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El Escorial trabaja para proteger todos los archivos históricos del municipio

  • A través de la Fase IV de digitalización.

El Ayuntamiento de El Escorial informa del inicio de la cuarta fase de digitalización del Archivo Municipal que conserva los documentos producidos por la institución municipal desde la creación del municipio como villa, en 1565 por Felipe II, hasta la actualidad. El paso del tiempo no ha causado graves estragos sobre sus documentos, y por eso se puede decir que los documentos que forman su fondo es continuo desde el siglo XVI hasta la actualidad, siglo XXI.

El desvelo de los antiguos Regidores, preocupados por encontrar la mejor ubicación del local de archivo como puede verse en los documentos históricos, unido a la política que viene practicando la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento de El Escorial a través del Equipo de Gobierno, de protección y conservación del patrimonio documental municipal y de nuestra Comunidad, han favorecido, que hoy día, el archivo municipal de El Escorial sea un “gran tesoro” de fuentes históricas; tanto para el conocimiento del desarrollo de un municipio de realengo, El Escorial; como para el estudio del Real Sitio de San Lorenzo de El Escorial.

El fondo histórico está formado por una gran cantidad de documentos, que abarcan todas las actividades de la vida local: educación, sanidad, abastecimiento, justicia, urbanismo o gestión de los bienes de propios y del presupuesto. Por razones prácticas, hacia 1976 cuando se decidió trabajar el fondo histórico y microfilmarlo, los regidores del municipio y archiveros de la antigua Diputación de Madrid acotaron el fondo atendiendo a las siguientes fechas extremas 1534 – 1954.

El fondo del que estamos hablando se trasladó al Archivo Histórico Nacional para ser limpiado, fue trabajado por personal de archivo de la Diputación de Madrid, que poco después pasó a ser personal de la Comunidad de Madrid y, entre 1986 y 1988, unas subvenciones de la Comunidad permitieron adecuar un local de archivo en el Ayuntamiento de El Escorial y microfilmar todos los documentos trabajados.

Sobre esos documentos microfilmados se está realizando un nuevo trabajo que consiste en el paso de soporte microfilm a soporte digital. En este contexto, en el año 2010 se solicitó una subvención a la Comunidad de Madrid para pasar el microfilm a formato digital, fue concedida una cantidad que permitió pasar de un formato a otro unos 146 rollos de microfilm de un total de 316. Al trabajo realizado se le denominó primera fase del proceso de digitalización. En el año 2012, se recibió una nueva subvención de la Comunidad que permitió abordar una segunda fase, en la que se digitalizaron unos 68 rollos de microfilm. En el año 2013, se abordó la tercera fase, se digitalizaron 38 rollos de microfilm. Si sumamos las tres fases se han digitalizado desde el rollo 1 al rollo 253, siendo el toral 316. Este año, 2018, se ha recibido una nueva subvención, con ella se pretende abordar la cuarta fase del paso de microfilm a digital.

Los rollos de microfilm de los que se parte para realizar la digitalización se encuentran en muy buen estado de conservación. En muchos casos, cada hoja o folio de un documento histórico se corresponde con una imagen y esto ha permitido obtener imágenes digitales de una gran calidad.

En el Archivo Municipal de El Escorial durante el pasado año 2017 se dieron de alta ocho nuevos investigadores. Los temas de investigación se centran sobre todo en los documentos de mayor antigüedad, aquellos que forman el fondo histórico: la construcción del Monasterio o la vida de los artistas, de personajes ilustres o de peones que trabajaron en el mismo; documentos sobre los edificios más emblemáticos de El Escorial y del Real Sitio; la Cerca histórica de los Bosques Reales y los Caminos Reales; pleitos y justicia municipal o la vida local a través de las cuentas de propios del Concejo.

La consulta de los documentos más antiguos es bastante frecuente. El trabajo de digitalización permitirá en un futuro poder consultar los mismos desde la web municipal.

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Oficios antiguos: la siega y la trilla

En aquellos años era muy duro ir a segar. Se formaban unos grupos de hombres de cinco o seis personas, y un chaval, de entre dieciséis y dieciocho años. Mientras los mayores segaban el chaval o atero, que así le llamaban, iba haciendo haces y los agrupaba de veinte en veinte o más, hasta que se terminaba de segar toda la finca.
Algunas madres con hijos de doce años en adelante recogían las espigas que quedaban en la finca las desgranaban y las llevaban al molino.
Los segadores una vez terminada la siega, disponían los burros, mulas y mulos para traer los haces de la finca. A los animales se les colocaba en el lomo una montura de madera, con unos palos largos a los lados con las puntas afiladas, en ellas prendían los haces. También los traían en grandes carros traídos por mulas o vacas. Una vez en el prado lo colocaban en círculo (lo llamaban la parva).
Después se le enganchaba a los animales con unas cinchas la trilla y un chaval se sentaba en ella y comenzaba a dar vuelta sobre los haces, hasta que se separaba el grano de la paja. Una vez separados, había que esperar a ver si se movía el aire para con los bieldos limpiar los granos de la paja. Por último se envasaba el grano en costales largos y estrechos, hechos de loneta gorda, y la paja se llevaba en carros. Después lo repartían por las casas, guardándolo en el doblado o en pajares, los chavalitos y vecinos ayudaban en la tarea, que les servía de diversión.
Con el grano recogido, las familias tenían para hacer pan todo el año. Así recuerdo mi niñez.

Margarita Santiago.

FOTOS: L. Ayuso.

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El vino de San Martín de Valdeiglesias, muy apreciado en la corte de los Austrias

Cuando en 1085 se conquistó Toledo, el valle del Alberche debía ser un territorio ocupado por pequeñas comunidades de ganaderos asentados en lugares altos. Pero a partir del siglo XII los reyes castellanos impulsaron la “repoblación” con la concesión de tierras a instituciones eclesiásticas (a la catedral de Ávila, en Cebreros y sus alrededores; al arzobispado de Toledo en Alamín, que incluía Méntrida y Villa del Prado) y propiciaron el reagrupamiento de la población en torno a monasterios (Valdeiglesias, Burgohondo). Como estas comunidades religiosas necesitaban vino para la liturgia, iniciaron el cultivo de la vid muy pronto: las primeras noticias de viñas en Valdeiglesias son del siglo XIII, en Alamín de 1180, y en Cebreros de 1223.
En el siglo XV se extendió definitivamente. Las fuentes históricas nos hablan de viñas en El Tiemblo, Cebreros, San Martín de Valdeiglesias, Pelayos, Cadalso, Villa del Prado,… El desarrollo del comercio con Toledo, Ávila y Segovia propició la expansión del viñedo por todo el valle del Alberche. El monasterio de Valdeiglesias, la catedral de Ávila o la iglesia de Villa del Prado arrendaban sus tierras para el cultivo de la vid. Los vecinos de Pelayos, San Martín, El Tiemblo y Cebreros roturaban antiguas dehesas comunales, en muchas ocasiones de forma ilegal (“okupas” de viñas). Los regidores y nobles abulenses se apropiaban de dehesas y viñas por las bravas. A finales del siglo XV, Isabel la Católica procuró que las tierras ocupadas por los nobles volviesen al concejo de Ávila, pero Pedro Dávila, señor de Las Navas y regidor de Ávila, amenazaba a los vecinos de Cebreros diciendo que “el que viniere a deceparme las viñas, yo le deceparé la cabeza”. Un buen ejemplo de la cortesía y amabilidad que los poderosos utilizaban cuando se les tocaba “lo suyo”, que en realidad era de todos, pues en la mayoría de los casos eran tierras comunales.
La “burbuja vinícola” del Alberche arrastró otras actividades, especialmente la construcción. Se instalaban lagares y bodegas en los sótanos de las casas, todavía presentes en San Martín o en Cebreros. En 1460 se construyó el puente de San Juan y en 1498 el puente de la Nueva, ambos para facilitar el comercio de Valdeiglesias con Robledo de Chavela (Tierra de Segovia). Desde principios del siglo XV aparecieron los primeros inversores “capitalistas”: en Cebreros o en San Martín importantes familias judías compraron viñas para arrendarlas, entre ellos Rabí Meir Melamed, cuñado de Abraham Seneor, rabino mayor de Castilla y almojarife mayor de Castilla (lo que hoy sería aproximadamente el ministro de Hacienda). La actividad debió ser tan intensa que atrajo a numerosos “peones de las viñas”, mano de obra temporal y barata a la que se pagaba en dinero y también en “aguapié”, un vino de baja calidad.
A finales del siglo XV, el vino de San Martín era tan apreciado que se facilitaba su venta incluso en villas con abundante vino como Méntrida o Madrid, porque tenía fama de curar la peste. Al menos, seguro que contribuía a olvidar que se tenía.
En definitiva, el vino se convirtió en los siglos XVI y XVII en un producto de calidad, muy bien promocionado, y consiguió desarrollar económicamente el valle del Alberche, atrajo mano de obra e inversiones, aunque también provocó la corrupción inherente a toda actividad económica de éxito.

Lope de Vega y El vino de San Martín

Uno de los vinos más apreciados en España durante el siglo XVII fue el de San Martín de Valdeiglesias. Quevedo lo deseaba en sus poesías y en el Buscón; Cervantes lo señalaba como uno de los mejores de España en su Persiles; el mayor placer de Lope de Vega era almorzar torreznos con vino de San Martín; el monje cisterciense A. Manrique afirmaba que “no se equivocaba al decir que era el mejor de toda Europa”.

Hugo García Garcimartín. Historiador y profesor, es socio de Alberche-Albirka, asociación que coordina esta sección de divulgación histórica.
albirka.blogspot.com

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Cenicientos celebró su III Jornada Arqueológica

Cada año va tomando más relevancia la ya tradicional Jornada Arqueológica a Piedra Escrita, en esta edición se ha vuelto a contar con la actuación del grupo local de teatro El Cornetal, que ha añadido el toque artístico a la jornada.

El grupo de visitantes se reunió el sábado 19 de mayo en la Plaza del Huertecillo donde comenzó el evento con las actrices de El Cornetal interpretando la jota del picadillo, que hace referencia a costumbres coruchas. La alcaldesa Natalia Núñez dio la bienvenida a los asistentes, presentando a la empresa local encargada de la explicación turística Turiscelta.

La siguiente parada fue en la puerta de la iglesia de San Esteban Protomártir, donde se escenificó con gran realismo y crudeza el episodio de peste que asoló el pueblo a finales del siglo XVI. Dentro del templo, Luci Fermosel de la empresa Turiscelta narró detalladamente las repercusiones de la epidemia en Cenicientos, resaltando la gran ayuda prestada por los pueblos vecinos.

La caminata fue discurriendo dirección sur hacia el camino de Piedra Escrita con paradas en la lancha del Pinar, el guijo, y en el puente Tornoba donde de nuevo interpretó El Cornetal la escena del cambio del nombre de San Esteban por Cenicientos.

Al pie del molino harinero llamado Meléndez las actrices cantaron el popular Romance de la Molinera y el Corregidor.

Continuando la marcha se alcanzó el paraje de Piedra Escrita, con diversas explicaciones de los guías de Turiscelta acerca de la transcendencia histórica y religiosa del lugar.

Ante el monolito de Piedra Escrita los actores transmitieron a los visitantes la necesidad del cuidado y conservación del importante legado arqueológico.

El grupo continuó marchando hacia el paraje de los Cantos de Toledillo, también llamado la Ciudad Encantada, donde el Ayuntamiento y las Bodegas San Esteban Protomártir y Bodega ecológica Saavedra invitaron a una comida campestre.

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‘El oro de los faraones’, tertulia literaria en Valdemorillo

  • Laura di Nobile intervendrá como ponente en la nueva propuesta de este colectivo, a disfrutar este sábado, 19 de mayo, a partir de las 19,00 horas, en el salón de actos del Edificio María Giralt.

Considerado como la carne de los dioses, a partir de él se esculpieron las estatuas de sus divinidades. Porque el oro fue material importante para los egipcios, hasta el punto de implicar una gran organización a la hora de garantizar su extracción, generando gran poder en los templos… El repaso a estas realidades, el análisis de lo que significó el preciado metal para los faraones, este es el contenido propuesto por la Tertulia Literaria La Fuente para el encuentro que asoma ya como próxima cita en su agenda mensual. Será este sábado, 19 de mayo, a partir de las 19,00 horas, tomando una vez más como espacio abierto al público, gratuitamente, el salón de actos del edificio María Giralt.

Y para abordar en Valdemorillo esta temática, que pone sello de interés histórico y conocimiento a esta tarde para el debate y el intercambio de impresiones que siempre corona estos encuentros, una ponente. Porque Laura si Nobile, licenciada en Historia del Arte es la encargada de guiar esta curiosa puesta en común destinada a abordar un Egipto que, más allá de las pirámides, deja imágenes de impresionantes piezas creadas precisamente a partir de ese oro cuyo sentido último se busca desentrañar ahora con esta convocatoria del colectivo que preside Pilar Rodríguez Laserna, que cuenta, una vez más, con el respaldo del área de Cultura para el desarrollo de esta programación.

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III Jornadas Arqueológicas de Cenicientos

Por tercer año consecutivo El Ayuntamiento de Cenicientos organiza una marcha por los lugares históricos de la localidad y la actuación del Grupo de Teatro El Cornetal. Salida desde la Plaza del Huertecillo.

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El arte expoliado del Monasterio de Santa María la Real de Valdeiglesias II

  • La portada renacentista del Monasterio se desmanteló y trasladó a la finca El Alamín en Toledo.

El número 211 de la Gaceta de Madrid publicado el 29 de julio de 1835 anunciaba un Real Decreto que en su punto número uno afirmaba: “Los monasterios y conventos de religiosos que no tengan 12 individuos profesos, de los cuales dos terceras partes a lo menos sean de coro, quedan desde luego suprimidos y lo mismo se verificará en lo sucesivo respecto de aquellos cuyo número venga a reducirse con el tiempo a menos de lo establecido.”
El Monasterio de Santa María la Real de Valdeiglesias, ya en clara recesión a todos los niveles, contaba con unos 10 monjes que tuvieron que abandonarlo. Ante las continuas cartas de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (RABASF) al Gobierno alertando de la posibilidad de destrucción del arte español, el Estado creó las llamadas Comisiones de Desamortización de Monumentos que, en teoría, se encargarían de contabilizar y velar por los objetos de arte que hubiera en estos lugares.

Portada renacentista (derecha), ahora en El Alamín.(Interviú)

En concreto, un legajo que se encuentra en la sede de la RABASF en Madrid con fecha 30 de abril de 1836 muestra el inventario de los elementos artísticos que había en el Monasterio por entonces. Además de la sillería del coro, el facistol y las pinturas de Juan Correa de Vivar ya mencionados en el anterior artículo, en este documento se habla de otros muchos objetos como por ejemplo: dos cabezas de Ecce-Homo que se encontraban en la sacristía, otras pinturas como el Descendimiento de San Juan Bautista situado junto a la capilla, una pintura de San Benito, El Martirio de San Lorenzo en el respaldo de la sillera y en el claustro superior un gran relieve de Jesucristo muerto además de muchas otras figuras, relieves y pinturas de menor consideración.
En 1853 un oficio del Gobierno de Madrid preguntaba a la Comisión Central de Monumentos sobre si la piedra del convento extramuros podría ser utilizada para construir una cárcel en San Martín de Valdeiglesias. Afortunadamente, esta comisión informó negativamente, aunque muchos objetos ya habían desaparecido para entonces como ya se puede intuir en un grabado de la Ilustración Española y Americana de 1892 realizado por Isidoro Salcedo.

Interior de la portada de El Alamín.

El Monasterio es finalmente propiedad del Estado en 1885, que se lo vende poco después a Ignacio José Escobar y López, I Marqués de Valdeiglesias. La familia del Marqués de Valdeiglesias lo poseyó hasta que se lo vende a Juan Claudio Güell, Marqués de Comillas en algún momento entre los años 1930-1940. Posteriormente, entre los años 1946 y 1956 la portada renacentista por donde se entraba al Monasterio se desmantela y traslada a la finca El Alamín en Toledo. Posiblemente, alrededor de 1951, el Marqués de Comillas lo habría vendido ya, aunque hubo que esperar a un auto judicial en 1962 para inscribirlo en el registro de la propiedad de San Martín de Valdeiglesias.

Elementos recuperados del pórtico.

Algunas personas han visitado los alrededores de esta finca privada para comprobar si efectivamente la portada renacentista se encuentra en este lugar, aunque no había sido posible encontrar evidencias fotográficas hasta ahora. Sin embargo, un reportaje de Interviú sobre Gerardo Díaz Ferrán en marzo de 2013 publicaba tanto en su portada como en las páginas interiores cómo los arcos de la portada y los torreones habían sido montados para ser la entrada de la residencia. La propia revista titulaba una de las fotografías: “La espectacular entrada de la residencia también alberga trofeos de caza”. Es bastante probable que muy poca gente que leyera esta información supiera de la procedencia e historia de esta entrada de piedra.
Como comenté en el anterior artículo, la gestión de Don Mariano García Benito consiguió que, la estatua de San Bernardo, un escudo con simbología cisterciense y otros elementos de la portada, se puedan admirar hoy en día en el Monasterio. Sin embargo, dos relieves, un blasón con retazos monárquicos y otras partes de esta espectacular portada, como el tímpano, continúan desaparecidos, aunque probablemente se encuentren en algún lugar de esta finca.
A diferencia de los anteriores propietarios, Don Mariano García Benito rápidamente se dio cuenta de la belleza y el arte contenidos en el Monasterio tras encontrar un anuncio en ABC en 1973 en el que se ponía a la venta, visitarlo a continuación y a las pocas semanas firmar la escritura de la propiedad. A pesar de su estado de ruina, no dudó ni un instante en pensar que lo que aún quedaba tenía un enorme valor histórico y cultural y que había que detener el expolio. Además, retomó la propuesta del Conde de Yepes para declarar Monumento Histórico-Artístico el Monasterio de Pelayos de la Presa en 1968. Finalmente, en noviembre de 1983 apareció en el Boletín Oficial del Estado, un Real Decreto firmado por Javier Solana declarando al Monasterio, Monumento Histórico-Artístico de carácter nacional.

Mario Cuellar.

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Pleitos entre los abades y la villa de San Martín de Valdeiglesias

  • El condestable Álvaro de Luna ganó la batalla al abad del monasterio en 1434.

En 1150, fecha del inicio de la construcción del Monasterio de Valdeiglesias, este valle apenas estaba habitado por doce eremitorios diseminados entre el desfiladero de San Juan y el cerro de Guisando. Alfonso VII decide unir a estos eremitas diseminados en la comarca, para fundar juntos, el monasterio de Santa María de Valdeiglesias, en Pelayos de la Presa. Y cabe a los monjes la tarea de repoblar la zona, bajo el apoyo real, una vez que Toledo (1085) ha sido ya conquistada y se requiere un avance decidido al sur del Tajo. Pronto, sin embargo, comienzan los pleitos entre el señorío abacial y los nuevos pobladores, puesto que el surgimiento de villas como las de San Martín, y en menor medida Pelayos, chocan con la omnipresencia de los monjes, señores únicos, en ese momento del valle.
El primer choque se produce en 1205, cincuenta y cinco años después de la Dotación del monasterio por parte de Alfonso VII, llamado el emperador por unir en su figura los reinos de Castilla, León y Galicia. El Tumbo, el libro que relata la historia del monasterio desde su creación hasta la Desamortización (1835) , ya señala que siendo abad del convento Bernardo tuvieron diferencias con los pobladores del valle de San Martín y de Pelayos “porque querían alzarse con toda la tierra de la Dotación que había dado a este monasterio el emperador”. El rey Alfonso VIII interviene y encarga al arzobispo de Toledo que intervenga y marque los términos. “Oyó las partes”, menciona el monje escribano del Tumbo, “y visitando la tierra” [el arzobispo de Toledo], dio sentencia “por la cual señaló vasallos a todos los moradores y vecinos de San Martín y de Pelayos, y los derechos que debían pagar al abad”. El monasterio había ganado. Pero, solo, de momento…
Los monjes fueron los repobladores del valle. A partir de su instalación en él, vinieron muchos pobladores, pero también se convirtieron en los señores de la comarca, y los pioneros de las villas pasaron de campesinos a vasallos abaciales. Por tanto, el conflicto estaba servido y durará siglos. Es tiempo en el que el monasterio extiende su poder con la incorporación de la granja de Alarza (de donde coge el trigo para los monjes, allá en el señorío de Plasencia), y las dehesas de las Cabreras y Navas [actual Navas del Rey]; así como el derecho de paso de ganados por la Cañada Real.
Este artículo no permite extenderse con detalle en la multitud de pleitos y peleas, incluso con “gente armada” entre la villa de San Martín, cada vez más en auge y los abades del monasterio. Digamos que en 1355, el obispo de Ávila, el influyente don Sancho, actúa a instancia del rey Juan I como juez árbitro, sentenciando a favor, nuevamente, del monasterio y mantiene el uso de las tierras para labrarlas y cultivarlas en beneficio de los monjes; así como el derecho de paso de ganados libres de cargas.
La venta de San Martín
La venta de San Martín a Álvaro de Luna, comendador de Castilla, en 1434, se produce precisamente, para intentar solventar los continuos pleitos entre los pobladores del valle y los monjes, señores del dominio abacial que incluye toda la comarca.
El monje relata esas supuestas razones para vender gran parte de la jurisdicción de Valdeiglesias a Alvaro de Luna, entonces verdadero hombre fuerte del rey Juan II. Y obviamente el monje toma partido a favor del monasterio: “los desafueros y maldades de los de dicha villa [San Martín] hacían y usaban con el abad y convento de este monasterio perdiendo la vergüenza y temor de Dios: no guardando el respeto que debían al abad como señor que era. Y fue tanto que viendo el dicho abad no se podía averiguar [arreglar] con ellos trató con el dicho condestable de venderle el dicho señorío de la dicha villa por salir de tan mala gente y tener paz”. “De tal venta no resultó la paz que se pretendía sino mayores dificultades y pleitos que al día de hoy [mediados del siglo XVII] no se han acabado”, afirma el monje que escribió el Tumbo.
Hoy estas palabras hay que entenderlas sin localismos absurdos. La razón de fondo del conflicto entre el emergente burgo de San Martín, formado por campesinos, artesanos que pronto tendrán mercado franco y la incipiente clase de caballeros, por una parte; y el monasterio de Valdeiglesias, por otra, era moneda común en grandes partes del Reino. En definitiva es la lucha, a veces cruenta, entre el poder urbano y el poder monacal. A mediados del siglo XV, las poblaciones urbanas aliadas con la nobleza real (representada en este caso por Alvaro de Luna) lograrán imponerse a los señores monacales cuyo poder era ya, especialmente en el caso de Valdeiglesias, sensiblemente inferior al de 1150.
Hay, sin embargo, otras razones y consecuencias de por qué el abad busca a Alvaro de Luna, para vender la gran parte de su jurisdicción hipotecando el futuro del monasterio. El Tumbo, veladamente, apunta a que el acuerdo de venta al condestable se hizo en contra de buena parte de los monjes. Ahí aparece la figura del abad Pedro de Urueña, quien urdió la venta por 30.000 maravedíes. Este monje, procedente del convento cisterciense de La Santa Espina, en Valladolid (casa madre de la que dependía Valdeiglesias), junto con otros cinco monjes más también de La Espina, fue la figura clave para realizar la operación. El abad tenía vinculación, probablemente, con Alonso de Urueña, el influyente abad de La Santa Espina.
Veinte años después de la venta, en 1453, otro abad, en este caso Alonso de Matatoros, originario de San Martín, intentó revertir la venta cuando se enteró de que Alvaro de Luna, había perdido drásticamente su influencia, e iba a ser ajusticiado en Valladolid. Un monje del convento viajó en menos de tres días desde Pelayos, para hablar con el todavía condestable de Castilla y “llamarle a misericordia”, pero al llegar a la ciudad vallisoletana encontró, dramáticamente, la siguiente escena en la plaza mayor vallisoletana: en una pica la cabeza de don Alvaro, y en el suelo su “cuerpo tronco”, como se narra (ver artículo del mismo autor en “Santa María de Valdeiglesias, un monasterio por descubrir”. Revista “Románico”. Enero 2018). Llegó tarde para intentar convencer a Alvaro de Luna puesto que acababa de ser ajusticiado. Pero, esa, es otra historia.

Castillo de la Coracera (San Martín de Valdeiglesias).

Una calle para el monje escribano

“El gran deseo que he tenido, y tengo, de servir en algo a este monasterio de Nuestra Señora de Valdeiglesias donde tomé este santo hábito, viéndome ya en los últimos años de mi vida y tan achacoso que no podía servir en otros oficios, tomé por asunto el componer los papeles del Archivo”. Así comienza el monje anónimo del Tumbo de Valdeiglesias, escrito entre 1636 y 1644, un libro elaborado en pergamino de más de mil páginas, que al cabo del tiempo es prácticamente el único testimonio escrito que se conserva del monasterio de Pelayos de la Presa.
Este monje realizó un trabajo minucioso durante ocho años recogiendo el escrito de Dotación, privilegios reales, bulas papales, pleitos entre vecinos y el monasterio. Sin él no sabríamos cómo vivían los monjes cistercienses, ni cuáles eran los términos y obras realizadas durante nueve siglos. Sorprende su rigor y meticulosidad. Este monje del convento, el Monje de Valdeiglesias, requeriría hoy el nombre de una calle por parte de los Ayuntamiento de Pelayos de la Presa, San Martín y Navas del Rey.

Enrique Jurado, periodista y presidente de la Asociación Cultural Alberche-Albirka, colectivo autor de esta serie de artículos históricos.
www.Albirka.blogspot.com.

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Cenicientos se convierte en propietario de Piedra Escrita

Todos los pueblos tienen un monumento emblemático que suele ser el más conocido y apreciado por los lugareños, les identifica como grupo, les sirve de insignia y es el orgullo patrio. En el caso de Cenicientos Piedra Escrita es, sin duda, su símbolo milenario. Pero no pocas veces, por remotos avatares de la historia, el terreno donde se emplaza el legado ancestral —o el bien cultural mismo— es propiedad privada. Y también era este el caso de Cenicientos.
El Equipo de Gobierno anunció el 23 de noviembre que, a través de la represetación de la alcaldesa, se había formalizado ante notario ese mismo día la compra de la finca de Piedra Escrita. “Creemos que hoy es un día muy importante para los coruchos y las coruchas, la finca ha sido adquirida por un precio de 4.000 euros, y para nosotros el valor histórico, patrimonial, arqueológico y sentimental es incalculable”, manifestaba la regidora, Natalia Núñez, que añadía su agradecimiento “a la familia Agudo Jiménez por su predisposición a que la finca pase a ser patrimonio de todos los coruchos y coruchas, que se valore y proteja como merece, en memoria de Consuelo e Isabelo”.
Piedra Escrita viene suscitando en los últimos años un gran interés por parte de propios y visitantes. “Lucharemos por desarrollar un proyecto turístico ambicioso y de calidad para que repercuta en el municipio a nivel económico y turístico”, manifestaba Núñez llena de satisfacción.
Su intención es intentar que el monolito sea declarado Bien de Interés Cultural y que Patrimonio ayude a su protección y difusión. “Piedra Escrita es única, y hay que ponerla en valor con todo lo que ello conlleva”, afirma la alcaldesa.
Una piedra milenaria
El yacimiento de Piedra Escrita se encuentra emplazado a unos 3,5 km. al SE del casco urbano de Cenicientos. Es un monumento esculpido en una piedra granítica de unos 7 metros de altura y 9 de circunferencia, datada en el S.II d. C. Se trata de un edículo u oratorio rural, es decir, un santuario rupestre, esculpido como exvoto u obsequio, aprovechando una formación pétrea natural. En su lado occidental hay labrada una hornacina vertical con tres espacios bien delimitados: una cabecera semicircular en forma de concha lisa (más superficial) y dos espacios rectangulares apaisados, que miden en conjunto 1.77 x 1.27 m. En el superior puede apreciarse una escena con dos personas a la derecha de un altar frente a una tercera, vestida con ropas talares romanas, de mayor volumen y prestancia. Debajo se encuentran dos siluetas borrosas de animales, posiblemente dedicadas al oso sagrado de la diosa Diana. A la izquierda de los relieves aparece la inscripción “A las tres Marías”, según se interpretó de época medieval pero que en 1995 la epigrafista de la UAM Alicia M. Canto descifró como una inscripción romana que subsistía bajo diversos retoques resultando ser la dedicatoria votiva de un particular en agradecimiento a la diosa Diana, con el texto: A(nimo) l(ibens) s(olvit votum) Sisc(inius?) Q(uietus?, -uartus? Dianae, “Sisquinio Q(…?) (consagró este monumento) a Diana, cumpliendo con agrado su promesa”, con lo que el monumento sería primeramente un oratorio rupestre romano.
Alicia M. Canto indicó además una serie de paralelos para este tipo de santuarios, especialmente el de Segóbriga, dedicado también a Diana (aunque en su vertiente cazadora), que cuenta con una serie de hornacinas grabadas muy similares. La indumentaria de Diana y la figura del oso tienen un buen paralelo en una dedicación a la diosa Artio de la ciudad suiza de Muri (Museo de Berna), mientras que la garra úrsida era una señal delimitadora de bosques (generalmente sagrados) en el mundo romano. Pero no sería la religiosa su única función: alineándolo con otros hitos antiguos la autora propuso que Piedra Escrita formara parte de la frontera romana entre las provincias Hispania Citerior y Lusitania.
La ocupación la zona donde se sitúa el monolito se confirma con datos bibliográficos a partir de la plena Edad Media. Existe un documento en el archivo de la Catedral de Toledo, que data de 1188, en el que el arzobispo de Toledo autoriza al licenciado Martín Gómez a construir una iglesia en la zona de Piedra Escrita, mencionada también posteriormente en el Libro de Montería de Alfonso XI, ya a mediados del S.XIV.
Se han identificado distintos emplazamientos o enclaves al noreste del monolito, que nos indican la presencia de poblamiento medieval en el entorno del monumento y se ha localizado la posible ubicación de la ermita del siglo XII además de una necrópolis medieval compuesta por 36 tumbas conocidas, excavadas en piedra y típicas de la época altomedieval.
Camino de Piedra Escrita
El camino se encuentra registrado en el Catálogo de Bienes y Espacios Protegidos de la Comunidad de Madrid como una vía romana desde principios de los años noventa del pasado siglo. El posible origen del Camino en época romana, perduró en época medieval hasta la actualidad, quizá asociado a la trashumancia.

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El Tren de Felipe II, un convoy de los años ’50, comienza su andadura con una propuesta que combina turismo histórico y ocio

El 4 de julio fue presentado el Tren turístico de Felipe II, que ha comenzado sus trayectos regulares el día 8. Operando de martes a domingo, el convoy de época sale de la Estación de Príncipe Pío a las 10:20 horas y llega a la Estación de El Escorial 50 minutos después, desde donde un autobús lleva en cinco minutos a los visitantes al casco urbano de San Lorenzo de El Escorial. El trayecto de vuelta hacia Madrid es las 18:15 horas.

Dos modalidades de trayecto

El Tren de Felipe II ofrece dos posibilidades de disfrutar de este viaje histórico, con dos tarifas diferentes: el “Pack Imperial”, que incluye recepción y animación en la Estación Príncipe Pío de Madrid y durante el viaje de ida y vuelta y desplazamiento en autobús entre la estación y el casco urbano de San Lorenzo de El Escorial.

Además, incluye una visita guiada de una hora y media al interior del Monasterio de El Escorial, en compañía de guías oficiales de turismo y visita de 45 minutos al casco histórico de San Lorenzo de El Escorial. Este pack ofrece una consumición gratuita en el restaurante de la Estación de Autobuses de San Lorenzo, presentando el billete. Se regresa en autobús a la estación de cercanías para retornar a Madrid, aunque hay posibilidad de volver por carretera al Intercambiador de Moncloa. Los precios por persona son de 32€ por adulto, 20€ por niños de entre 4 y12 años, y los menores de 4 años no pagan. Hay tarifas especiales para familias (entre 80 y 120€) y para grupos (entre 109 y 205€).

El pack ‘Leyendas Reales’ incluye, además de la recepción y animación en la estación de Príncipe Pío y el viaje de ida y vuelta, una visita teatralizada de 180 minutos en los exteriores de la fábrica de Chocolates Matías López, en parques y jardines de la Casita del Príncipe, en el casco histórico de San Lorenzo de El Escorial y en los jardines y exteriores del Monasterio. También una consumición gratuita presentando el billete y la misma forma de regresar a Madrid. Los precios por persona son de 27€ por adulto, 15€ por niños de entre 4 y 12 años, y los menores de 4 años no pagan. Hay precios especiales para familias (entre 60 y 90€) y para grupos (entre 92 y 173€). En las dos opciones se incluye teatralización y un menú adulto, por 9,50€ y uno infantil, por 7,50€.

También existe la posibilidad de realizar viajes a medida que se pueden solicitar a través de la web: trendefelipeii.com

El Tren de Felipe II es una iniciativa del Ayuntamiento de San Lorenzo de El Escorial, la Comunidad de Madrid, Patrimonio Nacional, la Fundación de Ferrocarriles de España y la empresa de transportes ALSA. Se da la circunstancia que con este tren es la primera vez que un ferrocarril español está operado por una empresa privada.

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Más de medio centenar de personas volvieron a pisar el frente de Valdemorillo

  • Las  Jornadas sobre la Batalla de Brunete resultaron una experiencia que puso sobre la mesa la importancia del debate y el interés por conocer mejor esta parte de la historia local.
  • Antonio Laborda y Ernesto Viñas, proporcionaron una visión muy completasobre el modo en que este pueblo vivió con especial intensidad la Guerra Civil.
  • Se proyectó ‘El destierro’ película merecedora de una gran acogida a nivel internacional.

Despertando gran interés, y sobre todo, una participación que pone al descubierto la utilidad de este tipo de convocatoria, las Jornadas sobre la Batalla de Brunete organizadas en Valdemorillo han superado incluso la meta propuesta, saldándose con “gran éxito”. Y así se destaca por parte de la Concejalía de Educación y Cultura que, junto a la inestimable colaboración de Antonio Laborda, promotor de la idea, y del investigador y gran experto en la materia, Ernesto Viñas, han hecho posible el desarrollo de unos encuentros, primeros de este tipo organizados en la zona, que, ante todo, han servido para acercar la visión “más completa, mejor documentada y contrastada” de esta parte de la historia local por la que, incluso, muchos de los participantes llegaron literalmente a transitar. Y es que más de medio centenar de personas ‘volvieron al frente’ este domingo, 14 de mayo, para reencontrarse con las trincheras, los fortines y refugios que aún muestran la líne de aquel frente donde se libró la guerra que de forma tan intensa vivió Valdemorillo, lugar estratégico en el camino de Madrid.

Toda una experiencia de encuentro con un período que supieron abordar con acierto y objetividad los dos destacados ponentes, Laborda, centrando su intervención en la etapa del 36 al 37, para repasar después los años finales de la contienda, y el propio Viñas, miembro del colectivo Brunete en la Memoria, que precisamente se centró en la batalla que sirvió de base a estas Jornadas. Palabras y datos rigurosos que tuvieron su continuidad en la visita guiada a la exposición ‘Vestigios de una guerra’, donde objetos de todo tipo, desde armas y cascos a las piezas de la vida más cotidiana, como cubiertos, platos, maquinillas de afeitar…, dan idea buena idea también de lo vivido entonces en el municipio. Y es que las imágenes como material para la reflexión no faltaron en esta cita, destacando igualmente la proyección de ‘El destierro’, película de tono intimista y contenido filosófico muy aplaudida por los espectadores de la gran pantalla de Valdemorillo en presencia, además, de su director y uno de sus productores. Dos profesionales comprometidos con este tipo de films. De hecho, este es un título más conocido a nivel internacional que nacional, que ya se anunciaba avalado por la gran acogida dada al mismo en las salas de muchos otros países, desde Noruega a Corea, por citar sólo algunos ejemplos. Un reconocimiento a su contenido que Valdemorillo también supo mostrarle, culminando la velada en clave de interesante coloquio.

Y ya horas después, como el mejor colofón a “este gran aprendizaje”, la citada ruta guiada a lo largo de doce kilómetros, distancia que se completó en cinco horas de marcha bien acompañada por las indicaciones tanto de Ernesto Viñas como de Dionisio López, gran conocedor también del terreno por haber sido pastor en su niñez. Buena fórmula, en suma, de acercarse a la Historia desde el conocimiento directo de sus propios restos, de su escenario real, en una andadura que contó ifaulemete con el apoyo de Protección Civil, cuyos voluntarios prestaron atención en todo momento al grupo que completó el paseo con la satisfacción de descubrir mucho más del lugar, llevando a su mirada los importantes elementos bien conservados de esta “arqueología bélica” tan presentes en esta parte de paisaje valdemorillense.

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