Categoría | Medio Natural

Ñupi, el fiel guardián

El empleo de perros en la conservación de especies amenazadas es algo que ha dejado de ser anecdótico: los hay que ayudan a recoger aves heridas, a detectar cebos envenenados, a localizar incendios  y a vigilar y proteger a los animales de un centro de recuperación de fauna.

La historia que en esta ocasión voy a relatar, y la cual me antojo sirva de homenaje por su importante labor, es la de Ñupi, un magnífico y soberbio ejemplar gris de Mastín español, que nació hace diez años. A priori era un perro tranquilo, dócil y equilibrado, pero también era valiente y mostraba un gran temperamento cada vez que la ocasión así lo requería.

Su “patrón”, José Peña, aunque prefiere que todos le llamen Pepe, le acogió gracias a Luis, su amigo y veterinario, quien previamente lo había recogido de una camada criada por unos pastores de ganado vacuno de la comarca.

Entonces Ñupi contaba solo con 45 días de edad y, aunque tan solo era una pequeña y desgreñada bolita de pelo sucio, que gemía a Pepe de forma lastimera y enternecedora pidiéndole comida, ya apuntaba maneras de ser un perro serio y al mismo tiempo de tener un gran carácter.

Pepe no pudo resistirse a sus encantos y, junto con Fernando y el resto de sus compañeros del Centro de Fauna de Navas del Rey, lo adoptaron. Desde entonces y hasta hace poco, han trabajado siempre juntos y no se han separado jamás.

Su centro de trabajo

Desde hace varios años Pepe trabaja, junto con Ñupi, en un centro en el que conviven un elevado número de especies animales y cuyo sentido es, a parte de participar en programas de educación ambiental con colegios e instituciones, la formación de alumnos, en jardinería, viverismo, así como en el manejo y cuidado de fauna.

Los animales con los que cuenta son individuos con un elevado grado de lesiones, ya sean físicas o ejemplares excesivamente domesticados por el hombre, lo que les hace irrecuperables para ser liberados en su medio natural, habiendo sido donados por la consejería de Medio Ambiente y otros centros de recuperación. Aun así, los alumnos se ocupan de su alimentación y manejo con especies como buitres, milanos, ratoneros, cernícalos, búhos reales, águilas calzadas, cigüeñas, hurones, jabalíes, ciervos, zorros…

Además, cuenta con incubadoras y algunos corrales en los que mantienen ejemplares de especies domésticas de razas autóctonas, como base del trabajo y el fomento de estas razas (como la gallina castellana), ya que algunos alumnos podrán acabar trabajando en centros de recuperación, otros terminarán en clínicas veterinarias, núcleos zoológicos, etc.

Las tareas de Ñupi

Por distintos motivos, Pepe ha tenido que pasar numerosas horas trabajando en el centro, muchas veces durante el fin de semana e incluso por la noche, cuando había que criar alguna pollada o dar biberones a cachorros, pero siempre con Ñupi como “guardaespaldas”, el cual no se ha separado jamás de su lado, vigilando que nadie entrase sin su permiso y pudiera hacer algún daño al cuidador o a los animales que allí residen.

Por supuesto Ñupi siempre ha mantenido una estupenda relación con todos los alumnos que estudian en el centro y con el resto de los animales. Éstos se mantenían tranquilos y confiados cuando andaba cerca, les hacía compañía cuando comían, cuando dormían o cuando les visitaba el veterinario e incluso ayudaba a impedir, junto con Tigretón y el resto de los gatos, que ninguna rata se acercase al interior del centro.

Una buena convivencia

Lo más sorprendente de Ñupi era que, incluso con su avanzada edad, todavía era capaz de “poner paz” entre todos los animales del centro, ya fuesen cabras, jabalíes o gatos ¡y todos le respetaban sin rechistar!

Cuando él estaba presente no había una “mala coz” del burro Platero, ni un gruñido de los jabalíes “salido de tono”, ni un bufido más alto que otro.

Era asombroso, y a la vez extraordinario, observar cómo todos los animales le “admiraban” y le “querían”, cómo lo “mimaban”, cómo le cedían el paso o, incluso, le dejaban su plato de comida. Está claro que Ñupi era un ejemplo de que sí que existen animales que, sin usar la fuerza, se hacen querer y respetar por el resto de sus congéneres y por los demás miembros de otras especies.

Genio y figura

Los años pasan para todos, y también para nuestro amigo Ñupi. A sus diez años, y aunque todavía no había pedido la “prejubilación”, lo que más le apetecía era tumbarse a dormir la siesta en su recinto, a la fresca sombra de un viejo fresno durante gran parte del día, aunque no por ello descuidaba sus labores de “conserje-guardián” y seguía ejerciendo su papel de patriarca entre todos los animales del centro de fauna.

De hecho, el pasado verano llegó a “colaborar” en la crianza de unos cachorretes de perros mestizos que dejaron abandonados en los contenedores de basura del pueblo, y Pepe no dudó en reconocerle cariñosamente su ayuda como “abuelo” adoptivo.

Hace muy poco tiempo, este mismo invierno, durante una fría y soleada mañana, fiel a su estilo, en silencio y sin quejarse, sin hacer ruido ni llamar la atención, Ñupi nos dejó para siempre. En nombre de todos los que te conocimos, lo único que puedo decir es… ¡gracias por cuidar tan bien de todos nosotros durante todo este tiempo!

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