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La mitad de la Cerca Histórica de Felipe II en El Escorial, está en ruinas

El muro que rodeaba las propiedades reales entra en la Lista Roja de Patrimonio.

La Cerca Histórica de El Escorial (Madrid) es una pared de piedra seca que marca los límites del Real Sitio de San Lorenzo de El Escorial. Su trazado tiene unos 51 kilómetros de longitud y abarca un área de unas 9.960 ha, comprendiendo los territorios de los municipios de El Escorial y San Lorenzo de El Escorial, así como parte de los de Santa María de la Alameda, Zarzalejo, Valdemorillo, Colmenarejo, Galapagar, Collado Villalba, Guadarrama y parte de la provincia de Ávila.
Según los últimos estudios realizados al respecto, el estado general de la Cerca Histórica es bastante lamentable. A pesar de que aún quedan partes en buen estado (en zonas de alta montaña y allí donde ha estado menos en contacto con la mano del hombre), en el 2007, aproximadamente, el 50% de su perímetro se encontraba mal conservado o había desaparecido parcial o totalmente.
Los autores Vicente Rosado y Gregorio Sánchez afirmaron entonces: “Con su altura media de 250 centímetros y anchura de 50, la pared de piedra de la cerca, en estado de buena conservación, suponía un volumen de piedra de 62.500 metros cúbicos. Ahora podríamos calcularlo en unos 40.000”. Esta afirmación coincidía con los resultados del informe que los Agentes Forestales elaboraron entre 2007 y 2008 sobre el estado de conservación de otros elementos patrimoniales que forman parte de la propia Cerca: pasos de agua, saltaderos para caza mayor, puentes históricos, puertas, y pozos de nieve.
Desde entonces no se ha llevado a cabo ningún otro estudio, ni tampoco ninguna labor de conservación, además de las reconstrucciones puntuales de los propietarios de las fincas por las que discurre la pared, si es que las ha habido.
Por otra parte, desde 2021 se está recopilando información para documentar el estado de conservación de la Cerca y dar a conocer la situación en la que se encuentra para llamar la atención sobre la necesidad de preservarla.
Por estos motivos, varios tramos de la Cerca Histórica de Felipe II acaban de incorporarse a la Lista Roja del Patrimonio que elabora la asociación Hispania Nostra (www.listarojapatrimonio.org) y que recoge más de mil monumentos españoles que se encuentran sometidos a riesgo de desaparición, destrucción o alteración esencial de sus valores.
En 1561, el rey Felipe II eligió El Escorial como emplazamiento del monasterio, mausoleo y palacio que deseaba construir en memoria de la victoria de San Quintín y dedicado a San Lorenzo. Con el propósito de dotarlo de un entorno natural que sirviera de prolongación natural de los jardines reales y monacales, así como muestra de su poder civil y religioso, el rey compró una serie de propiedades aledañas que más tarde conformarían el llamado Bosque Real. Estas propiedades fueron adquiridas en dos etapas diferenciadas: “La Herrería” y “La Fresneda” en 1563 y “El Campillo” y “Monesterio” en 1594. Junto a otras propiedades más pequeñas, conformaron un señorío de abadengo que realmente lo fue de realengo, ya que su ordenamiento espacial, jurídico y económico era privativo de la Corona.
Con el doble objetivo de delimitar el Bosque Real y evitar la salida de la caza mayor y la entrada de intrusos, Felipe II ordenó construir una pared de piedra seca que rodeara todo el conjunto. Las etapas de construcción fueron las siguientes: en “La Herrería”, entre 1569 y 1576; en “La Fresneda”, entre 1573-76 y 1585-88; en “El Campillo” y “Monesterio”, entre 1595 y 1597.
Los monarcas que sucedieron a Felipe II tuvieron actitudes diversas con respecto a la Cerca: o bien no sintieron interés alguno por ella, o bien se preocuparon de mantenerla y consolidarla. Las dos intervenciones más importantes fueron las de Felipe III y Carlos IV: el primero llevó a cabo una importante obra de reconstrucción y consolidación de la pared, elevando su altura y reformando sus puertas; y, el segundo, fue el que le dio a la Cerca Histórica el aspecto que tiene hoy en día. Entre 1788 y 1791 realizó una reforma integral, uniendo los tramos de las diferentes propiedades y unificando el aspecto general de la pared. Reformó las puertas existentes y abrió otras nuevas, y cerró el coto por su parte noroeste para evitar la salida de la caza. Finalmente, definió los Bosques Reales como un todo, a la Cerca como Pared Real, y a San Lorenzo de El Escorial como Real Sitio en 1793.
Con la llegada de Fernando VII, se produjeron transformaciones en la estructura de la propiedad. La Ley Anticongregacionista de 1837 provocó la expulsión de los monjes Jerónimos de El Escorial, quedando los Bosques Reales bajo control patrimonial de la Corona. El terreno se dividió en pequeñas parcelas administradas como explotaciones agrícolas y ganaderas en régimen de arrendamiento.
El último gobierno de Isabel II intentó recuperar la propiedad de los terrenos, pero tras la revolución de 1868 y la promulgación de la Ley de desvinculación de 1869, estos fueron vendidos y, finalmente, quedó un marco territorial dividido en unas ochenta propiedades.

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