Emprendedores de la Sierra Oeste: Acirate Vinos, el proyecto de Ismael Reoyo

No parece que estén los tiempos muy propicios para el emprendimiento en este país, o sí. Vivimos tiempos un tanto locos y ya no sabe uno si será bueno, o no, emprender, si daré con la tecla del éxito, si mi propuesta encajará en este mercado tan díscolo, si, a pesar de la profesionalidad, de la ilusión, de la calidad y  del gran esfuerzo, la gente entenderá y apreciará en su justa medida lo que les propongo en detrimento de otros productos del mismo género pero más globalizados y mucho menos interesantes y satisfactorios. Estas son, sin duda, algunas de las preguntas que se haría cualquier persona decidida a emprender el negocio que tantos años lleva madurando en su cabeza.
Y, en verdad, si lo pensamos una vez más, nunca emprender fue fácil independientemente de los tiempos en que se viva, pero creo que es cierto que en este momento todo tiene una complicación endémica y añadida, especialmente para aquellos que nos proponen productos de una autenticidad diferente, más sensata, coherente y, por supuesto, exclusiva y que no se encuentran en los canales tan bien alienados –no alineados– en los que, por lo general, este sistema autocrático, cual borregos, nos obliga a mercadear. Y es que, efectivamente, como decía un amigo mío, “están los tiempos muy variables”, y tanto.
Aprovechamos estas reflexiones para entrevistar, precisamente, a un emprendedor, Ismael Reoyo Redondo, al frente de la distribuidora de vinos Acirate S.L. con sede en la vecina localidad de Colmenar del Arroyo, empresa nacida durante la pandemia en un acto de valentía sin precedentes, si atendemos a lo anteriormente expuesto. Veamos cómo fue y, sobre todo, cómo va.


¿Qué tal, Ismael? La primera pregunta es bastante obvia. ¿Por qué este negocio, por qué ese momento y por qué este nombre?
En primer lugar, he de decir que, más que un negocio, es un sueño que se va haciendo realidad, dado que mi pasión por el vino fue el principal motivo para comenzar esta aventura. El momento, en realidad, fue un cúmulo de circunstancias tanto laborales como personales y a finales del 2019 empecé a contactar con bodegas, recorrer buena parte del territorio nacional y asistir a ferias, catas y demás eventos para poder ir confeccionando un buen grupo con el que poder trabajar. ¡Quién me iba a decir a mí que, meses después, se nos vendría una pandemia encima!
En cuanto al nombre del proyecto Acirate Vinos, se debe a mi abuelo Esteban, al cual quería y quiero con locura, aunque no esté con nosotros. Era una palabra que él usaba a menudo y se refería a ese desnivel entre dos terrenos que en, este caso, eran, como no podía ser de otra manera, el que había entre su amada huerta y su impecable viñedo de garnacha en Pelayos de la Presa.


Cuéntame, Ismael, en qué consiste y cuáles son las líneas generales y diferenciales de este proyecto en relación a los demás de esta misma actividad.
Bueno, principalmente está nutrido de pequeñas bodegas (en cuanto a producción) de viticultores que aman lo que hacen, que se identifican con su terruño y que respetan mucho la autenticidad de sus elaboraciones. Hablamos de no trabajar los viñedos con productos sistémicos, químicos… intervenir mínimamente los vinos, mostrarnos todas las cualidades que nos brinda el suelo, el clima y las variedades autóctonas de cada territorio. ¡He de decir que estoy muy orgulloso de poder trabajar junto a tan buenos viticultores y, sobre todo, buenas gentes y encima la mayoría son de nuestra zona!


¿Qué formación personal has considerado necesaria y oportuna para la puesta en marcha de este proyecto?
Suelo decir a menudo que mi sueño habría sido estudiar enología, lástima que esta vocación llegara algo tarde para poder compaginarla con la vida laboral que hace años comencé. Pero he tenido la suerte de vivir encima de un restaurante, el de mis padres, lo cual me ha facilitado el estar siempre cerca del sector vitícola en la restauración. Pero fue fundamental para mí haber cursado en la Cámara de Comercio de Madrid los estudios de sumillería, donde tuve grandísimos profesores y compañeros de los que aprendí mucho. Aunque pienso que en el mundo del vino es necesario estar en continua formación.


Con la formación adecuada y/u oportuna y con el estudio de viabilidad correspondiente y positivo,  consideras que la administración escucha y apoya con la suficiente atención eficiente y diligente proyectos emprendedores de este calado.
Pues la verdad no sabría con exactitud si esto es así. Y digo esto porque yo formé mi proyecto y no busqué ayuda en lo que a la administración se refiere, pero sí que vas viendo a tu alrededor gente que lo hace y, por lo menos, en cuanto a nuestra comarca se refiere, creo que sí existen ayudas. De lo que sí puedo hablar es en cuanto a montar una bodega propia, ya que también elaboro y es una parte importante para que el proyecto de Acirate crezca. Esa parte, en cuanto a la Comunidad de Madrid se refiere, es algo compleja, es difícil para las bodegas ya existentes que de buena tinta me tienen informado, ¡imagínate para los que no la tenemos aún!


¿Qué es lo que más se echa de menos en este sentido de la propia administración?    
Principalmente, información y agilizar los trámites burocráticos para que sea atractivo emprender y poder montar tu propio negocio. Que realmente se apoye a la gente joven para que den un paso adelante y no un salto a un precipicio.


¿Opinas que el terreno está perfectamente abonado para que iniciativas de este tipo y en cualquier ámbito puedan llegar a buen puerto y sirvan para solucionar una parte de la despoblación del medio rural?
Creo que no está fácil la cosa. Lo que sí creo es que hace falta tener ganas de trabajar, hay que esforzarse y hay que ser valiente porque el mundo rural tiene un potencial enorme. Al final todos tenemos que salir a vender a Madrid y a esas grandes ciudades llenas de buenos restaurantes, pero a mí personalmente me satisface muchísimo más poder ver que un vecino compra uno de mis vinos en el súper de mi pueblo, o que gente joven y emprendedora como yo de los pueblos de alrededor confían en mi proyecto.

Hablamos básicamente del mundo del vino. ¿Nuestra cultura al respecto está preparada para, una vez en el supermercado, pensar en una elección más allá de los clásicos riojas o riberas y sus marcas más emblemáticas? ¿Estamos dispuestos a pagar, incluso un poco más, por algo novedoso que no conocemos bien y que, además, puede no gustarnos, solo por el hecho de aumentar nuestro conocimiento y cultura gastronómica?
Muy a mi pesar, creo que en nuestro país no se le da la importancia necesaria a la cultura en torno al vino. Siempre le comento a mis amigos y conocidos, cuando dicen eso de “es que yo no entiendo de vino”, que no por no saber no se puede beber vino. Incido en que por lo menos debemos interesarnos al comprar una botella en su procedencia, con qué uva se elabora, cómo se ha elaborado y así entenderemos cada vez más lo mágico que es descorchar una botella de vino. Y, por supuesto, podremos aprender poco a poco muchas cosas de algo tan arraigado y con tanta tradición en nuestra zona y en nuestro país como es el vino.


¿Cómo valoras el vino en tanto en cuanto acompañante de la propia comida?
Con pan y vino se anda el camino. Creo que son una pareja perfecta, eterna. Al final es algo más que cultural, en qué mesa de nuestro país no hay una copa de vino para celebrar, para unir amigos, familias, parejas…? Es parte de nuestras vidas.

Por último, ¿cuáles son las expectativas de futuro en cuanto a la cultura, el consumo y el crecimiento de este sector?
Por suerte todo va a mejor. Cada vez hay más interés, se hacen multitud de eventos en torno al vino (ferias, salones, congresos), el enoturismo se está potenciando muchísimo, se le da apoyo y visibilidad por parte de las administraciones y consejos reguladores (bueno, el de Madrid es caso aparte, un verdadero desastre). Y yo, personalmente, intento siempre primero aprender y luego divulgar y acercar este apasionante mundo a los que menos lo conocen.

Ismael, un mensaje de apoyo y aliento para aquellos que se debaten entre el sí y el no de emprender.
Simplemente que el que tenga un sueño haga todo lo posible por cumplirlo. Eso sí, con trabajo, esfuerzo y seguro que algún sacrificio, todo sale adelante y, por supuesto, con la ayuda de nuestra gente, que siempre está ahí. . Gracias, mamá. Gracias, papá. Y gracias, abuelo Esteban por ser mi motor.

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