Archive | agosto 11th, 2026

“Los vecinos respondieron con valentía y consiguieron que no se quemara ni una sola rama del Castañar”

  • El alcalde de El Tiemblo analiza la devastación del incendio y la respuesta de los cuerpos de emergencia.

Arturo Varas es el alcalde de El Tiemblo (Ávila), una de las localidades que más ha sufrido la devastación del fuego en nuestra comarca. A21 le ha pedido que nos informe de cómo están las cosas tras el incendio.
¿En qué medida se ha visto afectado su pueblo por el fuego?
El Tiemblo ha quedado calcinado en un porcentaje altísimo. Ha sido un fuego muy violento que ha llegado a cruzar el pueblo diametralmente.

¿Cree que son suficientes los medios con los que cuenta el Gobierno regional para la lucha contra el fuego?
Nadie está preparado para un fuego de estas características, ni el Gobierno regional, que ha tenido que pedir colaboración al Gobierno central, quien a su vez trajo efectivos de varios países.
Llama la atención que teniendo medios aéreos rusos muy efectivos en incendios, no podamos utilizarlos por temas, entiendo, políticos europeos. En Portugal, en cambio, sí se utilizan, hay cosas que realmente no entiendo ni sé qué pasa.

Arturo Varas, de espaldas, durante el incendio en Las Cruceras.

¿Cómo valora el trabajo realizado por la UME y el resto de cuerpos que han participado en este incendio?
En un incendio de esta magnitud, cada cuerpo tiene encomendada una función. Si antes la UME apagaba incendios y hoy por hoy tiene encomendada la misión de salvar vidas humanas: pues me falta un medio ahí en ese espacio que haga el trabajo que antes hacían ellos. Son pasos de lógica. Antes teníamos cuerpos de bomberos profesionales apoyados por bomberos y personal voluntario. Se solicitaba a la UME y cuando llegaba sofocaba los incendios, apoyando, cómo no, a los que ya estaban trabajando en la extinción. En cambio, ahora la UME tiene la importante —que no digo que no— misión de proteger las vidas humanas, pues evidentemente se requiere en estos casos un cuerpo especial que supla los trabajos de extinción que antes hacía la UME. Pienso que hay que darle una vuelta a esta reflexión.

Hay gente que critica su gestión en este desastre. ¿Qué tiene que decir a sus paisanos?
La gestión del incendio es responsabilidad del mando único. En este caso está ubicado en Navaluenga. Yo sí he echado en falta una mesa de control en nuestro pueblo, porque mientras el fuego estaba en un nivel 2 creo que había poca información y poca coordinación. Ya en nivel 3 el control pasó al Gobierno central y lo retoma la UME. Aquí nosotros teníamos menos información todavía y es cuando los vecinos empezaron a aportar lo mejor que tenían y superaron con ilusión, con trabajo, con ganas y con mucho riesgo, focos del fuego que se daban totalmente por perdidos.

¿Por qué se ha salvado el Castañar?
El Castañar es una pieza fundamental de la naturaleza tembleña y un atractivo turístico de reconocimiento nacional. Los vecinos tembleños no podían dejarlo de lado y respondieron de una forma valiente y digna de mención en el mundo entero. El Castañar fue rodeado por este fuego tan intenso y por el trabajo de todas las brigadas de bomberos de toda España: había gallegos, andaluces, castellanos, leoneses, castellanos, manchegos, extremeños y sobre todo, tengo que puntualizar, de los vecinos tembleños, consiguieron que no se quemara ni una sola rama de nuestro castañar.

Arturo Varas.

¿Sería mejor una repoblación con especies distintas al pino?
Evidentemente es necesaria una repoblación, lógicamente será una repoblación diferente, una repoblación de mosaico, donde valoraremos junto a los técnicos y atendiendo también a asociaciones tembleñas y a agentes medioambientales, las variedades de frondosas que mejor se adapten a nuestro monte. Aunque antes de llegar a este punto hay un importante camino por recorrer y con el que hay que ponerse a trabajar a la mayor brevedad posible y en ello estamos. Es verdad que tenemos que atender a los primeros días de lluvia y creo que estamos en un punto para prepararse ante la adversidad que nos va a llegar con el agua.

¿Qué ayudas espera ahora de las administraciones?
Las administraciones son imprescindibles para afrontar las consecuencias de un fuego de esta magnitud. Insisto, son imprescindibles. Estamos en contacto con las distintas administraciones, con, ahora sí, constantes reuniones con el CECOPI, con las distintas consejerías, aunque nos queda una muy importante que tendremos que próximamente atender. Y confiamos en que respondan, como no puede ser de otra manera, a las necesidades de reconstruir lo que consideramos, y seguramente lo es, el pulmón natural de Castilla y León. Espero que entre todos consigamos dar la vuelta a esta situación precaria que tenemos, pero que seguramente, con el esfuerzo, la ilusión y el trabajo de todos, conseguiremos volver a tener un monte digno de toda España, digno de visita de todo el mundo.

 

J.J. Huertas.

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“Cuando pasen los años, recordaremos que sacamos algo bonito de todo esto”

  • Literatura para sanar el impacto emocional de un incendio devastador.

A veces, de los peores momentos surgen las historias más bonitas. Aunque sean cosas muy pequeñitas, a veces llaman mucho la atención y llegan a mucha gente. Este es el caso de los erizos con los que Carolina Hernández Peralta, vecina de Pelayos de la Presa, ha intentado contarles a todos los niños y todas las niñas de la Sierra Oeste de Madrid y de los valles del Tiétar y del Alberche lo que ha pasado durante los terribles acontecimientos que acabamos de sufrir. La pequeña familia de los erizos y el Monte Valiente es el cuento que ha querido regalar a todo el mundo y que se ha convertido en un pequeño recuerdo luminoso dentro de todo este desastre.

Cuéntanos de dónde sale esta idea de La pequeña familia de los erizos.
Realmente surge de un cuento íntimo que escribí a raíz de que mi hija, que tiene cuatro años y se llama Martina, no podía dormir durante estas noches. Se despertaba gritando, decía que tenía mucho miedo y que soñaba cosas feas. Yo también lo estaba pasando muy mal porque pensaba: “¿Cómo la calmo?”. No te preparan como padre o como madre para esto. Muchas veces me invento cuentos para ella. Nos gusta jugar a inventar historias. Aquella noche no podía dormir y pensé que me inventaría un cuento para explicarle un poco todo, porque no paraba de preguntar: “¿Por qué se está quemando? ¿Por qué los animales se están quemando?”.
Estaba muy preocupada por los animales. A raíz de eso pensé que podía escribir una pequeña historia. Empecé a desarrollarla, me pareció bonito lo que iba saliendo y decidí ponerle dibujos, para que pudiera proyectar en imágenes lo que estaba viviendo. Utilicé inteligencia artificial. No soy ilustradora y, poco a poco, fue saliendo el cuento y la historia. Cuando se despertó, yo seguía despierta, y le dije: “Voy a leerte el cuento que he escrito”. Cuando se lo leí, me emocionó mucho porque dijo unas palabras que me dejaron muy sorprendida. Se puso a llorar y me dijo: “Mamá, lloro de amor. Estoy más tranquila”. Solo con eso, para mí, fue como decir: “Lo he conseguido”. Había podido calmarla en aquel momento, aunque solo fuera durante un rato.
Hablando con ella, pensamos en mandárselo a sus amigos del colegio y a los amiguitos con los que jugamos por las tardes. Era un PDF y lo fuimos pasando por WhatsApp. Todo fue de forma espontánea, ha sido como un pájaro que ha volado y ha ido llegando a todos los rincones. Ha sido una sorpresa. Yo no sabía que esto iba a pasar, ni me lo imaginaba. No era la idea, ni mucho menos. Pero me alegra que, si ha ayudado a mi familia, pueda ayudar a otras. Yo estoy feliz y con el corazón lleno.

El incendio nos deja incluso a los adultos sin palabras. Me imagino que los niños lo están pasando mucho peor.
Sí. Ahí pueden proyectar sus miedos y sus preocupaciones, y tener una historia hilada que tiene un final en el que, al menos para mí, hay esperanza y puede haber reparación. Por supuesto que hay tragedias. Tampoco podemos engañarlos. Lo van a ver. Yo pensaba en el momento de volver con mi niña. Los colores de su entorno ya no van a ser los mismos de todos los días. El ambiente no va a ser el mismo. También quería que ella tuviera un poco de información previa para prepararla para lo que se va a encontrar.

¿Te dedicas a algo relacionado con la psicología o el cuento ha surgido de manera espontánea?
Estoy formada en terapia. Durante muchos años, mientras vivía en Madrid, trabajé como terapeuta, sobre todo con adultos. Hace unos años me especialicé en terapia infantil. Finalmente, por circunstancias de la vida, no he podido desarrollarlo tanto como me habría gustado, pero lo hago con mi hija. Hago lo que puedo. También supongo que el cuento surge de ahí.
Realmente, creo que el cuento ha salido de una forma espontánea. Mi idea inicial no era ayudar a todos los niños. Ni me lo imaginaba. Mi intención era ayudar a mi hija. Y luego ha ocurrido todo esto. Es la magia que tiene a veces la literatura, que nos une a todos.

Hay algo interesante también en este asunto. El texto es tuyo, pero estaban la urgencia y la velocidad. Había que hacerlo en aquel momento. Hemos descubierto una utilidad de la inteligencia artificial generativa: la posibilidad de sacar algo adelante muy rápidamente.
Eso es. ¿Sabes qué pasa? Antes de toda la formación en terapia, yo venía del mundo del arte. Tengo dos carreras de Arte Dramático. Valoro mucho el trabajo creativo de las personas y me parece esencial para sobrevivir en este mundo tan cruel. Pero es cierto que esto era para mi niña. No era una cosa de decir: “Voy a crear algo”.
Tengo una prima que vive en Francia y que es una ilustradora extraordinaria. Si hubiera sabido que iba a suceder todo esto, quizá, con tiempo, paciencia y cariño, lo habría hecho en colaboración con ella. Pero el cuento era para mi hija. No se está comercializando ni se va a hacer nada con él. La idea es que sea gratuito para todo el que lo necesite. En este momento, la inteligencia artificial ha sido de gran utilidad.

Más allá de toda la repercusión que está teniendo el cuento y la acción en sí, ¿qué mensajes te están llegando de los niños, de las niñas y de las familias?
Sobre todo me están escribiendo madres a través de las redes. Por ejemplo, me escribió una madre que tiene cinco niños y cuya casa, en San Ramón, había quedado calcinada. Me quedé muy impactada. Lo único que hacía era darme las gracias por el cuento. También me llamó una chica, Almudena, de la planta infantil del Hospital de Ávila. Lo habían impreso y lo estaban leyendo a los niños. Me dijo que les había servido mucho.
Otra persona me contó que había llegado a Castellón, donde también hay incendios importantes. Un chico de México también me dijo que tenían el cuento allí. No sé ni cómo ha llegado. Sobre todo me escriben madres para darme las gracias. Me dicen: “El niño me lo pide todas las noches. Nos está ayudando muchísimo a poder explicar lo que ha pasado. Se sienten reflejados”.
Solo con eso ya me parece muy bonito. Cuando pasen los años, por lo menos mi niña y mi familia podrán recordar que sacamos algo bonito de todo esto.

Imaginemos que alguien nos está leyendo y tiene niños pequeños en casa. ¿Qué les decimos antes de volver a casa?
Mi consejo es la anticipación. Hay niños que necesitan más anticipación. Otros se regulan mejor y lo gestionan de otra manera.
Pero, sobre todo, los más pequeños, los que están en la etapa de Educación Infantil, se enfrentan a cosas que no terminan de entender. No entienden ni el porqué ni el cómo. El cuento está pensado, en parte, para ese tipo de edad.
No creo que deban ver las imágenes que salen continuamente en la televisión. No lo aconsejo en absoluto. Que niños tan pequeños estén viendo esas imágenes de forma continuada puede retraumatizarlos, y no creo que sea bueno. Sin embargo, en una ilustración que esté a medio camino entre la realidad y la ficción, pueden ver árboles que no tienen hojas y colores grises y oscuros.
Eso les va calando. Tú se lo vas leyendo y yo confío en que, poco a poco, van integrando el trauma y atravesándolo.

¿Vas a seguir escribiendo literatura infantil? Yo creo que tendrás que hacerlo, ¿no?
En casa siempre me lo dicen. Desde que soy madre, me he metido un poco más en ese mundo. Me encanta leer y soy muy aficionada a la escritura y a la lectura. No lo hago más porque estoy metida en la rutina de ser madre. También estamos montando un negocio en San Martín que está dirigido a los niños y todo eso nos lleva mucho tiempo y mucho trabajo. Pero realmente he disfrutado mucho haciendo esto y viendo cómo puede aportar algo. No descarto repetir en algún momento y ver qué sucede. Más allá del resultado, también por el placer de hacerlo, porque lo he disfrutado. Tenía un propósito y ha sido muy agradable y gratificante.

Supongo que crear esta historia también te habrá ayudado a ti misma.
Totalmente. Yo estaba empezando a venirme abajo. Recibir mensajes de agradecimiento y empezar a ver pequeños brillos de luz en muchas familias me ha animado. El beneficio ha ido en las dos direcciones. También me ha ayudado un poco a calmar el corazón.

Javier Fernández Jiménez.

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Cuando los pueblos salvan al pueblo

Se ha extendido la frase “solo el pueblo salva al pueblo” y, siendo una frase muy evocadora y muy emotiva, creo que también es una frase un tanto equívoca. Sí, hay muchas personas voluntarias que ponen todo su esfuerzo y todo lo que tienen para ayudar a los demás en los peores momentos posibles; pero su esfuerzo difícilmente habría alcanzado la misma eficacia sin las infraestructuras, los servicios públicos y la organización con los que contamos en la actualidad.
Durante los incendios que seguimos intentando superar hemos vuelto a leerla y a escucharla. Y sin embargo, han sido los municipios los que han puesto todo lo que tenían para ayudar a los vecinos de los pueblos más o menos cercanos. Por supuesto, ha habido miles de personas colaborando, muchas de manera desinteresada, para que todo se desarrollara de la mejor de las maneras posibles, pero sin las instalaciones y organizaciones municipales, todo habría sido mucho más complicado.
Hay que poner en valor y gritar todo lo posible que la generosidad de muchas personas ha sido el apoyo que muchos miles de vecinos y vecinas de la Sierra Oeste de Madrid y Valles del Tiétar y del Alberche han sentido en carne propia. Eso no se podrá negar jamás y, además, puede que haya sido uno de los pocos valores positivos que podamos extraer de toda esta tragedia. Pero es necesario recordar que, gracias a las infraestructuras materiales y a las agrupaciones de Protección Civil, así como la voluntad de gobernantes y opositores, se ha podido ayudar a todas las personas que lo necesitaron en el momento de mayor necesidad.

Visita del rey Felipe al polideportivo de Villamanta el 26 de julio. FOTO: Casa Real.

Más de 30.000 personas fueron evacuadas en la Sierra Oeste madrileña y, si sumamos los desalojos y confinamientos de Madrid, Ávila y Toledo, la emergencia llegó a afectar a cerca de 100.000 personas. Que no se produjeran heridos de gravedad entre la población civil puede parecer un milagro, pero fue, sobre todo, el resultado de la rapidez de los servicios de emergencia, de la organización municipal y del comportamiento responsable de la ciudadanía. Hemos tenido algunos días de incomodidades y problemas, especialmente quienes han estado alojados durante una semana entera en polideportivos, como los vecinos de El Encinar del Alberche, de Villa del Prado; pero nadie ha resultado herido de gravedad. Y eso es gracias al civismo y a la labor de los profesionales, así como al trabajo continuado de muchísimas personas de manera altruista, pero bien organizada. Las distintas agrupaciones de Protección Civil de nuestro entorno, cuyos integrantes se forman y se preparan para afrontar situaciones como esta, han demostrado una vez más su enorme valor. También han puesto de manifiesto la necesidad de que existan en todas las localidades —o en agrupaciones de municipios— y de que dispongan de los mejores medios posibles. Parece que nunca ocurre nada, hasta que ocurre. Y entonces siempre están ahí.

Los polideportivos, centros de refugio
Puede que los polideportivos municipales se hayan convertido en un nuevo símbolo de la solidaridad intermunicipal. Durante los primeros momentos del incendio se habilitaron los de cada localidad para alojar a sus propios vecinos y visitantes (como ocurrió en San Martín de Valdeiglesias, Villa del Prado o Pelayos de la Presa). Pero, a medida que el incendio crecía, esta red de acogida fue extendiéndose hacia localidades cada vez más alejadas.
Miles de vecinos tuvieron que salir precipitadamente, en muchos casos con apenas la documentación, la medicación y algunas pertenencias imprescindibles. En Navas del Rey se empezó a acoger a personas de Pelayos de la Presa, aunque la localidad también se vio obligada a desalojar y muchos de estos vecinos acabaron, primero en Chapinería y después en localidades como Leganés o Villaviciosa de Odón.
La mayoría encontró refugio en casas de familiares, amigos o mediante otras soluciones particulares. Por su parte, cerca de 3.000 personas fueron atendidas en 24 puntos de acogida habilitados en 21 municipios madrileños. Polideportivos y centros municipales de Móstoles, Las Rozas, Villaviciosa de Odón, Alcalá de Henares, Leganés, Alcobendas, Villanueva de la Cañada y otras muchas localidades se transformaron en hogares improvisados, con camas, manutención, asistencia sanitaria y psicológica, actividades infantiles y atención para los animales de compañía. La respuesta fue posible gracias al trabajo de los ayuntamientos, los servicios de emergencia, Cruz Roja, asociaciones, empresas, vecinos y los 3.500 voluntarios de Protección Civil movilizados en toda la región.

Villamanta, una vez más, ejemplo de superación
Uno de los ejemplos más significativos fue el de Villamanta, que acogió en el polideportivo La Chopera a unos 220 vecinos, principalmente procedentes de Aldea del Fresno. La localidad volvió a demostrar una enorme capacidad de organización y solidaridad, alimentada también por la dolorosa experiencia de la DANA de septiembre de 2023, que había golpeado con enorme dureza parte de su término municipal. Quienes entonces necesitaron ayuda supieron ahora cómo ofrecerla: Villamanta convirtió su experiencia, su memoria y sus propias heridas en un modelo de acogida y en un refugio seguro para quienes esta vez huían del fuego.
Quizá, después de todo, no se trate de negar que el pueblo salva al pueblo, sino de entender de qué manera consigue hacerlo. Lo hace cuando los vecinos se ayudan, pero también cuando los ayuntamientos abren sus puertas, cuando existen instalaciones levantadas y mantenidas entre todos, cuando Protección Civil está preparada y cuando profesionales, voluntarios, gobernantes y oposición trabajan en la misma dirección. El pueblo no salva al pueblo únicamente mediante la improvisación o la heroicidad individual: lo salva cuando se organiza, se prepara y se cuida. Y durante estos días terribles que hemos sufrido, mientras ardían nuestros montes, los pueblos demostraron que sabían salvar al pueblo.

Javier Fernández Jiménez.

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Los incendios en Madrid y Ávila evidencian un modelo territorial fallido

Los incendios que han arrasado el suroeste de Madrid y la zona de Burgohondo (Ávila) han calcinado más de 50.000 hectáreas, dejando un impacto ambiental sin precedentes en la comarca. Según un informe publicado por la Plataforma Ecologista Madrileña, esta tragedia no es fruto de la fatalidad, sino de una combinación de negligencia administrativa, desconocimiento social e impunidad ante las causas reales del fuego.
La Plataforma recuerda que los grandes incendios registrados este verano en distintos puntos del país han destruido 89.597 hectáreas de la Red Natura 2000, una superficie equivalente a varios municipios del norte de Madrid juntos. Solo en Madrid y Ávila se han perdido 52.405 hectáreas protegidas, afectando a enclaves de altísimo valor ecológico como Cuencas y Encinares de los ríos Alberche y Cofio, Pinares del bajo Alberche, Valle de Iruelas y Valle del Tiétar.
Estos espacios, subraya la Plataforma, albergaban especies en peligro como el buitre negro o la cigüeña negra, cuya supervivencia queda ahora aún más comprometida.
El informe es tajante: ninguno de los grandes incendios de este verano habría ocurrido sin acción humana. La Plataforma enumera ejemplos recientes: soldadura ilegal en Almorox–Villa del Prado; maquinaria agrícola en Burgohondo y La Mierla; una barbacoa en Fermoselle; una empacadora en Luesia; un “mecherazo” en La Vall d’Uixó y un cable eléctrico en Los Gallardos.
Basándose en datos del MITERD (2005–2016), la Plataforma recuerda que el 53 % de los incendios son intencionados y el 28 % negligencias, lo que suma un 81 % de causas evitables. Sin embargo, denuncia que la prevención basada en investigar la causalidad —obligatoria por la Ley 43/2003 de Montes— queda relegada frente al debate simplista sobre la “limpieza de montes”.
La impunidad es, según los colectivos ecologistas, un factor clave: en 2024 solo 306 personas fueron detenidas o investigadas de 1.733 incendios, un 18 %, y se desconoce cuántas terminaron en condena.

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