un poco de consideración

  • Por Julio Reoyo Hernández. Cocinero. Restaurante Doña Filo.

Es un hecho que el paso del tiempo (considerando siempre, y dicho de manera vulgar, que los que nos pasamos somos nosotros y no el tiempo) nos va cambiando en casi todos los aspectos. Más allá de lo relacionado con lo físico y sus consecuencias, nos va acopiando de manías, alguna que otra obsesión, ciertas extravagancias e incluso alguna aversión o antipatía que hemos ido acumulando a las ya congénitas. Pero también querencias adquiridas durante todo este recorrido vital, intolerancias a ciertos comportamientos poco acostumbrados y, sobre todo —y este es mi caso—, a lo relacionado con el respeto y la consideración hacia el homónimo, asunto este que me saca de quicio, me provoca y me irrita de manera incontrolable. Y de esto les quería yo hablar, en lo que me toca, que no es poco y a la vez muy representativo de este mal proceder más común de lo que me gustaría.
Entiendo el concepto de consideración tan amplio y tan apreciable, al mismo tiempo que valoro cada vez más su coexistencia, como detesto con firmeza la falta de ella. Es el respeto, la deferencia y cortesía, el cuidado y la atención que nos debemos de manera instintiva unos a otros, del mismo modo que el progenitor se debe a su prole, el río a su mar y el comerciante a su clientela. La misma consideración y paciencia que debemos mostrar al vehículo que atranca nuestras calles recogiendo nuestra basura y, de paso, nuestras miserias; o al butanero, que también obstruye las mismas calles para proveernos y hacer nuestra vida un poco más cómoda; o a los repartidores de tantos productos, a veces inútiles, que nosotros mismos hemos solicitado.
En nuestro particular caso, asistimos con cierta frecuencia al hecho de recibir una reserva para comer o cenar en nuestro establecimiento y a la anulación de la misma como si de algo nimio se tratara, sin pensar por ello en lo relevante del acto, en la molestia causada y, más importante aún, en la poca consideración mostrada (excluyo, en consideración, a aquellos que lo hacen por fuerza mayor —que también los hay, solo faltaría—). Bien, suele pasar con todo tipo de clientes, de número de comensales por mesa, de reservas incluso efectuadas con tres, cuatro o cinco semanas de antelación y cancelándola unas horas antes de su llegada, dejando en evidencia algo tan molesto y desconsiderado como es cuantificar el tiempo y anticipación que hemos destinado a la reserva, y el poco —poquísimo— que se ha dedicado a la anulación.
Entiendo perfectamente y apoyo sin rodeos a aquellos colegas que, al efectuar una reserva en su establecimiento, piden el número de una tarjeta de crédito para cargar en ella una cantidad estipulada con anterioridad en el caso de no asistir a la mesa o anularla sin la antelación convenida; como entiendo el gesto contrariado o el ceño fruncido del cliente que no termina de entenderlo. Está claro, como en otro tipo de conductas, que somos presas de nuestros propios errores y condenados por nuestros desconsiderados comportamientos.
Les diré, no obstante, que no soy muy partidario de dar mi número de tarjeta de crédito a casi nadie sin antes efectuar la consumición del producto solicitado. He sido y sigo siendo más de dar mi palabra.

Dejar un comentario

Para poder enviar este comentario debes demostrar que eres humano, completa la suma * Time limit is exhausted. Please reload CAPTCHA.

"EDICIÓN IMPRESA">EDICION IMPRESA

 

 

PRÓXIMA

 

EDICIÓN IMPRESA

 

30 de ENERO

    Chollocolchon   Chollocolchon

 

A21 SIERRA OESTE

 

 

febrero 2026
L M X J V S D
 1
2345678
9101112131415
16171819202122
232425262728  
Verificado por MonsterInsights