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Fresnedillas de la Oliva acoge la exposición de la Comunidad de Madrid “Entre fortines y trincheras”

  • El elevado número de fortificaciones de la Guerra Civil y su excelente estado de conservación, pasados 80 años del final de la contienda, hacen que Fresnedillas sea un lugar idóneo para el estudio de las defensas militares de ambos bandos durante el periodo de 1936 a 1939.

De forma institucional y dentro del Plan de Fortificaciones de la Guerra Civil en la Comunidad de Madrid, se enmarca esta muestra itinerante que recorrerá varios municipios de la región en 2019 y que en Fresnedillas de la Oliva estará presente en la Casa de la Cultura desde el día 20 de Agosto al 22 de Septiembre. La exposición viene a resaltar el trabajo que la Dirección General de Patrimonio emprendió en 2013 para inventariar, documentar y preservar las construcciones militares de nuestra provincia y darles el valor histórico que les corresponde antes de caer en el olvido. Cuenta con 60 fotografías divididas en cuatro bloques temáticos que dan una visión tanto arqueológica como patrimonial de los hitos más importantes sucedidos en Madrid a lo largo de la guerra. La entrada es gratuita y plantea los siguientes apartados: la defensa de Madrid, las grandes batallas, la fortificación de un paisaje y la guerra en retaguardia. A todo ello se añade un apartado dedicado ex profeso a la Guerra Civil en Fresnedillas y la construcción de sus fortines.
Fresnedillas quedó bajo la órbita gubernamental desde el comienzo de la Guerra Civil hasta el día 5 de Noviembre de 1936, cuando el pueblo fue ocupado por las tropas franquistas. Durante el verano del 36 en Fresnedillas convivieron soldados republicanos, venidos a Madrid desde Castellón, con milicianos locales que se alistaron para la defensa de la República en los primeros días inciertos tras el Golpe de Estado del 18 de julio.

Fortín republicano de la Posición La Cañada en La Puente.

A finales de Octubre de 1936, la entrada de los soldados de Franco en el pueblo era inminente. El día 25 del mismo mes llegaron a Fresnedillas varias columnas de soldados republicanos milicianos que venían de retirada hacia Madrid para protegerse del avance del ejército rival. Ante esta situación, en el pueblo se organizó la evacuación de todos los habitantes para su protección. La evacuación hizo que las familias de Fresnedillas tomaran lo estrictamente necesario o lo que básicamente pudieran portar entre las personas y algunas caballerías que les acompañaban, junto a sus ganados, a un destino incierto por los caminos que se dirigían hacia Madrid o El Escorial.
Así, el 5 de Noviembre de 1936, llegaron a Fresnedillas las tropas del Coronel Rada y tomaron el pueblo ocupando estratégicamente las alturas que lo rodean: el cerro de La Cabezuela, La Peña Gorda y Los Roblazos. La prensa del bando franquista dejó constancia del hecho y en los diarios del día 6 de Noviembre de 1936 se recogía la noticia de la ocupación de Fresnedillas en primera plana, en alguno de ellos, como el Norte de Castilla o el Heraldo de Aragón, entre otros.
Una vez instalados en el pueblo, los soldados de Franco comenzaron la ocupación de los principales edificios. Ocuparon la Iglesia, que fue rehabilitada como tal; la Casa de la Luz, donde se encontraba el transformador del alumbrado público inaugurado en 1929; el edificio de las Escuelas, que inaugurado en 1930 fue utilizado como Hospital de Campaña por su amplitud y el Ayuntamiento, donde, tras un gobierno militar, se situaron autoridades locales puesto que tras la llegada de los soldados, algunas familias decidieron no continuar con la evacuación y regresaron al pueblo con las debidas precauciones, dando varios rodeos antes de volver a sus casas de nuevo. Además de los citados edificios públicos, los franquistas ocuparon una serie de casas de gente del pueblo que se encontraban evacuadas, sobre todo en las fincas cercanas a El Escorial dominadas por los republicanos como El Enebral o Mojadillas.

Alfombra de flores realizada por Isabelino Martín para la Procesión del Corpus de 1938 en Fresnedillas.

El Frente de Guerra de Fresnedillas lo conformaba el valle del Arroyo de la Moraleja, al norte del pueblo. La línea de fuego estaba fuertemente alambraba por ambos bandos, que además tenían cortada, en cada uno de los lados, la carretera que cruzaba el Frente en dirección a El Escorial. A uno y otro lado del arroyo, franquistas y republicanos construyeron todo un sistema defensivo de observación, vigilancia y prevención de un ataque por parte de uno de los dos bandos, sobre todo a partir de la Batalla de Brunete de 1937 en la cual Fresnedillas se situaba en el extremo Oeste del campo de batalla y quedaba como lugar propicio para un ataque republicano desde El Escorial.
Las tropas franquistas fortificaron enormemente toda el área de Fresnedillas dejando un buen número de fortines distribuidos a lo largo del Frente en dos Centros de Resistencia y cinco Posiciones, construidas por la 71 División, que se mimetizaban perfectamente con el medio para pasar inadvertidas en un claro ejemplo de arquitectura organicista de fortificación de campaña.
El Centro de Resistencia de Fresnedillas tenía las Posiciones Enlace, Cota 960 y Entrecarreteras y el Centro de Resistencia de Los Roblazos, las Posiciones Roblazos y Alamedilla. En el lado contario del Arroyo de la Moraleja, el Quinto Regimiento del Ejército Republicano había levantado dos posiciones con sus característicos fortines circulares: la Posición Los Pajares y la Posición La Cañada.
Cabe destacar un hecho ocurrido en Fresnedillas durante la Guerra Civil. Se trata de la celebración del Corpus Christi de 1938 en el pueblo. En Fresnedillas estaba destinado un batallón de soldados de Tenerife. Estos, por lo general, estaban en sus posiciones durante el día o en periodos de guardia pero para comer e incluso dormir, muchos de ellos acudían siempre a la misma vivienda de los pocos habitantes de Fresnedillas que había vuelto al pueblo después de la evacuación. Los canarios, por su amabilidad y bondad, congeniaron bien con la gente civil y muestra de ello fue la elaboración de las alfombras de flores que hicieron los soldados para la celebración de la procesión del Corpus Christi de 1938, que ellos ya estaban acostumbrados a realizar en las islas. La acogida de la idea por parte de los mandos militares fue enorme y la expectación entre la gente de Fresnedillas no mucho menor. El resultado fue espléndido. Tanto es así, que al soldado canario Isabelino Martín Díaz, autor de la alfombra principal situada frente al altar de la procesión, le obsequiaron con diez días de permiso que aprovechó para viajar desde Fresnedillas hasta Málaga.

Pablo Alonso Hernández, profesor de Historia.

FOTO portada: Fortín del bando nacional de la Posición Cota 960.

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Presentación del Centro de Interpretación de la Mujer en la Guerra Civil de Navalagamella

  • Presidida por Paloma Sobrini, directora general de Patrimonio Cultural de la Comunidad de Madrid, y Andrés Samperio, alcalde de Navalagamella.

El Centro Cultural “Anabel Ochoa”, de Navalagamella, acogió la presentación del Centro de Interpretación de la Mujer en la Guerra Civil que se desarrollará en el municipio, un acto presidido por Paloma Sobrini, directora general de Patrimonio Cultural de la Comunidad de Madrid, y Andrés Samperio, alcalde de Navalagamella; y con la presencia de Miguel Ángel García Valero, subdirector general de Protección y Conservación de la Comunidad de Madrid; Jesús Moreno, experto en museología; y Aldo Petri, arqueólogo de la empresa Argea.

Antiguas Escuelas proyecto.

Durante la presentación, Paloma Sobrini explicó cómo la Ley de Patrimonio de 2013 de la Comunidad de Madrid protege las edificaciones de la Guerra Civil, “y por ello, decidimos desarrollar un Plan de Fortificaciones para atraer un turismo cultural. Muchas de esas edificaciones son únicas en España y Navalagamella, además, las tiene perfectamente conservadas”.

“Asimismo, casi nunca se habla del papel de la mujer en la Guerra Civil, un papel tan importante como silencioso. Por ese motivo creemos que es necesario poner en valor la figura femenina en el conflicto bélico con un Centro de Interpretación como el que se pondrá en marcha en Navalagamella”, concluyó.

En el mismo sentido se expresó Andrés Samperio, quien valoró muy positivamente el plan desarrollado por Patrimonio Cultural de la Comunidad de Madrid, “ya que Navalagamella cuenta con 127 bunkers, el Campamento Militar “La Peña” y un conjunto estilo Blockhaus en la entrada del municipio que son una auténtica joya. Si a todo esto le unimos el Centro de Interpretación, la oferta de nuestro municipio sobre turismo bélico será impresionante”.

Proyecto sala.

La explicación de la transformación de las Antiguas Escuelas, un edificio emblemático de 1892, corrió a cargo de Jesús Moreno: “Será un lugar de exposiciones perimetral donde irán todos los contenidos, con una especie de introducción y unos paneles que ayudarán a fijar el recorrido del público. Será una museografía sin piezas, sin colecciones, con elementos de reproducción, nuevas tecnologías y documentales”.

El punto final a la Presentación del Centro de Interpretación de la Mujer en la Guerra Civil de Navalagamella corrió a cargo del arqueólogo Aldo Petri, con una explicación sobre todos los trabajos que se han realizado, los que se van a llegar a cabo y las informaciones y conclusiones a las que se están llegando sobre los usos y costumbres durante la Guerra Civil a partir de las piezas encontradas.

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Clausurada la exposición “Entre fortines y trincheras” de Navalagamella

  • El historiador Luis Togores y una tanqueta de su colección, protagonistas.

La exposición itinerante promovida por la Dirección General de Patrimonio Cultural de la Comunidad de Madrid, “Entre fortines y trincheras”, que se ha podido visitar en Navalagamella durante más de un mes, fue clausurada con una conferencia a cargo de Luis Togores, historiador, profesor universitario y escritor, acompañado de Andrés Samperio, alcalde de Navalagamella y el periodista Eduardo García Serrano.

La interesante conferencia de Luis Togores se basó en el desarrollo de la Batalla de Brunete, analizando las estrategias y los fallos y aciertos de los generales de ambos bandos; y explicó cómo fue la batalla de carros de combate más importante de toda la Guerra Civil. En este sentido, Togores hizo un relato detallado, con interesante material fotográfico, de los distintos carros de combate, analizando el país de fabricación, sus características, sus cualidades, sus defectos y cómo se utilizaron en el conflicto bélico.

Luis Togores también contó interesantes y desconocidas anécdotas que hicieron las delicias del numeroso público que se dio cita en el Centro Cultural “Anabel Ochoa” y fue el propio historiador quien cedió una reproducción de una tanqueta de la Guerra Civil, perteneciente a su colección particular, vehículo que llamó la atención de todos los asistentes y fue continuamente fotografiado.

La exposición “Entre fortines y trincheras” va recorriendo distintos municipios de la Comunidad de Madrid y ofrece una completa visión del desarrollo de la Guerra Civil en la región, con cuatro grandes bloques temáticos que guían al visitante como: La defensa de Madrid, Las grandes batallas, La fortificación de un paisaje y La guerra en retaguardia.

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El Escorial pone en marcha un par de muestras y varias actividades para profundizar en la huella de Felipe II

  • Mañana arranca la primera exposición 18h Centro Castilla.

Cualquier referencia que se haga al topónimo Escorial, lo relacionamos inevitablemente con la Octava Maravilla y con el monasterio mandado edificar por Felipe II en uno de los márgenes de la dehesa de La Herrería. Sin embargo, existe un Escorial escondido oculto por la ingente obra filipina, anterior a su magna obra, donde aquel monarca tuvo su casa, su pequeña corte, su convento y hasta su capilla real.

Durante una decena de años (1561-71), una de las capitales del mundo fue este Escorial escondido, en el que el rey tuvo su residencia oficial, y en el que Ruy Gómez de Silva y Ana de Mendoza, fueron sus vecinos. Para grandes personalidades como Juan de Austria y el duque de Alba, Felipe II construye lo que se llamó: la Casa del Estado, eso sí en el lado contrario a la residencia de los Éboli; mientras que Pedro Fernández de Cabrera (Conde de Chinchón), y Luis de Rojas y Sandoval, III marqués de Denia, entre otros, construían sus viviendas en el entorno de la residencia oficial del rey.

El Ayuntamiento de El Escorial y su Concejalía de Cultura, en coordinación con el Historiador Gregorio Sanchez Meco, en lo que viene siendo una actividad tradicional, han preparado para los meses de mayo y junio, dos Exposiciones. La primera que abarcará todo el mes de mayo, la denominamos: El Escorial. La pequeña Corte de un gran rey; la segunda que abarcará todo el mes de junio, bajo el nombre de: La Indumentaria y los refugios de la intimidad. El objetivo de ambas es profundizar en el conocimiento de la huella dejada por Felipe II en el lugar que le sirvió de cobijo mientras ponía en marcha su ingente obra.

Pero la recuperación de la estela filipina de este Escorial, no se reduce a dos exposiciones, sino que la acompañan toda una larga serie de actos tales como: la reconstrucción documental de su casa, capilla y monasterio de prestado, actividades cinegéticas, gastronomía, conferencias sobre distintos temas, visitas culturales a enclaves tan singulares como La Granjilla y La Fresneda, recuperación de juegos tradicionales para niños de la época, conciertos de música renacentista, ciclos de cine, etc.

En el programa, vecinos y visitantes quedan convocados a toda una serie de actos en los que tan pronto podrán encontrarse con un desfile en el que las autoridades de la villa reciben al rey Felipe II, como podrán degustar en sus bares y restaurantes un plato de la cocina filipina.

Un año más FIASGU y las Fiestas Patronales también dedicarán parte de sus actividades al motivo elegido, en esta ocasión el Rey Felipe II y su Corte, como ha sucedido en anteriores ediciones con la temática de la Fábrica de Chocolates Matias López o el Agua el pasado año.

Con el orgullo que da mostrar un retazo de lo que durante siglos ha permanecido oculto, se abren las puertas de este Escorial Escondido a todos los escurialenses, y como no, a todos aquellos visitantes que se pregunten, las razones que llevaron al más poderoso monarca español de todos los tiempos, a buscar entre fresnos y sculetum albergue para su casa.

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Nuestras costumbres: la matanza

Siendo yo pequeña, era costumbre que todas las familias del pueblo hicieran matanza, dando igual el tamaño del cerdo. Se reunían tanto hombres como mujeres para ayudar a matarlo y para hacer todos los embutidos.
Era habitual sacar los cerdos a pastorear al igual que las ovejas. Lo hacían niños, los recogían por la mañana casa por casa y por la tarde los llevaban otra vez. Estos chicos según crecían se marchaban a trabajar fuera, por lo que se perdió la costumbre.
Yo me casé y he estado 40 años haciéndola, en casa teníamos todos los utensilios necesarios. Los cerdos se criaban en los meses de abril a diciembre, tiempo en el que se preparaba todo lo necesario para la matanza.
Los elementos necesarios para la matanza son: ajos, arroz, calabazas, cebollas, especias, laurel, orégano, pan, pimentón, pimienta negra, sal gorda y fina y tripas de vaca.
Una vez matado el cerdo se remueve la sangre para que no cuaje, se abre al cerdo para sacar las tripas y después se lavan en el arroyo dándolas la vuelta con un uso de madera y aclarándolas con vinagre y sal gorda. Después se quemaban los pelos con retamas ardiendo y con una piedra se frotaba la piel para dejarlo limpio. Finalmente se colgaba al cerdo boca abajo y se le dejaba reposar 24 horas; se llevaban 2 muestras al veterinario.

Preparación de Morcillas de Caldera
Se pelaban 50 kg de cebolla y se ponían a cocer en una caldera durante varias horas añadiendo sal, una vez cocidas se echaban en un saco de esterilla y se les ponía una piedra gorda encima para que escurriera todo el agua dejándolo 24 horas. En un calderillo se echaban las mantecas, agua, arroz, cebolla y las especias correspondientes y se mojaba el pan con la sangre en una artesa, finalmente se amasaba todo con las manos y se probaba antes de embutirlo en las tripas del cerdo. Una vez embutido se las cuece en una caldera y a continuación se cuelga en varas.
Preparación de Morcilla de Calabaza
Se partían las calabazas por la mitad y con cucharas se raspaban, hasta que solo quedara la corteza. Después se metía en un saco de esterilla con una piedra encima para que escurriera el jugo. En una artesa se echaba la calabaza, se picaban algunas mantecas y trozos de tocino, se echaban las especies, el pimentón, la sangre a gusto, y se amasaba y se embutían en tripas de vaca.

Preparación de Chorizo de Carne
Se limpiaban los trozos de carne que tenían los tocinos, se cogía todo el magro y a veces se echaba alguna paletilla o jamón, se hacía todo trozos y se echaban en una artesa de madera, echándole las especias correspondientes, ajos, granos de anís, sal y pimentón, todo ello se amasaba con las mano y se freía un poco en una sartén para probar como estaba de especias y finalmente se dejaba reposar y se embutía en las tripas del cerdo.

Preparación del Adobo
En una orza de barro, se echaba agua, pimentón y especias machacadas, echando la careta o papada, lomos y panceta, se dejaba reposar durante 5 días, se le daba la vuelta y a las 24h se sacaba y se ponía a escurrir.

Preparación de Chorizo de Bofe
Se cocía el estómago del cerdo denominado mondejo, se picaban los bofes, y la carne mas ensangrentada, se echaban las correspondientes especias y se embutía en tripas de cerdo.
El día de la matanza después de matar al cerdo se llevaba un poco de sangre a la casa para preparar las “patatas de salmorejo”, eran patatas cocidas con sangre, también se preparaban el “moje”, hígado en salsa con muchas especies, y el hígado asado y machacado.
Así se hacía la matanza en mi pueblo.

 

Margarita Santiago Señorís.

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Costumbres antiguas de la Sierra Oeste: las bodas

Los preparativos de la boda, empezaban por lavar la lana de los colchones, se hacia una fiesta, una pequeña romería en la que participaban gente mayor, mozos, mozas y niños. Por la mañana patatas, cocido, o otras legumbres, más tarde venía la juerga la gente joven aprovechaba para tirarse unos a otros a la charca donde se había lavado la lana, por supuesto se tiraban vestidas y terminaban todos chorreando, y así comenzaban las bodas.
Seis semanas antes de la boda se hacían las publicaciones en la iglesia, el cura lo publicaba en el púlpito durante tres domingos, por si alguna persona quería alegar algún motivo por el cual no podría celebrarse el matrimonio.
Después del primer domingo lo celebraban en casa de la novia,con almendras de tres clases, bollos de manteca, rosquillas, más tarde salieron las pastas, también había vino moscatel o vino dulce, ya que los refrescos casi no se conocían, acompañaban a los novios familiares, amigos y vecinos.
El día antes de la boda daban la despedida de solteros, haciendo los típicos callos.
El día de la boda preparaban el chocolate, mientras los novios se estaban casando. Después se marchaban a un salón o una casa grande, el chocolate lo servían en tazones con rebanadas de pan, los panes eran redondos y pesaban de dos a tres kilos.
La comida consistía en sopa de mariscos, carne guisada y ensalada.
La cena consistía en judías blancas, carne o pescado y de postre arroz con leche. Los novios tenían la costumbre de quitarles a los padres de los novios dos piernas de carne de ovejas y algunos platos de arroz con leche. Las madres se cogían un cabreo de mil demonios, pero al final todo quedaba en risas.
Terminada la cena pasaban al baile de las redomas, que consistían en un grupo de aficionados tocando sus guitarras. Los novios bailaban la jota por cada regalo que le hacían los invitados, que podía ser dinero, garbanzos, judías, aceite, patatas, vino, eran tales las cantidades que ya tenían para comer una temporada, al final los padres de los novios les bailaban un cerdo para que pudieran hacer la matanza.
Al día siguiente celebraban la torna boda, se reunía parte de la familia para ayudar a recoger todo el desorden que había quedado de la boda.

Margarita Santiago.

FOTO: Manuel Rodríguez El Relojero.

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El Escorial trabaja para proteger todos los archivos históricos del municipio

  • A través de la Fase IV de digitalización.

El Ayuntamiento de El Escorial informa del inicio de la cuarta fase de digitalización del Archivo Municipal que conserva los documentos producidos por la institución municipal desde la creación del municipio como villa, en 1565 por Felipe II, hasta la actualidad. El paso del tiempo no ha causado graves estragos sobre sus documentos, y por eso se puede decir que los documentos que forman su fondo es continuo desde el siglo XVI hasta la actualidad, siglo XXI.

El desvelo de los antiguos Regidores, preocupados por encontrar la mejor ubicación del local de archivo como puede verse en los documentos históricos, unido a la política que viene practicando la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento de El Escorial a través del Equipo de Gobierno, de protección y conservación del patrimonio documental municipal y de nuestra Comunidad, han favorecido, que hoy día, el archivo municipal de El Escorial sea un “gran tesoro” de fuentes históricas; tanto para el conocimiento del desarrollo de un municipio de realengo, El Escorial; como para el estudio del Real Sitio de San Lorenzo de El Escorial.

El fondo histórico está formado por una gran cantidad de documentos, que abarcan todas las actividades de la vida local: educación, sanidad, abastecimiento, justicia, urbanismo o gestión de los bienes de propios y del presupuesto. Por razones prácticas, hacia 1976 cuando se decidió trabajar el fondo histórico y microfilmarlo, los regidores del municipio y archiveros de la antigua Diputación de Madrid acotaron el fondo atendiendo a las siguientes fechas extremas 1534 – 1954.

El fondo del que estamos hablando se trasladó al Archivo Histórico Nacional para ser limpiado, fue trabajado por personal de archivo de la Diputación de Madrid, que poco después pasó a ser personal de la Comunidad de Madrid y, entre 1986 y 1988, unas subvenciones de la Comunidad permitieron adecuar un local de archivo en el Ayuntamiento de El Escorial y microfilmar todos los documentos trabajados.

Sobre esos documentos microfilmados se está realizando un nuevo trabajo que consiste en el paso de soporte microfilm a soporte digital. En este contexto, en el año 2010 se solicitó una subvención a la Comunidad de Madrid para pasar el microfilm a formato digital, fue concedida una cantidad que permitió pasar de un formato a otro unos 146 rollos de microfilm de un total de 316. Al trabajo realizado se le denominó primera fase del proceso de digitalización. En el año 2012, se recibió una nueva subvención de la Comunidad que permitió abordar una segunda fase, en la que se digitalizaron unos 68 rollos de microfilm. En el año 2013, se abordó la tercera fase, se digitalizaron 38 rollos de microfilm. Si sumamos las tres fases se han digitalizado desde el rollo 1 al rollo 253, siendo el toral 316. Este año, 2018, se ha recibido una nueva subvención, con ella se pretende abordar la cuarta fase del paso de microfilm a digital.

Los rollos de microfilm de los que se parte para realizar la digitalización se encuentran en muy buen estado de conservación. En muchos casos, cada hoja o folio de un documento histórico se corresponde con una imagen y esto ha permitido obtener imágenes digitales de una gran calidad.

En el Archivo Municipal de El Escorial durante el pasado año 2017 se dieron de alta ocho nuevos investigadores. Los temas de investigación se centran sobre todo en los documentos de mayor antigüedad, aquellos que forman el fondo histórico: la construcción del Monasterio o la vida de los artistas, de personajes ilustres o de peones que trabajaron en el mismo; documentos sobre los edificios más emblemáticos de El Escorial y del Real Sitio; la Cerca histórica de los Bosques Reales y los Caminos Reales; pleitos y justicia municipal o la vida local a través de las cuentas de propios del Concejo.

La consulta de los documentos más antiguos es bastante frecuente. El trabajo de digitalización permitirá en un futuro poder consultar los mismos desde la web municipal.

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Oficios antiguos: la siega y la trilla

En aquellos años era muy duro ir a segar. Se formaban unos grupos de hombres de cinco o seis personas, y un chaval, de entre dieciséis y dieciocho años. Mientras los mayores segaban el chaval o atero, que así le llamaban, iba haciendo haces y los agrupaba de veinte en veinte o más, hasta que se terminaba de segar toda la finca.
Algunas madres con hijos de doce años en adelante recogían las espigas que quedaban en la finca las desgranaban y las llevaban al molino.
Los segadores una vez terminada la siega, disponían los burros, mulas y mulos para traer los haces de la finca. A los animales se les colocaba en el lomo una montura de madera, con unos palos largos a los lados con las puntas afiladas, en ellas prendían los haces. También los traían en grandes carros traídos por mulas o vacas. Una vez en el prado lo colocaban en círculo (lo llamaban la parva).
Después se le enganchaba a los animales con unas cinchas la trilla y un chaval se sentaba en ella y comenzaba a dar vuelta sobre los haces, hasta que se separaba el grano de la paja. Una vez separados, había que esperar a ver si se movía el aire para con los bieldos limpiar los granos de la paja. Por último se envasaba el grano en costales largos y estrechos, hechos de loneta gorda, y la paja se llevaba en carros. Después lo repartían por las casas, guardándolo en el doblado o en pajares, los chavalitos y vecinos ayudaban en la tarea, que les servía de diversión.
Con el grano recogido, las familias tenían para hacer pan todo el año. Así recuerdo mi niñez.

Margarita Santiago.

FOTOS: L. Ayuso.

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El vino de San Martín de Valdeiglesias, muy apreciado en la corte de los Austrias

Cuando en 1085 se conquistó Toledo, el valle del Alberche debía ser un territorio ocupado por pequeñas comunidades de ganaderos asentados en lugares altos. Pero a partir del siglo XII los reyes castellanos impulsaron la “repoblación” con la concesión de tierras a instituciones eclesiásticas (a la catedral de Ávila, en Cebreros y sus alrededores; al arzobispado de Toledo en Alamín, que incluía Méntrida y Villa del Prado) y propiciaron el reagrupamiento de la población en torno a monasterios (Valdeiglesias, Burgohondo). Como estas comunidades religiosas necesitaban vino para la liturgia, iniciaron el cultivo de la vid muy pronto: las primeras noticias de viñas en Valdeiglesias son del siglo XIII, en Alamín de 1180, y en Cebreros de 1223.
En el siglo XV se extendió definitivamente. Las fuentes históricas nos hablan de viñas en El Tiemblo, Cebreros, San Martín de Valdeiglesias, Pelayos, Cadalso, Villa del Prado,… El desarrollo del comercio con Toledo, Ávila y Segovia propició la expansión del viñedo por todo el valle del Alberche. El monasterio de Valdeiglesias, la catedral de Ávila o la iglesia de Villa del Prado arrendaban sus tierras para el cultivo de la vid. Los vecinos de Pelayos, San Martín, El Tiemblo y Cebreros roturaban antiguas dehesas comunales, en muchas ocasiones de forma ilegal (“okupas” de viñas). Los regidores y nobles abulenses se apropiaban de dehesas y viñas por las bravas. A finales del siglo XV, Isabel la Católica procuró que las tierras ocupadas por los nobles volviesen al concejo de Ávila, pero Pedro Dávila, señor de Las Navas y regidor de Ávila, amenazaba a los vecinos de Cebreros diciendo que “el que viniere a deceparme las viñas, yo le deceparé la cabeza”. Un buen ejemplo de la cortesía y amabilidad que los poderosos utilizaban cuando se les tocaba “lo suyo”, que en realidad era de todos, pues en la mayoría de los casos eran tierras comunales.
La “burbuja vinícola” del Alberche arrastró otras actividades, especialmente la construcción. Se instalaban lagares y bodegas en los sótanos de las casas, todavía presentes en San Martín o en Cebreros. En 1460 se construyó el puente de San Juan y en 1498 el puente de la Nueva, ambos para facilitar el comercio de Valdeiglesias con Robledo de Chavela (Tierra de Segovia). Desde principios del siglo XV aparecieron los primeros inversores “capitalistas”: en Cebreros o en San Martín importantes familias judías compraron viñas para arrendarlas, entre ellos Rabí Meir Melamed, cuñado de Abraham Seneor, rabino mayor de Castilla y almojarife mayor de Castilla (lo que hoy sería aproximadamente el ministro de Hacienda). La actividad debió ser tan intensa que atrajo a numerosos “peones de las viñas”, mano de obra temporal y barata a la que se pagaba en dinero y también en “aguapié”, un vino de baja calidad.
A finales del siglo XV, el vino de San Martín era tan apreciado que se facilitaba su venta incluso en villas con abundante vino como Méntrida o Madrid, porque tenía fama de curar la peste. Al menos, seguro que contribuía a olvidar que se tenía.
En definitiva, el vino se convirtió en los siglos XVI y XVII en un producto de calidad, muy bien promocionado, y consiguió desarrollar económicamente el valle del Alberche, atrajo mano de obra e inversiones, aunque también provocó la corrupción inherente a toda actividad económica de éxito.

Lope de Vega y El vino de San Martín

Uno de los vinos más apreciados en España durante el siglo XVII fue el de San Martín de Valdeiglesias. Quevedo lo deseaba en sus poesías y en el Buscón; Cervantes lo señalaba como uno de los mejores de España en su Persiles; el mayor placer de Lope de Vega era almorzar torreznos con vino de San Martín; el monje cisterciense A. Manrique afirmaba que “no se equivocaba al decir que era el mejor de toda Europa”.

Hugo García Garcimartín. Historiador y profesor, es socio de Alberche-Albirka, asociación que coordina esta sección de divulgación histórica.
albirka.blogspot.com

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Cenicientos celebró su III Jornada Arqueológica

Cada año va tomando más relevancia la ya tradicional Jornada Arqueológica a Piedra Escrita, en esta edición se ha vuelto a contar con la actuación del grupo local de teatro El Cornetal, que ha añadido el toque artístico a la jornada.

El grupo de visitantes se reunió el sábado 19 de mayo en la Plaza del Huertecillo donde comenzó el evento con las actrices de El Cornetal interpretando la jota del picadillo, que hace referencia a costumbres coruchas. La alcaldesa Natalia Núñez dio la bienvenida a los asistentes, presentando a la empresa local encargada de la explicación turística Turiscelta.

La siguiente parada fue en la puerta de la iglesia de San Esteban Protomártir, donde se escenificó con gran realismo y crudeza el episodio de peste que asoló el pueblo a finales del siglo XVI. Dentro del templo, Luci Fermosel de la empresa Turiscelta narró detalladamente las repercusiones de la epidemia en Cenicientos, resaltando la gran ayuda prestada por los pueblos vecinos.

La caminata fue discurriendo dirección sur hacia el camino de Piedra Escrita con paradas en la lancha del Pinar, el guijo, y en el puente Tornoba donde de nuevo interpretó El Cornetal la escena del cambio del nombre de San Esteban por Cenicientos.

Al pie del molino harinero llamado Meléndez las actrices cantaron el popular Romance de la Molinera y el Corregidor.

Continuando la marcha se alcanzó el paraje de Piedra Escrita, con diversas explicaciones de los guías de Turiscelta acerca de la transcendencia histórica y religiosa del lugar.

Ante el monolito de Piedra Escrita los actores transmitieron a los visitantes la necesidad del cuidado y conservación del importante legado arqueológico.

El grupo continuó marchando hacia el paraje de los Cantos de Toledillo, también llamado la Ciudad Encantada, donde el Ayuntamiento y las Bodegas San Esteban Protomártir y Bodega ecológica Saavedra invitaron a una comida campestre.

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El arte expoliado del Monasterio de Santa María la Real de Valdeiglesias II

  • La portada renacentista del Monasterio se desmanteló y trasladó a la finca El Alamín en Toledo.

El número 211 de la Gaceta de Madrid publicado el 29 de julio de 1835 anunciaba un Real Decreto que en su punto número uno afirmaba: “Los monasterios y conventos de religiosos que no tengan 12 individuos profesos, de los cuales dos terceras partes a lo menos sean de coro, quedan desde luego suprimidos y lo mismo se verificará en lo sucesivo respecto de aquellos cuyo número venga a reducirse con el tiempo a menos de lo establecido.”
El Monasterio de Santa María la Real de Valdeiglesias, ya en clara recesión a todos los niveles, contaba con unos 10 monjes que tuvieron que abandonarlo. Ante las continuas cartas de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (RABASF) al Gobierno alertando de la posibilidad de destrucción del arte español, el Estado creó las llamadas Comisiones de Desamortización de Monumentos que, en teoría, se encargarían de contabilizar y velar por los objetos de arte que hubiera en estos lugares.

Portada renacentista (derecha), ahora en El Alamín.(Interviú)

En concreto, un legajo que se encuentra en la sede de la RABASF en Madrid con fecha 30 de abril de 1836 muestra el inventario de los elementos artísticos que había en el Monasterio por entonces. Además de la sillería del coro, el facistol y las pinturas de Juan Correa de Vivar ya mencionados en el anterior artículo, en este documento se habla de otros muchos objetos como por ejemplo: dos cabezas de Ecce-Homo que se encontraban en la sacristía, otras pinturas como el Descendimiento de San Juan Bautista situado junto a la capilla, una pintura de San Benito, El Martirio de San Lorenzo en el respaldo de la sillera y en el claustro superior un gran relieve de Jesucristo muerto además de muchas otras figuras, relieves y pinturas de menor consideración.
En 1853 un oficio del Gobierno de Madrid preguntaba a la Comisión Central de Monumentos sobre si la piedra del convento extramuros podría ser utilizada para construir una cárcel en San Martín de Valdeiglesias. Afortunadamente, esta comisión informó negativamente, aunque muchos objetos ya habían desaparecido para entonces como ya se puede intuir en un grabado de la Ilustración Española y Americana de 1892 realizado por Isidoro Salcedo.

Interior de la portada de El Alamín.

El Monasterio es finalmente propiedad del Estado en 1885, que se lo vende poco después a Ignacio José Escobar y López, I Marqués de Valdeiglesias. La familia del Marqués de Valdeiglesias lo poseyó hasta que se lo vende a Juan Claudio Güell, Marqués de Comillas en algún momento entre los años 1930-1940. Posteriormente, entre los años 1946 y 1956 la portada renacentista por donde se entraba al Monasterio se desmantela y traslada a la finca El Alamín en Toledo. Posiblemente, alrededor de 1951, el Marqués de Comillas lo habría vendido ya, aunque hubo que esperar a un auto judicial en 1962 para inscribirlo en el registro de la propiedad de San Martín de Valdeiglesias.

Elementos recuperados del pórtico.

Algunas personas han visitado los alrededores de esta finca privada para comprobar si efectivamente la portada renacentista se encuentra en este lugar, aunque no había sido posible encontrar evidencias fotográficas hasta ahora. Sin embargo, un reportaje de Interviú sobre Gerardo Díaz Ferrán en marzo de 2013 publicaba tanto en su portada como en las páginas interiores cómo los arcos de la portada y los torreones habían sido montados para ser la entrada de la residencia. La propia revista titulaba una de las fotografías: “La espectacular entrada de la residencia también alberga trofeos de caza”. Es bastante probable que muy poca gente que leyera esta información supiera de la procedencia e historia de esta entrada de piedra.
Como comenté en el anterior artículo, la gestión de Don Mariano García Benito consiguió que, la estatua de San Bernardo, un escudo con simbología cisterciense y otros elementos de la portada, se puedan admirar hoy en día en el Monasterio. Sin embargo, dos relieves, un blasón con retazos monárquicos y otras partes de esta espectacular portada, como el tímpano, continúan desaparecidos, aunque probablemente se encuentren en algún lugar de esta finca.
A diferencia de los anteriores propietarios, Don Mariano García Benito rápidamente se dio cuenta de la belleza y el arte contenidos en el Monasterio tras encontrar un anuncio en ABC en 1973 en el que se ponía a la venta, visitarlo a continuación y a las pocas semanas firmar la escritura de la propiedad. A pesar de su estado de ruina, no dudó ni un instante en pensar que lo que aún quedaba tenía un enorme valor histórico y cultural y que había que detener el expolio. Además, retomó la propuesta del Conde de Yepes para declarar Monumento Histórico-Artístico el Monasterio de Pelayos de la Presa en 1968. Finalmente, en noviembre de 1983 apareció en el Boletín Oficial del Estado, un Real Decreto firmado por Javier Solana declarando al Monasterio, Monumento Histórico-Artístico de carácter nacional.

Mario Cuellar.

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Pleitos entre los abades y la villa de San Martín de Valdeiglesias

  • El condestable Álvaro de Luna ganó la batalla al abad del monasterio en 1434.

En 1150, fecha del inicio de la construcción del Monasterio de Valdeiglesias, este valle apenas estaba habitado por doce eremitorios diseminados entre el desfiladero de San Juan y el cerro de Guisando. Alfonso VII decide unir a estos eremitas diseminados en la comarca, para fundar juntos, el monasterio de Santa María de Valdeiglesias, en Pelayos de la Presa. Y cabe a los monjes la tarea de repoblar la zona, bajo el apoyo real, una vez que Toledo (1085) ha sido ya conquistada y se requiere un avance decidido al sur del Tajo. Pronto, sin embargo, comienzan los pleitos entre el señorío abacial y los nuevos pobladores, puesto que el surgimiento de villas como las de San Martín, y en menor medida Pelayos, chocan con la omnipresencia de los monjes, señores únicos, en ese momento del valle.
El primer choque se produce en 1205, cincuenta y cinco años después de la Dotación del monasterio por parte de Alfonso VII, llamado el emperador por unir en su figura los reinos de Castilla, León y Galicia. El Tumbo, el libro que relata la historia del monasterio desde su creación hasta la Desamortización (1835) , ya señala que siendo abad del convento Bernardo tuvieron diferencias con los pobladores del valle de San Martín y de Pelayos “porque querían alzarse con toda la tierra de la Dotación que había dado a este monasterio el emperador”. El rey Alfonso VIII interviene y encarga al arzobispo de Toledo que intervenga y marque los términos. “Oyó las partes”, menciona el monje escribano del Tumbo, “y visitando la tierra” [el arzobispo de Toledo], dio sentencia “por la cual señaló vasallos a todos los moradores y vecinos de San Martín y de Pelayos, y los derechos que debían pagar al abad”. El monasterio había ganado. Pero, solo, de momento…
Los monjes fueron los repobladores del valle. A partir de su instalación en él, vinieron muchos pobladores, pero también se convirtieron en los señores de la comarca, y los pioneros de las villas pasaron de campesinos a vasallos abaciales. Por tanto, el conflicto estaba servido y durará siglos. Es tiempo en el que el monasterio extiende su poder con la incorporación de la granja de Alarza (de donde coge el trigo para los monjes, allá en el señorío de Plasencia), y las dehesas de las Cabreras y Navas [actual Navas del Rey]; así como el derecho de paso de ganados por la Cañada Real.
Este artículo no permite extenderse con detalle en la multitud de pleitos y peleas, incluso con “gente armada” entre la villa de San Martín, cada vez más en auge y los abades del monasterio. Digamos que en 1355, el obispo de Ávila, el influyente don Sancho, actúa a instancia del rey Juan I como juez árbitro, sentenciando a favor, nuevamente, del monasterio y mantiene el uso de las tierras para labrarlas y cultivarlas en beneficio de los monjes; así como el derecho de paso de ganados libres de cargas.
La venta de San Martín
La venta de San Martín a Álvaro de Luna, comendador de Castilla, en 1434, se produce precisamente, para intentar solventar los continuos pleitos entre los pobladores del valle y los monjes, señores del dominio abacial que incluye toda la comarca.
El monje relata esas supuestas razones para vender gran parte de la jurisdicción de Valdeiglesias a Alvaro de Luna, entonces verdadero hombre fuerte del rey Juan II. Y obviamente el monje toma partido a favor del monasterio: “los desafueros y maldades de los de dicha villa [San Martín] hacían y usaban con el abad y convento de este monasterio perdiendo la vergüenza y temor de Dios: no guardando el respeto que debían al abad como señor que era. Y fue tanto que viendo el dicho abad no se podía averiguar [arreglar] con ellos trató con el dicho condestable de venderle el dicho señorío de la dicha villa por salir de tan mala gente y tener paz”. “De tal venta no resultó la paz que se pretendía sino mayores dificultades y pleitos que al día de hoy [mediados del siglo XVII] no se han acabado”, afirma el monje que escribió el Tumbo.
Hoy estas palabras hay que entenderlas sin localismos absurdos. La razón de fondo del conflicto entre el emergente burgo de San Martín, formado por campesinos, artesanos que pronto tendrán mercado franco y la incipiente clase de caballeros, por una parte; y el monasterio de Valdeiglesias, por otra, era moneda común en grandes partes del Reino. En definitiva es la lucha, a veces cruenta, entre el poder urbano y el poder monacal. A mediados del siglo XV, las poblaciones urbanas aliadas con la nobleza real (representada en este caso por Alvaro de Luna) lograrán imponerse a los señores monacales cuyo poder era ya, especialmente en el caso de Valdeiglesias, sensiblemente inferior al de 1150.
Hay, sin embargo, otras razones y consecuencias de por qué el abad busca a Alvaro de Luna, para vender la gran parte de su jurisdicción hipotecando el futuro del monasterio. El Tumbo, veladamente, apunta a que el acuerdo de venta al condestable se hizo en contra de buena parte de los monjes. Ahí aparece la figura del abad Pedro de Urueña, quien urdió la venta por 30.000 maravedíes. Este monje, procedente del convento cisterciense de La Santa Espina, en Valladolid (casa madre de la que dependía Valdeiglesias), junto con otros cinco monjes más también de La Espina, fue la figura clave para realizar la operación. El abad tenía vinculación, probablemente, con Alonso de Urueña, el influyente abad de La Santa Espina.
Veinte años después de la venta, en 1453, otro abad, en este caso Alonso de Matatoros, originario de San Martín, intentó revertir la venta cuando se enteró de que Alvaro de Luna, había perdido drásticamente su influencia, e iba a ser ajusticiado en Valladolid. Un monje del convento viajó en menos de tres días desde Pelayos, para hablar con el todavía condestable de Castilla y “llamarle a misericordia”, pero al llegar a la ciudad vallisoletana encontró, dramáticamente, la siguiente escena en la plaza mayor vallisoletana: en una pica la cabeza de don Alvaro, y en el suelo su “cuerpo tronco”, como se narra (ver artículo del mismo autor en “Santa María de Valdeiglesias, un monasterio por descubrir”. Revista “Románico”. Enero 2018). Llegó tarde para intentar convencer a Alvaro de Luna puesto que acababa de ser ajusticiado. Pero, esa, es otra historia.

Castillo de la Coracera (San Martín de Valdeiglesias).

Una calle para el monje escribano

“El gran deseo que he tenido, y tengo, de servir en algo a este monasterio de Nuestra Señora de Valdeiglesias donde tomé este santo hábito, viéndome ya en los últimos años de mi vida y tan achacoso que no podía servir en otros oficios, tomé por asunto el componer los papeles del Archivo”. Así comienza el monje anónimo del Tumbo de Valdeiglesias, escrito entre 1636 y 1644, un libro elaborado en pergamino de más de mil páginas, que al cabo del tiempo es prácticamente el único testimonio escrito que se conserva del monasterio de Pelayos de la Presa.
Este monje realizó un trabajo minucioso durante ocho años recogiendo el escrito de Dotación, privilegios reales, bulas papales, pleitos entre vecinos y el monasterio. Sin él no sabríamos cómo vivían los monjes cistercienses, ni cuáles eran los términos y obras realizadas durante nueve siglos. Sorprende su rigor y meticulosidad. Este monje del convento, el Monje de Valdeiglesias, requeriría hoy el nombre de una calle por parte de los Ayuntamiento de Pelayos de la Presa, San Martín y Navas del Rey.

Enrique Jurado, periodista y presidente de la Asociación Cultural Alberche-Albirka, colectivo autor de esta serie de artículos históricos.
www.Albirka.blogspot.com.

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Cenicientos se convierte en propietario de Piedra Escrita

Todos los pueblos tienen un monumento emblemático que suele ser el más conocido y apreciado por los lugareños, les identifica como grupo, les sirve de insignia y es el orgullo patrio. En el caso de Cenicientos Piedra Escrita es, sin duda, su símbolo milenario. Pero no pocas veces, por remotos avatares de la historia, el terreno donde se emplaza el legado ancestral —o el bien cultural mismo— es propiedad privada. Y también era este el caso de Cenicientos.
El Equipo de Gobierno anunció el 23 de noviembre que, a través de la represetación de la alcaldesa, se había formalizado ante notario ese mismo día la compra de la finca de Piedra Escrita. “Creemos que hoy es un día muy importante para los coruchos y las coruchas, la finca ha sido adquirida por un precio de 4.000 euros, y para nosotros el valor histórico, patrimonial, arqueológico y sentimental es incalculable”, manifestaba la regidora, Natalia Núñez, que añadía su agradecimiento “a la familia Agudo Jiménez por su predisposición a que la finca pase a ser patrimonio de todos los coruchos y coruchas, que se valore y proteja como merece, en memoria de Consuelo e Isabelo”.
Piedra Escrita viene suscitando en los últimos años un gran interés por parte de propios y visitantes. “Lucharemos por desarrollar un proyecto turístico ambicioso y de calidad para que repercuta en el municipio a nivel económico y turístico”, manifestaba Núñez llena de satisfacción.
Su intención es intentar que el monolito sea declarado Bien de Interés Cultural y que Patrimonio ayude a su protección y difusión. “Piedra Escrita es única, y hay que ponerla en valor con todo lo que ello conlleva”, afirma la alcaldesa.
Una piedra milenaria
El yacimiento de Piedra Escrita se encuentra emplazado a unos 3,5 km. al SE del casco urbano de Cenicientos. Es un monumento esculpido en una piedra granítica de unos 7 metros de altura y 9 de circunferencia, datada en el S.II d. C. Se trata de un edículo u oratorio rural, es decir, un santuario rupestre, esculpido como exvoto u obsequio, aprovechando una formación pétrea natural. En su lado occidental hay labrada una hornacina vertical con tres espacios bien delimitados: una cabecera semicircular en forma de concha lisa (más superficial) y dos espacios rectangulares apaisados, que miden en conjunto 1.77 x 1.27 m. En el superior puede apreciarse una escena con dos personas a la derecha de un altar frente a una tercera, vestida con ropas talares romanas, de mayor volumen y prestancia. Debajo se encuentran dos siluetas borrosas de animales, posiblemente dedicadas al oso sagrado de la diosa Diana. A la izquierda de los relieves aparece la inscripción “A las tres Marías”, según se interpretó de época medieval pero que en 1995 la epigrafista de la UAM Alicia M. Canto descifró como una inscripción romana que subsistía bajo diversos retoques resultando ser la dedicatoria votiva de un particular en agradecimiento a la diosa Diana, con el texto: A(nimo) l(ibens) s(olvit votum) Sisc(inius?) Q(uietus?, -uartus? Dianae, “Sisquinio Q(…?) (consagró este monumento) a Diana, cumpliendo con agrado su promesa”, con lo que el monumento sería primeramente un oratorio rupestre romano.
Alicia M. Canto indicó además una serie de paralelos para este tipo de santuarios, especialmente el de Segóbriga, dedicado también a Diana (aunque en su vertiente cazadora), que cuenta con una serie de hornacinas grabadas muy similares. La indumentaria de Diana y la figura del oso tienen un buen paralelo en una dedicación a la diosa Artio de la ciudad suiza de Muri (Museo de Berna), mientras que la garra úrsida era una señal delimitadora de bosques (generalmente sagrados) en el mundo romano. Pero no sería la religiosa su única función: alineándolo con otros hitos antiguos la autora propuso que Piedra Escrita formara parte de la frontera romana entre las provincias Hispania Citerior y Lusitania.
La ocupación la zona donde se sitúa el monolito se confirma con datos bibliográficos a partir de la plena Edad Media. Existe un documento en el archivo de la Catedral de Toledo, que data de 1188, en el que el arzobispo de Toledo autoriza al licenciado Martín Gómez a construir una iglesia en la zona de Piedra Escrita, mencionada también posteriormente en el Libro de Montería de Alfonso XI, ya a mediados del S.XIV.
Se han identificado distintos emplazamientos o enclaves al noreste del monolito, que nos indican la presencia de poblamiento medieval en el entorno del monumento y se ha localizado la posible ubicación de la ermita del siglo XII además de una necrópolis medieval compuesta por 36 tumbas conocidas, excavadas en piedra y típicas de la época altomedieval.
Camino de Piedra Escrita
El camino se encuentra registrado en el Catálogo de Bienes y Espacios Protegidos de la Comunidad de Madrid como una vía romana desde principios de los años noventa del pasado siglo. El posible origen del Camino en época romana, perduró en época medieval hasta la actualidad, quizá asociado a la trashumancia.

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El Tren de Felipe II, un convoy de los años ’50, comienza su andadura con una propuesta que combina turismo histórico y ocio

El 4 de julio fue presentado el Tren turístico de Felipe II, que ha comenzado sus trayectos regulares el día 8. Operando de martes a domingo, el convoy de época sale de la Estación de Príncipe Pío a las 10:20 horas y llega a la Estación de El Escorial 50 minutos después, desde donde un autobús lleva en cinco minutos a los visitantes al casco urbano de San Lorenzo de El Escorial. El trayecto de vuelta hacia Madrid es las 18:15 horas.

Dos modalidades de trayecto

El Tren de Felipe II ofrece dos posibilidades de disfrutar de este viaje histórico, con dos tarifas diferentes: el “Pack Imperial”, que incluye recepción y animación en la Estación Príncipe Pío de Madrid y durante el viaje de ida y vuelta y desplazamiento en autobús entre la estación y el casco urbano de San Lorenzo de El Escorial.

Además, incluye una visita guiada de una hora y media al interior del Monasterio de El Escorial, en compañía de guías oficiales de turismo y visita de 45 minutos al casco histórico de San Lorenzo de El Escorial. Este pack ofrece una consumición gratuita en el restaurante de la Estación de Autobuses de San Lorenzo, presentando el billete. Se regresa en autobús a la estación de cercanías para retornar a Madrid, aunque hay posibilidad de volver por carretera al Intercambiador de Moncloa. Los precios por persona son de 32€ por adulto, 20€ por niños de entre 4 y12 años, y los menores de 4 años no pagan. Hay tarifas especiales para familias (entre 80 y 120€) y para grupos (entre 109 y 205€).

El pack ‘Leyendas Reales’ incluye, además de la recepción y animación en la estación de Príncipe Pío y el viaje de ida y vuelta, una visita teatralizada de 180 minutos en los exteriores de la fábrica de Chocolates Matías López, en parques y jardines de la Casita del Príncipe, en el casco histórico de San Lorenzo de El Escorial y en los jardines y exteriores del Monasterio. También una consumición gratuita presentando el billete y la misma forma de regresar a Madrid. Los precios por persona son de 27€ por adulto, 15€ por niños de entre 4 y 12 años, y los menores de 4 años no pagan. Hay precios especiales para familias (entre 60 y 90€) y para grupos (entre 92 y 173€). En las dos opciones se incluye teatralización y un menú adulto, por 9,50€ y uno infantil, por 7,50€.

También existe la posibilidad de realizar viajes a medida que se pueden solicitar a través de la web: trendefelipeii.com

El Tren de Felipe II es una iniciativa del Ayuntamiento de San Lorenzo de El Escorial, la Comunidad de Madrid, Patrimonio Nacional, la Fundación de Ferrocarriles de España y la empresa de transportes ALSA. Se da la circunstancia que con este tren es la primera vez que un ferrocarril español está operado por una empresa privada.

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Más de medio centenar de personas volvieron a pisar el frente de Valdemorillo

  • Las  Jornadas sobre la Batalla de Brunete resultaron una experiencia que puso sobre la mesa la importancia del debate y el interés por conocer mejor esta parte de la historia local.
  • Antonio Laborda y Ernesto Viñas, proporcionaron una visión muy completasobre el modo en que este pueblo vivió con especial intensidad la Guerra Civil.
  • Se proyectó ‘El destierro’ película merecedora de una gran acogida a nivel internacional.

Despertando gran interés, y sobre todo, una participación que pone al descubierto la utilidad de este tipo de convocatoria, las Jornadas sobre la Batalla de Brunete organizadas en Valdemorillo han superado incluso la meta propuesta, saldándose con “gran éxito”. Y así se destaca por parte de la Concejalía de Educación y Cultura que, junto a la inestimable colaboración de Antonio Laborda, promotor de la idea, y del investigador y gran experto en la materia, Ernesto Viñas, han hecho posible el desarrollo de unos encuentros, primeros de este tipo organizados en la zona, que, ante todo, han servido para acercar la visión “más completa, mejor documentada y contrastada” de esta parte de la historia local por la que, incluso, muchos de los participantes llegaron literalmente a transitar. Y es que más de medio centenar de personas ‘volvieron al frente’ este domingo, 14 de mayo, para reencontrarse con las trincheras, los fortines y refugios que aún muestran la líne de aquel frente donde se libró la guerra que de forma tan intensa vivió Valdemorillo, lugar estratégico en el camino de Madrid.

Toda una experiencia de encuentro con un período que supieron abordar con acierto y objetividad los dos destacados ponentes, Laborda, centrando su intervención en la etapa del 36 al 37, para repasar después los años finales de la contienda, y el propio Viñas, miembro del colectivo Brunete en la Memoria, que precisamente se centró en la batalla que sirvió de base a estas Jornadas. Palabras y datos rigurosos que tuvieron su continuidad en la visita guiada a la exposición ‘Vestigios de una guerra’, donde objetos de todo tipo, desde armas y cascos a las piezas de la vida más cotidiana, como cubiertos, platos, maquinillas de afeitar…, dan idea buena idea también de lo vivido entonces en el municipio. Y es que las imágenes como material para la reflexión no faltaron en esta cita, destacando igualmente la proyección de ‘El destierro’, película de tono intimista y contenido filosófico muy aplaudida por los espectadores de la gran pantalla de Valdemorillo en presencia, además, de su director y uno de sus productores. Dos profesionales comprometidos con este tipo de films. De hecho, este es un título más conocido a nivel internacional que nacional, que ya se anunciaba avalado por la gran acogida dada al mismo en las salas de muchos otros países, desde Noruega a Corea, por citar sólo algunos ejemplos. Un reconocimiento a su contenido que Valdemorillo también supo mostrarle, culminando la velada en clave de interesante coloquio.

Y ya horas después, como el mejor colofón a “este gran aprendizaje”, la citada ruta guiada a lo largo de doce kilómetros, distancia que se completó en cinco horas de marcha bien acompañada por las indicaciones tanto de Ernesto Viñas como de Dionisio López, gran conocedor también del terreno por haber sido pastor en su niñez. Buena fórmula, en suma, de acercarse a la Historia desde el conocimiento directo de sus propios restos, de su escenario real, en una andadura que contó ifaulemete con el apoyo de Protección Civil, cuyos voluntarios prestaron atención en todo momento al grupo que completó el paseo con la satisfacción de descubrir mucho más del lugar, llevando a su mirada los importantes elementos bien conservados de esta “arqueología bélica” tan presentes en esta parte de paisaje valdemorillense.

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LOCAL PELAYOS

 

LOCAL PELAYOS

 

Chollocolchon

 

A21 SIERRA OESTE

 

 

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