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Charles Duke, astronauta más joven de la historia que pisó la Luna

Charles Duke, el astronauta más joven en pisar la Luna ha visitado nuestra comarca. Pasó por Fresnedillas de la Oliva y Robledo de Chavela, visitando las instalaciones de INTA-NASA. Tenía 36 años cuando realizó esta hazaña, batiendo el récord de velocidad con el primer coche de exploración que se llevó a la Luna LMO (Lunar Module Orbit), con una velocidad de 18 kilómetros por hora, realizando varios saltos con el automóvil, debido a la poca gravedad de la superficie lunar. El piloto del Módulo Lunar  alunizó el 21 de abril de 1972.

General Duke, ¿qué es lo que siente al visitar el museo lunar de Fresnedillas de la Oliva, rodeado del personal de comunicación del año 1972, mientras usted estaba caminando por la Luna a 30.000 kilómetros de la Tierra?

Para mí es todo un placer estar con el personal que me ayudó durante mi viaje a la Luna. Es verdad que la red de seguimiento (Tracking Network) que se realizó durante el proyecto Apolo fue fantástica. Todos ellos tuvieron una gran responsabilidad y siempre he sentido que el equipo se sentía seguro en todo momento. Después de lo acontecido, siempre he querido visitar estas instalaciones, donde sé que recibían las primeras voces e imágenes de la Luna que seguidamente se divulgaron por todo el mundo.

¿Cómo se siente batiendo el récord Guinness con el LMO Lunar Rover? ¿Tuvo miedo de que le pusieran una multa por exceso de velocidad?

Este récord tiene que ser modificado porque cuando volvimos del viaje, la Nasa me comentó que conseguí este récord de velocidad y me hizo gracia ese comentario porque, en realidad, no sabemos a qué velocidad iba. La aguja del velocímetro estaba a tope en la escala que era de 18 kilómetros por hora lo que marcaba pero yo conducía a más velocidad. Respecto a la multa, ni lo pensé, yo solo quería disfrutarlo y ver lo que aguantaba.

¿Cuál es su recuerdo más intenso de aquella misión?

El aterrizaje. Llegabas a un lugar en el que no sabías cómo era la superficie. La vista más impresionante fue la del segundo día. Estábamos dando vueltas en el rover lunar, subiendo hacia un sitio llamado Stone Mountain (montaña de piedra). A unos 150 metros sobre el valle, dimos la vuelta al coche y esa vista te quitaba la respiración. La deslizante superficie de la Luna en la distancia hacia las llamadas Smoky Mountains (montañas brumosas) y, más arriba, la oscuridad del espacio. Ahí, en medio del valle, estaba nuestro módulo lunar. El recuerdo de esa vista está grabado en mi memoria.

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 ¿Alguna vez llegó a rezar por la humanidad durante su estancia en la Luna?

Cuando fui a la Luna no solía rezar mucho y que yo recuerde, no recé. Pero sí supe que miles de personas desde la Tierra rezaron por nuestra seguridad durante nuestra estancia en la Luna. Seis años más tarde, me convertí en cristiano creyente y empecé a creer en Dios. Ahora mi esposa y yo rezamos varias veces al día y hemos visto el poder de Dios operando sobre nuestras vidas en muchas ocasiones. Hay un salmo en la Biblia que dice: “Los cielos declararon la gloria de la tierra” uno de mis recuerdos fue cuando tenía la vista de la Tierra y del espacio y le doy gracia al Señor.

Es verdad que la carrera espacial la ganó Estados Unidos pero las etapas de esa carrera la ganaron los soviéticos, lanzando en un satélite por primera vez a un ser vivo, unos perros, también en lanzar a un ser humano. Hasta que en 1976, el coronel Kurolev murió. ¿Cree que si no los soviéticos podrían haber llegado antes a la Luna?

Esa es una muy buena especulación, es posible que hubieran llegado a la Luna. Los soviéticos tenían un programa espacial muy bueno y sigue siéndolo. El problema no estaba en el programa espacial, sino en el cohete que les iba a llevar. Tras numerosos fracasos y por diversas razones, abandonaron el proyecto. Un logro destacable es que ellos enviaron una nave no tripulada al espacio que recogió una piedra lunar y que fue devuelta a la Tierra. No puedo afirmar si fue realmente debido a la poca capacidad en el cohete de lanzamiento, pero sí puedo asegurar que estuvieron muy cerca de haberlo conseguido.

¿Qué opina usted de la divulgación científica en los medios de comunicación?

Estoy a favor y aliento a que se produzcan cambios científicos entre estudiantes y profesores. La NASA funciona bajo la idea de que los secretos tienen que ser transmitidos y divulgados por los medios. Yo actualmente soy miembro de la Scholar Ship Foundation, que es una fundación que se dedica a conceder becas a los jóvenes que quieren ser astronautas y cada año concedemos 28 becas a estudiantes de distintas universidades para que continúen con sus estudios en el espacio y aspiraciones.

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 ¿Por qué los astronautas del proyecto Apolo eran hombres y no mujeres?

Inicialmente se debía a una decisión puramente médica, de modo que únicamente  los hombres eran los que recibían formación para ser astronautas. A medida que se fue sabiendo más sobre la fisiología humana, los Estados Unidos siguieron el ejemplo de los soviéticos y comenzamos a formar mujeres astronautas para futuros programas al espacio. Hoy en día y a partir de los transbordadores, contamos con un gran número de mujeres muy competentes que han participado en distintas fases del programa espacial. Por aquellos tiempos, había una serie de sistemas o cosas específicas que solamente funcionaban para los hombres. Con los transbordadores, todo eso ha sido mejorado y superado de modo que las mujeres ya pueden volar dentro de las naves espaciales, sin ningún tipo de problemas.

¿Por qué  el estar solo once días en el espacio le pareció poco y por qué solicitaron un par de horas más?

El problema del Apolo era el tiempo de estancia y seguidamente del aterrizaje todo estaba calculado para que no fallara en ningún momento del vuelo. Estuvimos 72 horas en la Luna, estando divididos en periodos de 24 horas de modo que durante cada periodo de 24 horas, descansábamos ocho horas. Nos levantábamos de la siesta y  comíamos, nos poníamos los trajes y esto nos llevaba tres horas, después salíamos de la nave y explorábamos. El límite de la exploraciones estaba determinado por la cantidad de oxígeno y material disponible que llevábamos en nuestras mochilas de exploración. Si yo hubiera podido elegir  otro sistema mas eficaz en los equipos de apoyo, hubiéramos aumentado la capacidad de transportar agua congelada, oxígeno y electricidad. Todo esto supuso una limitación para nuestras exploraciones y  era preferible estar en la superficie lunar que estar dentro de la nave. En las misiones del Apolo y posteriores, la duración de la estancia era de setenta y dos horas, setenta y cinco y setenta y nueve. Podríamos haber ampliado a diez horas más pero hubiéramos llegado a los límites de nuestra misión. Personalmente, hubiéramos traspasado esos límites pero desde el centro de operaciones nos dijeron que no y que ya era hora de volver a casa.

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