Oficios antiguos: la siega y la trilla

En aquellos años era muy duro ir a segar. Se formaban unos grupos de hombres de cinco o seis personas, y un chaval, de entre dieciséis y dieciocho años. Mientras los mayores segaban el chaval o atero, que así le llamaban, iba haciendo haces y los agrupaba de veinte en veinte o más, hasta que se terminaba de segar toda la finca.
Algunas madres con hijos de doce años en adelante recogían las espigas que quedaban en la finca las desgranaban y las llevaban al molino.
Los segadores una vez terminada la siega, disponían los burros, mulas y mulos para traer los haces de la finca. A los animales se les colocaba en el lomo una montura de madera, con unos palos largos a los lados con las puntas afiladas, en ellas prendían los haces. También los traían en grandes carros traídos por mulas o vacas. Una vez en el prado lo colocaban en círculo (lo llamaban la parva).
Después se le enganchaba a los animales con unas cinchas la trilla y un chaval se sentaba en ella y comenzaba a dar vuelta sobre los haces, hasta que se separaba el grano de la paja. Una vez separados, había que esperar a ver si se movía el aire para con los bieldos limpiar los granos de la paja. Por último se envasaba el grano en costales largos y estrechos, hechos de loneta gorda, y la paja se llevaba en carros. Después lo repartían por las casas, guardándolo en el doblado o en pajares, los chavalitos y vecinos ayudaban en la tarea, que les servía de diversión.
Con el grano recogido, las familias tenían para hacer pan todo el año. Así recuerdo mi niñez.

Margarita Santiago.

FOTOS: L. Ayuso.

7 Respuestas para “Oficios antiguos: la siega y la trilla”

  1. LA CARTA DEL CONTRATO DE LA SIEGA
    A Paco, mi padre, que en sus años mozos fue segador errante.

    Al llegar la primavera
    la carta se recibía
    con desbordante alegría.
    Oliendo a sudor y a era,
    a espiga y a rastrojera.

    Portaba las buenas nuevas:
    El pan para el segador,
    reanudo de labor,
    dinero en las casas cuevas,
    y advenimiento de brevas.

    Organizar la cuadrilla,
    segadores y un atero,
    y echar mano al refranero:
    “Compañero ancha es Castilla,
    y el sol nos alumbra y brilla”.

    Con las alforjas al hombro
    hombres recios y curtidos,
    los aperos bien asidos
    sin sorpresa y sin asombro.
    Ya no están y no los nombro.

    Compartiendo pan y sal,
    su afán y pobres destinos,
    errantes por los caminos
    duros como el pedernal
    siempre en busca de un jornal.

    Por sendas y vericuetos
    llegaban hasta El Molar,
    con la piedra de amolar
    quemados los esqueletos,
    y en la vestimenta escuetos.

    Después a Villacastín,
    y el páramo castellano
    en el tórrido verano
    del uno al otro confín
    trigos en surcos sin fin.

    Dormían en los rastrojos
    o con suerte en un pajar
    la hoz en hendir y cortar,
    heridos por los abrojos
    y de sol ciegos los ojos.

    Se ajustaban por fanega,
    perdidos en la llanura
    con ardor de calentura,
    y el sudor que todo anega
    en cuanto la hoz se despliega.

    Tras tres meses de labor,
    de quebranto de riñones,
    soñando con los jamones,
    retorno confortador
    y entre familia el calor.

    Y allá lejos columbrada
    ven la imagen de La Peña,
    de Cenicientos su enseña,
    con moneda bien ganada
    y la arribada soñada.

    Saturnino Caraballo Díaz
    El Poeta Corucho

  2. CANTAR DE TRILLA

    Mi mulilla torda
    el trillar lo borda,
    ondula la parva,
    resopla y escarba.
    Atenta a mi voz
    jamás da un coz,
    es dócil y mansa
    y nunca se cansa.
    Feliz mi mulilla
    le gusta la trilla,
    el olor del trigo
    y el trillar conmigo.
    Y en el acarreo
    nunca da un rodeo,
    sabe que la paja
    brillará en su caja
    para su alimento
    y su anual contento
    en el largo invierno
    que resulta eterno.

    Saturnino Caraballo Díaz
    El Poeta Corucho

  3. EL GAZPACHO DE LOS POBRES
    A mis padres

    En las ardorosas tardes de siega
    y en las no menos del agobio de trilla,
    surcaba el cielo la franja amarilla
    y el cansancio se batía en repliega.

    La manta extendida el mantel despliega,
    y el suelo era nuestro asiento de silla,
    y en la tarreña está la maravilla
    cuya visión nos inunda y anega.

    La pueblerina cuchara en madera,
    en la tarreña el humilde gazpacho,
    la paz sublimando la parva en la era,

    y uncidos triscan la mula y el macho
    y un lienzo que enmarcó y fue la frontera
    de infancia pobre y feliz de un muchacho.

    Saturnino Caraballo Díaz
    El Poeta Corucho

  4. SI HOMENAJE SE RINDIERA
    A la mula en Cenicientos

    Si homenaje se rindiera
    a bestias de arada y carga,
    una estatua ancha y larga
    la mula se mereciera.
    La viña lo agradeciera
    y el barbecho en sus cimientos,
    y los buenos sentimientos
    de los coruchos de antaño
    del pastoreo y rebaño
    de campos de Cenicientos.

    Saturnino Caraballo Díaz
    El Poeta Corucho

  5. IBAN MULAS MULERAS

    Iban mulas muleras
    de poderosas ancas,
    cargadas de maderas
    hasta las mismas trancas.

    El barro les llegaba
    hasta los corvejones,
    cuando la uva llenaba
    esparto de serones.

    Cargaban sobre el lomo
    jinete y vertedera,
    y en la viña del pomo
    romano de mancera.

    En época de saca
    los haces de los trigos,
    y montones de alpaca
    y las paseras de higos.

    Después tirar de trilla
    aparvando la parva,
    del trillador la silla
    y a mieses las aparva.

    Acarrear el grano
    y cargar con la paja,
    cuando el sol del verano
    con el sudor la alhaja.

    Su estiércol aprovecho
    para abonar los campos,
    que ilumina el barbecho
    a la luz de los lampos.

    Mulas riadas de mulas
    a hogar dieron sustentos
    de frente o a reculas
    de agros de Cenicientos.

    Saturnino Caraballo Díaz
    El Poeta Corucho

  6. LOS GALOPINES CORUCHOS

    Trillas eran los patines
    de numerosa caterva,
    con aquel calor que enerva
    a coruchos galopines.
    Parvas eran los confines
    del mundo que conocían,
    y en cada giro sabían
    que desmenuzado el grano
    y concluido el verano
    el pan en casa tendrían.

    Saturnino Caraballo Díaz
    El Poeta Corucho

  7. EL POZO PERAL Y SU FUENTE
    A Luis Ayuso, pues sin su foto
    este soneto nunca se habría escrito.

    Recreaos pues ya es figura ausente
    al contemplar esta fotografía
    que antañona formó la orografía
    de los llamados Prados de la Fuente.

    Os recuerdo a coruchos del presente
    de Cenicientos su geografía,
    que en estos lares era el día a día
    de la trilla dentada con su diente.

    Miríadas aquí eran las hacinas
    e innúmeras las filas de botijos
    que calmaban la sed de la caterva

    de vencejos y alegres golondrinas
    y en galopines eran escondrijos
    cuando el cenit del sol la parva enerva.

    Saturnino Caraballo Díaz
    El Poeta Corucho

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