Categoría | Fiestas

Siglos de historia se condensan en apenas unas horas al ritmo de los cencerros

  • La Fiesta de la Vaquilla es una de las mascaradas mejor conservadas de la península ibérica.

La Fiesta de la Vaquilla de Fresnedillas en 2026 quedará guardada en la memoria colectiva como una de esas jornadas capaces de condensar, en apenas unas horas, siglos de historia, identidad, celebración compartida y orgullo de pueblo. El 20 de enero amaneció con un sol excepcionalmente radiante, impropio de este lluvioso invierno. Hacía muchos años que la Fiesta de los Cencerros no se celebraba bajo un clima meteorológico tan benigno, aunque siempre haya contado con un inmejorable clima social. Desde primera hora, el intenso azul del cielo acompañó a vecinos y mozos en los preparativos, y atrajo a numerosos visitantes que acudieron con curiosidad y respeto para presenciar una de las mascaradas mejor conservadas de la península ibérica.
El sonido de los cencerros comenzó pronto a adueñarse de las calles. Cerca de cuarenta mozos, portándolos con orgullo y fuerza, marcaban el ritmo de la jornada con cada paso. El estruendo metálico, grave y constante, no era solo un elemento sonoro: era el latido mismo de la fiesta, un eco que enlazaba el presente con un pasado ritual cargado de significado. Entre todos ellos, destacaba la figura de la Vaquilla, personaje central de la mascarada, cuya presencia imponía respeto y guiaba las carreras, exigiendo una atención permanente por parte del público y del resto de los personajes de la Fiesta.

Todo está listo por la mañana. FOTOS: Antonio Botella.

La plaza del pueblo se encontraba abarrotada de vecinos y visitantes. Fresnedillas de la Oliva mostraba ese día su mejor rostro: hospitalario, orgulloso y plenamente consciente del valor de su tradición. Familias enteras, personas mayores que han visto pasar la fiesta durante décadas y jóvenes que la viven con entusiasmo compartían espacio, emociones y complicidad. El Escribano, con su carácter observador y vigilante, aportaba el componente satírico de la celebración. Su papel, como comisario de la fiesta, es velar por el cumplimiento estricto de las tradiciones.
Junto a él aparecía la Hilandera, figura en apariencia más tranquila y caricaturesca, pero cargada de simbolismo, ya que garantiza la continuidad de la fiesta a través de la recaudación de aportes populares. Muchos visitantes primerizos se sorprenden al descubrir la profundidad simbólica de estos personajes, que convierten la celebración en algo mucho más complejo que un simple espectáculo.
El Alcalde, por su parte, encarna la autoridad dentro del ritual, aunque siempre sometida al juego y al desorden propios de la mascarada. Su papel, a medio camino entre lo serio y lo caricaturesco, resultaba fundamental para el desarrollo de las escenas, mostrando cómo, durante la fiesta, las jerarquías se invierten y se ponen en cuestión, aunque solo sea por unas horas. Esta tensión constante entre orden y caos es uno de los rasgos que hacen de la Vaquilla de Fresnedillas una celebración tan rica y atractiva.

Los participantes de la Fiesta de la Vaquilla posan tras la celebración.

El día excepcionalmente soleado permitió que la gente permaneciera durante horas en la calle, disfrutando sin prisas de cada detalle. Los trajes, los gestos exagerados y el incesante rugido de los cencerros brillaban aún más bajo la luz del sol. Pocas veces, y en muy pocos lugares de España, se puede presenciar una mascarada tan auténtica, tan viva y tan profundamente integrada en la vida cotidiana del pueblo.
Celebrada cada 20 de enero en honor a San Sebastián, la Vaquilla volvió a demostrar en 2026 por qué está considerada un auténtico tesoro del patrimonio cultural inmaterial. No se trata de una recreación pensada para el turismo, sino de una tradición viva, protagonizada por los propios vecinos y transmitida de generación en generación. Ese año, el elevado número de mozos y la implicación de todo el pueblo reforzaron la sensación de estar ante una edición especialmente intensa y emotiva.
Al caer la tarde, cuando el sol comenzaba a descender y el frío regresaba poco a poco, la plaza seguía llena. El eco de los cencerros aún flotaba en el aire, mezclado con el cansancio feliz de una jornada compartida. La Vaquilla de Fresnedillas de 2026 no fue solo una fiesta más, sino una celebración luminosa de la tradición, de los personajes que la encarnan y de la fuerza de una comunidad decidida a mantener viva esta ancestral mascarada.

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