Categoría | Productos de la tierra

El caldo de la marmita: a las puertas de otro verano loco

Por Julio Reoyo Hernández. Cocinero. Restaurante Doña Filo.

Es inevitable y creo que también, de algún modo, muy importante que no olvidemos fácilmente (creo que está sucediendo y demasiado rápido, ya lo he dicho en más de una ocasión) lo que acaba de suceder y sucedernos en todo el planeta, repito, en todo el planeta. Digo esto porque de nuevo asistimos a la llegada de un nuevo, loco y más aún caluroso verano. Veo con cierto estupor como todas las zonas de veraneo masivo de este país se preparan a toda prisa y, muchas veces de manera irracional y atropellada, ¡qué más da! para recibir a masas de gentes después de dos veranos sin apenas clientes. Creo que el sentimiento tan agradable de poder recibir, de poder agradar, de poder ofrecer con orgullo, calidad y calidez no va a existir, un verano más, salvo raras excepciones en estos guetos vacacionales. Nada tendría ni de nuevo, ni de loco, ni de sociológicamente lamentable, si no fuera porque nos encontramos ante una falta de personal laboral importante (¡curiosísimo con tanto paro!, no consigo entenderlo), no digamos ya cualificado, ante un abastecimiento y desabastecimiento absolutamente incontrolado y disparatado, pandemias aparte, guerras, gripes aviares, falta de materias primas y un largo y desesperante etcétera. Todo esto para disfrutar de unas vacaciones que, con todos mis respetos, no sé si tienen algo de vacación (es decir, descanso, relajación disfrute, armonía y buen rollo), por no hablar del asunto gastronómico, que en estos casos se acerca bastante a lo anodino, a lo cateto, a lo asombroso, dicho en el peor sentido de la palabra, y a lo saludablemente al límite por la parte de abajo.
Tendremos la oportunidad de disfrutar, de nuevo, dicho con toda la sorna posible, de montañas de hamburguesas repugnantes, pizzas sin el más mínimo interés gastronómico, cantidad de frituras de pésima calidad en aceites de muy dudosa procedencia y con efectos sobre la salud poco recomendables, de una invasión de platos de cocina italiana que en nada representan a tan maravillosa cocina, legiones de restaurantes de todas procedencias, especialmente asiáticos, inundados de salsa de soja y sabores rabiosamente picantes que nada tienen que ver con su verdadero origen y que además no producen sino adicción y la mayoría de las veces verdadero arrepentimiento y desolación. En fin, dicho en términos cotidianos, una verdadera ¡mierda!
Abogo por no abandonar las buenas costumbres, aún de vacaciones, de acudir a los mercados que nos son nuevos y novedosos, de cocinar con la ilusión de lo desconocido y de experimentar con los productos que no compramos habitualmente y que nos acercan un poco más al entorno de nuestro territorio vacacional. Disfrutar lo más posible de los recursos, seguro muy interesantes, de nuestro destino vacacional como parte del aprendizaje que siempre debemos perseguir allá dónde vayamos. Esto, sin duda, serían unas mejores y más saludables y razonables vacaciones. La playa, el paseo marítimo y el helado en cucurucho de barquillo tampoco deben faltar, pero no hace falta mucho más.

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