Categoría | Salud

Vacaciones, miedo y recuerdos

Este mes ha sido una mezcla de ansiedad, recuerdos y miedos (antiguos y renovados) en temas de salud. Por un lado, el brote de hantavirus (un virus desconocido para la mayoría de la población) en un crucero de vacaciones de esos con los que muchos hemos soñado alguna vez para cuando la ansiada jubilación llegue.
Un virus que dejaba varios muertos en el crucero y varios contagiados más, de futuro incierto en un principio, y el recelo ante la posibilidad de que el buque atracase en los puertos de diferentes países, que lo fueron rechazando paulatinamente hasta llegar al nuestro.
Ante el desconocimiento general y el alarmismo informativo alimentados de forma interesada para sacar rédito político, los recuerdos de una pandemia terrible que nos marcó hace seis años volvieron, y corrían como la pólvora las desinformaciones que tan rápidamente se viralizan sin control hoy en día.
De nuevo, los profesionales tenían que salir a hablar de forma inesperada en las redes y los medios para aclarar que no era lo mismo, que la transmisión no era la misma, que la posibilidad de contagio no era tan sencilla como lo fue con el coronavirus, que esto no iba a ser una situación similar si hacíamos las cosas bien, si habíamos aprendido algo… era la hora de demostrarlo (como así se ha hecho, por cierto, con el protocolo aplicado).

Manifestacion 25 Mayo 2025 Foto de Fernando Sánchez; Europa Press.

Era inevitable hacer la comparación, claro… pero a mí me ha llevado a reflexionar, una vez calmada la situación, sobre qué hemos aprendido como ciudadanos de lo que nos pasó en 2020. Sobre si los servicios sanitarios estarían hoy preparados para volver a asumir una pandemia de ese calibre… ahora que los profesionales llevamos varios años alertando del deterioro de las condiciones de un sistema sanitario ahogado premeditadamente por unos gestores difíciles de calificar (sin ser maleducada). Recordemos que antes del covid solo los profesionales éramos conscientes de las roturas del sistema.
¿Qué pasaría hoy con unas urgencias extrahospitalarias prácticamente sin equipos completos la mayoría de los días del año, por decisión de unos políticos gestores cortos de miras? Que las urgencias hospitalarias ya están colapsadas en las contingencias habituales de las épocas de cambios estacionales. Que la mayor parte de las UVIs salen sin médico. Que las ambulancias están bajo mínimos por unos conciertos económicos rácanos… etc.
En la pandemia del covid, los profesionales aún no habíamos dado la voz de alarma y la población aún no había sido consciente de la situación, pero hoy no es así. La población ha despertado (y el que no lo ha hecho es porque no quiere, claramente). Se prepara una nueva manifestación para el día 31 de mayo en Madrid en defensa de la sanidad pública, a la que estamos llamadas todas las personas con consciencia de que estamos dejando morir el bien más preciado de nuestra sociedad, la envidia del mundo, la que ha hecho posible el desarrollo de una sociedad moderna junto con la educación pública para todos, en equidad… sea cual sea nuestro origen social o económico.
Hoy, con los médicos en huelga una semana cada mes desde hace ya varios meses, reclamando unas condiciones laborales dignas que frenen la sangría de estos profesionales a otros países e incluso el abandono de la profesión.

Crucero MV Hondius. FOTO: Europa Press.

La pandemia del covid de 2020 nos ha hecho ver que ya no podemos seguir sosteniendo el sistema solo sobre las espaldas de los profesionales sanitarios, de esas enfermeras extenuadas en turnos interminables, con ratios de pacientes muy por encima de los que serían recomendables atender en un sistema bien dotado de profesionales.
Que ya no se puede sostener el sistema solo en la vocación y la explotación de esta por parte de los gestores políticos y económicos. Que hace falta inversión económica, transparencia en el gasto, dejar de usar fórmulas de gestión “imaginativas”, abusando de los contratos menores no fiscalizables para desviar los fondos públicos hacia empresas privadas.
Da mucha pena comprobar cómo parte de la población se niega a ver que el enemigo no es el otro paciente, ese que ocupa un hueco que nosotros necesitamos, sino ese gestor que deriva el dinero público hacia los bolsillos de sus amiguetes de la empresa privada sanitaria.
En cada oportunidad de ejercer el derecho al voto, recompensan a esos dirigentes que, en sus políticas, demuestran de qué están hechas sus prioridades, hacia dónde se dirigen sus intereses y el dinero de los impuestos de todos nosotros… y les dan cada vez más poder. Les han comprado sus mentiras repetidas hasta la saciedad, manipulando la información en los medios y en las redes, enfrentando a unos contra otros para desviar el foco de atención y seguir haciendo de las suyas.
Durante la crisis del hantavirus había mucho miedo a que las vacaciones programadas no pudieran ser disfrutadas (somos así de cortos de miras), a que el barco anclase en nuestro país y nos trajese otra pandemia, a que la generosidad de nuestro país nos llevase a una especie de suicidio colectivo (entiéndase la exageración), pero no escuché a nadie ponerse en la piel de los servicios sanitarios ante una posible nueva pandemia, que tendríamos que haber atendido extenuados y agonizantes como estamos.
A los profesionales se nos presupone una capacidad infinita de sufrimiento y sacrificio, como si obtener una titulación y tener una vocación te dotase de unos superpoderes sobrehumanos, que por otro lado nadie está dispuesto a reconocer ni pagar.
Y mientras tanto, además de atender, cuidar y seguirnos formando, tenemos que luchar por desmentir, paciente a paciente, los bulos y mentiras esparcidos sobre las diversas enfermedades y situaciones… y dar explicaciones sobre las reclamaciones que legítimamente presentamos ante quienes debemos presentarlas. Pagando además el precio del insulto gratuito, del menosprecio, del juicio desinformado de individuos anónimos, parapetados tras el teclado de un dispositivo, que vuelcan su frustración vital y, lo que es peor, su escasez intelectual en las redes.
Todo esto me ha hecho pensar seriamente en qué país se nos está quedando para nuestros hijos y nietos… y para nuestra vejez, en el tema sanitario.
Mientras tanto, me gustaría seguir confiando en la fuerza de los luchadores incansables que aún quedan a mi alrededor: vecinos, compañeros, políticos honrados, jóvenes con capacidad de no dejarse arrastrar por bulos malintencionados y de ser críticos con cada mensaje que se les intenta colar en cualquier sentido sin base alguna de verdad.
En ellos, confío nuestro futuro. GRACIAS POR SEGUIR AHÍ CADA DÍA.

María Isabel de Barrio Tejada, médico de Urgencias extrahospitalarias de la C. de Madrid.

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