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Cadalso de los Vidrios celebró el “Día del Gallito”

El día 22 Cadalso de los Vidrios ha celebrado el “Día del Gallito”, fiesta infantil en la que se entrega a los más pequeños una figura de mazapán en forma de gallo. Es muy difícil superar año tras año las anteriores actuaciones de los alumnos/as y profesores del Colegio Eugenio Muro de Cadalso de los Vidrios, pero lo consiguen.
En el pabellón polideportivo municipal César Neira lleno, como puede apreciar en las imágenes, la actuación de todos participantes ha sido espectacular, con una puesta en escena impresionante y la imaginación que hay que tener para realizar la obra.
Enhorabuena a todos/as que han hecho posible este espectáculo.

Esa noche al menos tenía un motivo para no dormir. Me levantaba mucho antes de lo habitual y desayunaba sopas de pan con leche mezcladas en un grueso tazón blanco de barro. Mi madre me vestía junto a la chimenea encendida, encaramado yo sobre una silla de anea desde donde divisaba a través de la ventana si pasaba el niño que, a diario y antes de ir a la escuela, repartía leche con sus lecheras de aluminio. Mi mama me ponía la indumentaria de domingo y me peinaba con la raya al lado izquierdo. Y así, tan guapo (al menos eso decía ella), salía a la calle desafiando al frío que, por efecto de la ilusión, aquella mañana no lo notaba tanto y eso que, como siempre, las calles aparecían heladas y de los tejados pendían gruesos -y afilados- carámbanos de hielo.

El “día del gallito” todos los chavales llegábamos pronto a la escuela, incluidos los “novilleros” que, exceptuando esa fecha, jamás asistían a clase. Éramos crueles con ellos -los niños casi siempre lo son- y les cantábamos aquello de: “¡A barruntao el gallito… A barruntao el gallito…!”, que tiempo después pasó a ser: “¡A rebuznao el gallito…!” Ellos lo padecían resignados porque el fin bien justificaba aquellos cánticos hirientes.

Esa jornada era la fecha más esperada y bonita de todo el curso y además se iniciaban las vacaciones de Navidad. Sobre las 11h. de la mañana aparecían las fuerzas vivas de la localidad encabezadas por el Sr. Alcalde, Don Isidoro Álvarez. Don Enrique Gullón, a la sazón director del Grupo Escolar Carlos Ruiz, acompañado por el resto de los maestros (D. Eugenio Muro, D. Manolo, D. Luis, Don Agustín… que  antes que a nosotros -algunos de ellos- dieron clase a nuestros desconcertados padres), los saludaban ceremoniosamente a la entrada de las escuelas que se encontraban entonces en la calle San Antón. Luego pasaban todos juntos a la clase de tercero, allí se situaban delante de la pizarra; a su derecha quedaba la mesa del maestro, a su izquierda la estufa de leña y arriba, presidiéndolo todo, las fotografías de rigor (lo estoy viendo). Los niños nos levantábamos respetuosamente al unísono y al poco íbamos desfilando eufóricos ante ellos para que nos entregaran el libro y el “gallito”. En aquel momento no existía en nuestras vidas nada más importante y por eso, al recibirlo, musitábamos un “¡Gracias!” entrecortado por los nervios y la emoción.

Al salir del colegio mirando y acariciando nuestro pequeño tesoro, las calles se inundaban con voces gozosas: -“¿Cómo es el tuyo?”, ¡Qué fotos tan bonitas! Y comenzábamos a recorrer las casas de los familiares, vecinos y amigos mayores mostrando el libro que servía de reclamo para recibir el aguinaldo en forma de perras gordas y chicas (más chicas que gordas), dos reales con agujero e, incluso, alguna que otra peseta. Monedas que los mayores habían ido cambiando poco a poco en las tiendas de coloniales de Emiliano y Sinfo.

Cuando regresaba a casa, lo primero que hacía era forrar el libro para distinguirlo de la Enciclopedia Alvarez que era intuitiva, sintética y práctica pero que desde ese día ésta pasaba a un tercer plano sin forro y el libro a primer plano con él. El “gallito” quedaba incólume hasta que llegaba mi padre del campo, yo entonces se lo ofrecía ritualmente. Él, después de simular un mordisco, me lo devolvía con una pequeña sonrisa para que me lo comiera. Todos los años al despertar de ese día me lo decía: -“¿Me guardarás el gallito, no?”. Mi padre murió una tarde de agosto y esa simbólica costumbre la recogió mi hermano pequeño, Jose. Cada nochevieja, cuando regresaba yo del extranjero, él me daba duro, pero blando de ternura, aquel mazapán que amorosamente reposaba sobre una pequeña taza blanca con líneas onduladas rojas esperando mi vuelta a casa. Y es que, paulatinamente, los cadalseños vamos recogiendo de unos a otros ese “gallito” que nos transmite el amor a nuestra tierra y a nuestras gentes. Aún hoy, cada año, me siguen guardando el “gallito” que, a su vez, yo guardo para alguien que no sé si llegará.

Una vez más, mis recuerdos son la prueba de que he vivido y filtrándome por ellos vivo de nuevo aquel tiempo irrepetible, mientras aprovecho para desearles a mis paisanos más jóvenes aquella felicidad pasada que hoy vivirán en su presente y siempre recordarán en el futuro.

Miguel MORENO GONZÁLEZ

Una Respuesta para “Cadalso de los Vidrios celebró el “Día del Gallito””

  1. Saturnino dice:

    CADALSO DE LOS VIDRIOS

    Es un pueblo con gran carga de historia
    y rodeado de bellos parajes
    y monumentos que tienen anclajes,
    salvaguarda en tradición y en memoria.

    Es pueblo detentador de la gloria
    de brindar históricos hospedajes
    a Isabel I y a santa de los viajes,
    fundadora prolífica de euforia.

    Famoso en España por sus canteras,
    su vino y belleza de sus mujeres,
    su Iglesia que fulge de sacros cirios

    y su hidalguía en las finas maneras
    corteses, de aceptar los pareceres
    del viajero en Cadalso de los Vidrios.

    Saturnino Caraballo Díaz
    El Poeta Corucho

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