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La brecha de cuidados persiste: El 83% de las personas que asumen esta responsabilidad son mujeres

  • Según datos recogidos por Cruz Roja entre las personas usuarias de la Organización coincidiendo con el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer.
  • Cruz Roja y Cruz Roja Juventud lo conmemoran con la campaña “Que lo hagamos, no significa que debamos”, haciendo referencia a la carga mental que recae principalmente en las mujeres por el reparto no equitativo de las responsabilidades.
  • En el marco del Plan de Inclusión Social de Cruz Roja en la Comunidad de Madrid, en 2025 se ha intervenido con 56.472 mujeres, lo que supone el 60% del total de personas atendidas.
  • Según datos de Cruz Roja, las mujeres se implican más en los cuidados, se sienten más sobrecargadas y esto afecta a su desarrollo personal y profesional. En la base de las brechas de género está el reparto desigual de los cuidados, principal motivo por el que las mujeres dejan de participar en el mercado laboral.

Con una premisa –Que lo hagamos, no significa que debamos– y una solución –Cuando la carga se reparte, la vida se aligera-, Cruz Roja y Cruz Roja Juventud ponen el acento en la carga mental que sufren las mujeres desde edades muy tempranas por el exceso de responsabilidades no compartidas, en su nueva campaña de sensibilización con motivo del Día Internacional de la Mujer.

“Con esta campaña, destaca Ana Daza, referente estatal de Inclusión Social de Cruz Roja Juventud, queremos reflejar la responsabilidad organizativa que muchas mujeres asumimos de forma casi exclusiva; esa gestión constante emocional, práctica y estética que interiorizamos desde jóvenes, y que muchos hombres no incorporan del mismo modo debido a la educación y a los roles con los que hemos crecido”. Y es que – continúa-, la realidad de muchas mujeres es que también asumimos la organización del trabajo en grupo, recordamos entregas, mediamos en conflictos o nos encargamos de que todo quede bien, porque se da por hecho que se nos da mejor”.

 La carga mental está relacionada con el esfuerzo psicológico y emocional de organizar, planificar y anticipar todas las tareas necesarias para que la vida cotidiana funcione, desde los cuidados, la organización doméstica, las gestiones familiares o la cobertura de necesidades de otras personas. Y no se trata solo de hacer las tareas, sino pensar en ellas, planificarlas, responsabilizarse de su correcta ejecución, y velar por el bienestar para sostener las redes familiares y sociales.

Esta carga comienza desde edades muy tempranas, con responsabilidades que parecen inofensivas, pero que no se asignan por igual a niños y niñas. Estos comportamientos, poco a poco, van educando de forma desigual: a ellas en la idea de que deben sostener y anticipar, y a ellos, en la de que siempre habrá alguien pendiente de sus necesidades.

Mayor responsabilidad en los cuidados

Según datos recogidos por Cruz Roja entre las personas usuarias de la Organización en 2025, las mujeres continúan asumiendo la mayor parte de los cuidados, dedicando 3 veces más tiempo que los hombres, lo que genera una carga mental significativa superior a la de los hombres. Esta desigualdad no solo se refleja en el tiempo dedicado al cuidado, sino también en el impacto que estas responsabilidades tienen en su bienestar emocional y en su desarrollo personal.

Además, ellas siguen asumiendo mayoritariamente los cuidados profesionales, lo que las concentra en empleos caracterizados por una alta temporalidad y parcialidad, limitando así sus oportunidades de desarrollo profesional y su participación en el mercado laboral.

De las más de 26.400 personas usuarias de Cruz Roja que declararon dedicar tiempo al cuidado de familiares, el 83% son mujeres, lo que confirma además que el peso del cuidado se concentra especialmente en mujeres en contextos de dificultad.

La carga mental se manifiesta no solo en la cantidad de tareas que realizan las mujeres, sino también en cómo estas responsabilidades afectan a su bienestar emocional. Así, el 19% de las mujeres cuidadoras consultadas declaran sentirse sobrecargadas por las tareas de cuidados.

La sobrecarga mental se vincula directamente con las desigualdades en el reparto de cuidados, situación que genera agotamiento, dificultades para conciliar y una afectación en la salud mental. Según el último informe Bienestar Emocional y Vulnerabilidad de la Fundación Cruz Roja Española (2025), tres de cada diez personas en España presentan bajos niveles de bienestar emocional, fenómeno que se agrava cuando coinciden factores como precariedad, aislamiento o responsabilidades familiares elevadas.

La desigualdad en el reparto de los cuidados entre hombres y mujeres tiene también un impacto directo en el desarrollo personal o profesional de las mujeres, y se convierte en la razón principal por la que éstas dejan de participar en el mercado laboral.

Así, una de cada cuatro mujeres usuarias de Cruz Roja (25%) afirma que las responsabilidades familiares suponen una barrera en su desarrollo personal o profesional, cifra que cae por debajo del 10% en el caso de los hombres. Además, entre las personas que afirman no poder plantearse acceder a un empleo debido a las responsabilidades de cuidados, el 94% son mujeres. Este dato es especialmente revelador, ya que los cuidados no solo generan carga mental, sino que alejan a las mujeres del mercado laboral, incrementando el riesgo de pobreza.

A esta brecha se suma una dimensión frecuentemente invisibilizada: la carga mental que soportan las mujeres mayores de 65 años, un grupo que sigue asumiendo cuidados pese a encontrarse en una etapa vital en la que deberían poder recibirlos. Muchas de ellas continúan realizando tareas domésticas, organizando la vida familiar, atendiendo a parejas con problemas de salud, a hijos e hijas adultos en situaciones de dependencia, o incluso a nietos y nietas. Esta “doble o triple carga” se acumula sobre años de cuidados no reconocidos y no remunerados, generando un impacto profundo en su salud física y emocional. Esta situación perpetúa desigualdades de género durante todo el ciclo vital, que en la vejez, se transforman en un riesgo añadido de aislamiento, deterioro de la salud y vulnerabilidad.

Inclusión y empleo en la Comunidad de Madrid

En el marco del Plan de Inclusión Social de Cruz Roja en la Comunidad de Madrid, en 2025 se ha intervenido con 56.472 mujeres, lo que supone el 60% del total de personas atendidas. Esta intervención aborda de forma integral situaciones de vulnerabilidad social, económica y relacional que afectan de manera diferenciada a las mujeres, actuando sobre los factores que limitan su bienestar, autonomía y participación plena en la sociedad.

Dentro de este ámbito de actuación, el Programa de Mujeres ha atendido a 5.821 mujeres a través de iniciativas específicas de empoderamiento y prevención. Entre ellas, destaca el Proyecto Empoderamiento a Mujeres en Dificultad Social, orientado a mejorar situaciones de vulnerabilidad —especialmente aquellas vinculadas a distintas formas de violencia— mediante atención individualizada, acompañamiento social y fortalecimiento de la autonomía personal.

Asimismo, el proyecto RADARED – Red de radares contra la violencia de género trabaja con mujeres de origen migrante en situación de vulnerabilidad, promoviendo la detección precoz de la violencia, el conocimiento de derechos, la creación de redes de apoyo y el liderazgo comunitario desde un enfoque preventivo, intercultural y comunitario.

En paralelo, el Plan de Empleo de Cruz Roja en la Comunidad de Madrid ha intervenido en 2025 con 14.013 mujeres, lo que representa el 69% del total de personas atendidas. De ellas, 1.916 han accedido a un puesto de trabajo, lo que supone que el 70% de todas las personas que han logrado empleo en 2025 a través de Cruz Roja en la Comunidad de Madrid son mujeres. Estos datos reflejan el impacto del acompañamiento en la mejora de la empleabilidad femenina y en su acceso real al mercado laboral.

El acceso al empleo, la autonomía económica y el fortalecimiento personal, no solo mejoran las condiciones materiales de vida, sino que contribuyen directamente a reducir la carga mental que soportan muchas mujeres. Contar con ingresos propios, red social, acompañamiento y herramientas para ejercer sus derechos disminuye la sensación de responsabilidad exclusiva sobre la sostenibilidad familiar, amplía la capacidad de decisión y favorece una redistribución más equilibrada de cuidados y responsabilidades.

Reducir la desigualdad estructural, desde la inclusión social hasta el acceso al empleo, es también una forma concreta de aliviar la sobrecarga emocional y social que limita el desarrollo personal y profesional de muchas mujeres.

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