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Homenaje a Concha Velasco

  • En el número de octubre A21 dedicó un pequeño espacio a la activista y defensora de la naturaleza de la Sierra Oeste, Concha Velasco, a los pocos días de su fallecimiento; en esta edición invitamos a varios de sus compañeros a brindarle un homenaje de despedida.

El pasado 8 de octubre, los compañeros de Concha Velasco, de la asociación Sierra Oeste desarrollo S.O.S. tenible, organizaron un acto en su memoria.
Muy en consonancia con el espíritu de nuestra querida amiga, plantaron una encina y colocaron una placa en esta zona por la que tanto luchó.
Fue impresionante la cantidad de gente que acudió al mismo de todos ámbitos: familia, vecinos, amigos, representantes de asociaciones ecologistas, culturales, etc,,
Llegados al lugar donde se iba a proceder a realizar el acto y tras plantar la encina, cada persona que quiso, dijo unas palabras de despedida o recuerdo.
Algunos leyeron un poema, otros compartieron anécdotas, vivencias, fue espontáneo, intenso y aunque se trató de vivir de la manera que a Concha le hubiera gustado, sin duelos, fue inevitable romperse.
Hubo un común denominador en cada una de las intervenciones: admiración y agradecimiento.
Posteriormente, se pudo escribir unas palabras en un libro que sus compañeros habían preparado y que entregaron a su hija al finalizar.
Siempre es difícil despedir a quien nos deja pero en este caso, no solo se perdía a la madre, la hermana, la amiga, la compañera, la activista, se perdía uno de los mayores valores humanos dentro y fuera de la comarca porque con su ausencia también pierden nuestros compañeros animales y nuestra madre tierra, que siendo los más vulnerables, encontraron en Concha esa voz de la que carecen para preservar y proteger su supervivencia ante la ambición y el desprecio.

Armando Fernández Steinko, Isabel Molina Martos y Julio Fernández Molina.
En medio de la cultura del dinero fácil que trajo a la comarca el urbanismo cutre, del no querer ver las cosas como son, del hablar sin hacer, del quejarse quedándote en casa, de la cultura de la destrucción de lo bello y lo valioso que tantos aquí han heredado del franquismo, comarca de ensañamientos contra los que defendieron la legalidad republicana; en medio de todo esto, Concha Velasco era para nosotros un árbol de esperanza no solo por lo que decía sino por lo que movía, hacía, impugnaba, mejoraba por su insobornable compromiso con una forma luminosa de relacionarse con el paisaje, la naturaleza, la cultura, la gente de bien con el sentido común.
Siempre pensamos: “si hubiera cinco Conchas esto sería el mejor lugar del mundo”.
No te olvidaremos Concha.
Julio, Isabel y yo te llevamos en el corazón.

Víctor Martín.
Describir a Concha es difícil para los que la conocíamos.
Siempre nos gustó su sonrisa, esa sonrisa con la que era capaz de sacar de quicio a esos “malos” que le tenían tanta manía, esa sonrisa con la que contestaba cualquier voz alta, cualquier mal gesto, cualquier insulto.
Esa sonrisa que nos hacía sentir bien, seguros con ella, seguros de lo que hacíamos y de porqué lo hacíamos.
Me dijeron que te habías ido para siempre mientras estabas, como tantas veces en la montaña, esa que sin decir nada nos pone a cada uno, mejor que nadie, en nuestro sitio. Por eso los “malos” no van a la montaña; ni miran a los pájaros, los árboles los que nos hacen tener esperanzas, porque nos enseñan a sonreír. Tu también lo hacías, Concha, tú también lo haces.

Cristina Lombana.
Solo puedo decir que te he conocido, que te he sentido, y eres una de las pocas personas especiales, realmente grandes, que han pasado por mi vida.
No te puedo echar de menos porque estás en todo, en donde te gusta vivir, y eso abarca el mundo.
Qué pequeño es todo en comparación con tu capacidad de abrir los ojos, sonreír, y acogernos a todos.
Quizás soy una egoísta, pero no voy a permitirme más el dolor de no verte, porque por lo demás, has hecho tanto, significas tanto, que tú estarás siempre conmigo.
Hasta luego Concha.

Mario Cuéllar
Hay muchas palabras que podemos usar para honrar la memoria de Concha Velasco Muñoz-Cuéllar. Yo me quedo con que era generosa, luchadora, valiente y honrada. He hablado tanto con ella y aprendido tanto a su lado, que espero que de alguna manera me haya impregnado de sus valores.
Personalmente, he crecido como persona con ella y le estaré eternamente agradecido de que depositara su confianza en mí en momentos difíciles. Siempre amó y quiso cuidar esta comarca y desde su independencia, criticaba a unos y otros, sin importar el color político cuando algo no le parecía bien.
El mejor homenaje que podemos hacerle es recordarla y continuar con su labor. Su generosidad hará que aún cuando no esté ya con nosotros, los municipios de la zona se enriquezcan. La comarca y yo también vamos a echarla mucho de menos.
Mar Martínez (o tu amiga Mar).
“Cambiar el mundo amigo Sancho, que no es locura ni utopía sino justicia”
Esta cita de El Quijote es para ti Concha, que en tu paso por aquí cambiaste el mundo, siempre luchando contra gigantes y siempre en pie, tu ejemplo y tu presencia nos ayudan siempre a no rendirnos. Gracias por todo y hasta pronto compañera, es un honor conocerte.

Ana Pasadas
Cuando Juanjo nos propuso escribir unas líneas en tu memoria, tuve muchas dudas sobre qué faceta tuya resaltar.
Está claro que lo más destacable de tu vida ha sido el compromiso y la lucha pero eso es evidente para quienes han compartido tiempo contigo.
A mí me gustaría centrar este recuerdo en tu lado más cotidiano y personal.
Además de una madre siempre pendiente de las necesidades de tu hija, coherente entre tus ideales y tu forma de vida, tenías un altísimo concepto de la lealtad en el campo de la amistad. Siempre dispuesta a escuchar, a no juzgar. Comprensiva con las debilidades humanas, y más cuando tras ellas había afán de superación, intransigente ante la injusticia, la inoperatividad y la pasividad. Pragmática por encima de todo, capaz de pedir perdón cuando desatabas tu genio ( y qué genio!!!) y luego reflexionabas sobre ello, férrea defensora de tu intimidad, buena cocinera, amante de la lectura,,,,,,, eras incombustible.
Todos éramos conscientes de tu generosidad y tu valor pero no estábamos preparados para la última lección que nos tenías reservada. Ni una palabra de que el final era inminente.
Te hemos despedido y cada persona vivimos el duelo con las herramientas que contamos pero han quedado demasiados “te quiero” que debemos buscar dónde ubicar y que a mí, personalmente, me habría gustado que llevaras en tu equipaje.
Conocerte ha sido una experiencia muy enriquecedora , Concha. Gracias por tanto y por todo.

Francisco Miguel Aguilar “Quillo”
Tiene gracia. Sí, primero te indignas, despotricas con esa sutileza y elegancia que te diferencia de los modales de nuestros enemigos, buscas cómo paliar esa embestida brutal contra lo que nosotros amamos, un árbol, un perro, el aire respirable, esa vaquilla que huye asustada entre gritos y golpes amparados por la inquisidora tradición, y con todo esto encima, te oigo reír y bromear para no dejar sin armas tu espíritu combativo.
“¿Pero Concha, tú sabes qué hora es? “
“Las 3 de la mañana” y a ti te da la risa.
Al día siguiente tu nombre y el mío en una pared, echándonos del mundo para que lo puedan maltratar sin oposición ninguna. Me llamas, nos vemos y bajas de tu almacén con ruedas (nunca supe por qué alguien que desea un mundo limpio y ordenado viajaba con esa escombrera en el maletero, motivo para que volvieran las carcajadas a nuestras irónicas conversaciones).
Tiene gracia lo de la pintada, sin quererlo, hacen un reconocimiento a tu tesón y a mí por defenderlo.
Por cierto Concha, lleva días sin llover y le falta color al otoño, a ver que se te ocurre, porque aunque nos hemos cambiado de barrio los dos, nos gusta vivir aquí.

Publicado en Actualidad, Sierra OesteComentarios (7)


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