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“Cuando pasen los años, recordaremos que sacamos algo bonito de todo esto”

  • Literatura para sanar el impacto emocional de un incendio devastador.

A veces, de los peores momentos surgen las historias más bonitas. Aunque sean cosas muy pequeñitas, a veces llaman mucho la atención y llegan a mucha gente. Este es el caso de los erizos con los que Carolina Hernández Peralta, vecina de Pelayos de la Presa, ha intentado contarles a todos los niños y todas las niñas de la Sierra Oeste de Madrid y de los valles del Tiétar y del Alberche lo que ha pasado durante los terribles acontecimientos que acabamos de sufrir. La pequeña familia de los erizos y el Monte Valiente es el cuento que ha querido regalar a todo el mundo y que se ha convertido en un pequeño recuerdo luminoso dentro de todo este desastre.

Cuéntanos de dónde sale esta idea de La pequeña familia de los erizos.
Realmente surge de un cuento íntimo que escribí a raíz de que mi hija, que tiene cuatro años y se llama Martina, no podía dormir durante estas noches. Se despertaba gritando, decía que tenía mucho miedo y que soñaba cosas feas. Yo también lo estaba pasando muy mal porque pensaba: “¿Cómo la calmo?”. No te preparan como padre o como madre para esto. Muchas veces me invento cuentos para ella. Nos gusta jugar a inventar historias. Aquella noche no podía dormir y pensé que me inventaría un cuento para explicarle un poco todo, porque no paraba de preguntar: “¿Por qué se está quemando? ¿Por qué los animales se están quemando?”.
Estaba muy preocupada por los animales. A raíz de eso pensé que podía escribir una pequeña historia. Empecé a desarrollarla, me pareció bonito lo que iba saliendo y decidí ponerle dibujos, para que pudiera proyectar en imágenes lo que estaba viviendo. Utilicé inteligencia artificial. No soy ilustradora y, poco a poco, fue saliendo el cuento y la historia. Cuando se despertó, yo seguía despierta, y le dije: “Voy a leerte el cuento que he escrito”. Cuando se lo leí, me emocionó mucho porque dijo unas palabras que me dejaron muy sorprendida. Se puso a llorar y me dijo: “Mamá, lloro de amor. Estoy más tranquila”. Solo con eso, para mí, fue como decir: “Lo he conseguido”. Había podido calmarla en aquel momento, aunque solo fuera durante un rato.
Hablando con ella, pensamos en mandárselo a sus amigos del colegio y a los amiguitos con los que jugamos por las tardes. Era un PDF y lo fuimos pasando por WhatsApp. Todo fue de forma espontánea, ha sido como un pájaro que ha volado y ha ido llegando a todos los rincones. Ha sido una sorpresa. Yo no sabía que esto iba a pasar, ni me lo imaginaba. No era la idea, ni mucho menos. Pero me alegra que, si ha ayudado a mi familia, pueda ayudar a otras. Yo estoy feliz y con el corazón lleno.

El incendio nos deja incluso a los adultos sin palabras. Me imagino que los niños lo están pasando mucho peor.
Sí. Ahí pueden proyectar sus miedos y sus preocupaciones, y tener una historia hilada que tiene un final en el que, al menos para mí, hay esperanza y puede haber reparación. Por supuesto que hay tragedias. Tampoco podemos engañarlos. Lo van a ver. Yo pensaba en el momento de volver con mi niña. Los colores de su entorno ya no van a ser los mismos de todos los días. El ambiente no va a ser el mismo. También quería que ella tuviera un poco de información previa para prepararla para lo que se va a encontrar.

¿Te dedicas a algo relacionado con la psicología o el cuento ha surgido de manera espontánea?
Estoy formada en terapia. Durante muchos años, mientras vivía en Madrid, trabajé como terapeuta, sobre todo con adultos. Hace unos años me especialicé en terapia infantil. Finalmente, por circunstancias de la vida, no he podido desarrollarlo tanto como me habría gustado, pero lo hago con mi hija. Hago lo que puedo. También supongo que el cuento surge de ahí.
Realmente, creo que el cuento ha salido de una forma espontánea. Mi idea inicial no era ayudar a todos los niños. Ni me lo imaginaba. Mi intención era ayudar a mi hija. Y luego ha ocurrido todo esto. Es la magia que tiene a veces la literatura, que nos une a todos.

Hay algo interesante también en este asunto. El texto es tuyo, pero estaban la urgencia y la velocidad. Había que hacerlo en aquel momento. Hemos descubierto una utilidad de la inteligencia artificial generativa: la posibilidad de sacar algo adelante muy rápidamente.
Eso es. ¿Sabes qué pasa? Antes de toda la formación en terapia, yo venía del mundo del arte. Tengo dos carreras de Arte Dramático. Valoro mucho el trabajo creativo de las personas y me parece esencial para sobrevivir en este mundo tan cruel. Pero es cierto que esto era para mi niña. No era una cosa de decir: “Voy a crear algo”.
Tengo una prima que vive en Francia y que es una ilustradora extraordinaria. Si hubiera sabido que iba a suceder todo esto, quizá, con tiempo, paciencia y cariño, lo habría hecho en colaboración con ella. Pero el cuento era para mi hija. No se está comercializando ni se va a hacer nada con él. La idea es que sea gratuito para todo el que lo necesite. En este momento, la inteligencia artificial ha sido de gran utilidad.

Más allá de toda la repercusión que está teniendo el cuento y la acción en sí, ¿qué mensajes te están llegando de los niños, de las niñas y de las familias?
Sobre todo me están escribiendo madres a través de las redes. Por ejemplo, me escribió una madre que tiene cinco niños y cuya casa, en San Ramón, había quedado calcinada. Me quedé muy impactada. Lo único que hacía era darme las gracias por el cuento. También me llamó una chica, Almudena, de la planta infantil del Hospital de Ávila. Lo habían impreso y lo estaban leyendo a los niños. Me dijo que les había servido mucho.
Otra persona me contó que había llegado a Castellón, donde también hay incendios importantes. Un chico de México también me dijo que tenían el cuento allí. No sé ni cómo ha llegado. Sobre todo me escriben madres para darme las gracias. Me dicen: “El niño me lo pide todas las noches. Nos está ayudando muchísimo a poder explicar lo que ha pasado. Se sienten reflejados”.
Solo con eso ya me parece muy bonito. Cuando pasen los años, por lo menos mi niña y mi familia podrán recordar que sacamos algo bonito de todo esto.

Imaginemos que alguien nos está leyendo y tiene niños pequeños en casa. ¿Qué les decimos antes de volver a casa?
Mi consejo es la anticipación. Hay niños que necesitan más anticipación. Otros se regulan mejor y lo gestionan de otra manera.
Pero, sobre todo, los más pequeños, los que están en la etapa de Educación Infantil, se enfrentan a cosas que no terminan de entender. No entienden ni el porqué ni el cómo. El cuento está pensado, en parte, para ese tipo de edad.
No creo que deban ver las imágenes que salen continuamente en la televisión. No lo aconsejo en absoluto. Que niños tan pequeños estén viendo esas imágenes de forma continuada puede retraumatizarlos, y no creo que sea bueno. Sin embargo, en una ilustración que esté a medio camino entre la realidad y la ficción, pueden ver árboles que no tienen hojas y colores grises y oscuros.
Eso les va calando. Tú se lo vas leyendo y yo confío en que, poco a poco, van integrando el trauma y atravesándolo.

¿Vas a seguir escribiendo literatura infantil? Yo creo que tendrás que hacerlo, ¿no?
En casa siempre me lo dicen. Desde que soy madre, me he metido un poco más en ese mundo. Me encanta leer y soy muy aficionada a la escritura y a la lectura. No lo hago más porque estoy metida en la rutina de ser madre. También estamos montando un negocio en San Martín que está dirigido a los niños y todo eso nos lleva mucho tiempo y mucho trabajo. Pero realmente he disfrutado mucho haciendo esto y viendo cómo puede aportar algo. No descarto repetir en algún momento y ver qué sucede. Más allá del resultado, también por el placer de hacerlo, porque lo he disfrutado. Tenía un propósito y ha sido muy agradable y gratificante.

Supongo que crear esta historia también te habrá ayudado a ti misma.
Totalmente. Yo estaba empezando a venirme abajo. Recibir mensajes de agradecimiento y empezar a ver pequeños brillos de luz en muchas familias me ha animado. El beneficio ha ido en las dos direcciones. También me ha ayudado un poco a calmar el corazón.

Javier Fernández Jiménez.

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