El Pozo de la Villa de Navas del Rey vuelve a ser un lugar vivo y digno de admirar

  • Un rincón histórico renovado

Todos los pueblos tienen un lugar especial, encrucijadas o rincones en los que se ha vivido y se ha visto crecer una población, transcurrir la historia y la vida de sus habitantes. Lugares especiales en los que el tiempo ha dejado huella y que, sin embargo, siguen tan vivos como en tiempos remotos. Navas del Rey es un municipio joven, apenas tiene doscientos años de historia como villa, de ahí que sea complicado encontrar este tipo de lugares, aunque los tiene y muy importantes, son poco visibles y demasiado modernos como para resultar de interés histórico en muchas ocasiones, al menos ante la mirada de visitantes o forasteros.
Uno de estos rincones especiales es el que ocupa en la Plaza de Calvo Sotelo (la Placituela) el Pozo de la Villa, un espacio que fue sinónimo de cruce de caminos, de parada obligada de caminantes y jornaleros, de viajeros que partían con sus productos hacia Madrid o de ganaderos que transitaban por nuestros municipios de pasto en pasto y de pueblo en pueblo, también de vecinos que saciaban allí su sed o de visitantes ocasionales que encontraban un lugar en el que parar y reparar fuerzas. El Pozo de la Villa, como todas las encrucijadas, fue lugar de reunión y de conversaciones, testigo mudo de la historia y crecimiento de Navas del Rey. Hace más o menos medio siglo fue clausurado y pocos hoy, a no ser que lo hubiesen visto en activo, sabían que las piedras y el cemento que muchos hemos usado como asiento durante muchos años ocultaban uno de los pozos y rincones de encuentro más importantes de todo el municipio, un conjunto de galerías que almacenaban —y almacenan— el agua procedente de diversos arroyos hoy invisibles a la vista durante casi todo el año.
10.000 pesetas, ese fue el presupuesto que el Valentín Díaz Segovia solicitó en 1922 al ayuntamiento de Navas del Rey para asentar y construir este pozo, no es hasta meses después, ya en 1923, cuando, según los archivos recopilados por el personal del ayuntamiento casero se remató y abonó el coste del pozo, que finalmente fue de unas 9.000 pesetas, aunque es de suponer que, quizá, los gastos de material fuesen abonados en otra partida presupuestaria. Si comparamos con las 2.500 pesetas que se gastaron en la construcción de un Hospital o de las 1.000 del Cementerio que se pueden ver en los registros de ese mismo curso político podremos hacernos una idea de la envergadura de la construcción del pozo y de su importancia para el municipio.
Sobre este pozo y su constructor, hablamos con Juan José, fotógrafo de El Escorial y vecino en la actualidad de Fresnedillas de la Oliva, nieto de Valentín, un experto en pozos y tratante de animales, que vino desde El Escorial hasta Navas del Rey, donde nació en 1921 una de sus hijas, tuvo siete, madre de nuestro interlocutor, que nos cuenta algunos detalles de “el que logró, sin medio mecánico alguno, construir un aljibe que tiene agua durante todo el año en uno de los rincones más secos de la Finca Canalejas de El Escorial”. Y es que Valentín tuvo que ser un hombre de lo más interesante, alguien que, cuando hacía falta por razones de trabajo, trasladaba a toda su familia a un municipio, alquilaba una casucha o un pajar y vivía en este pueblo hasta que se terminaba el trabajo. Amigo íntimo de Faustino “El Gitano” gracias a su trabajo como tratante de animales, Valentín Díaz Segovia logró un hito apenas posible a mediados del siglo pasado, dejar en herencia una casa para cada uno de los siete hijos que tuvo.
“El agua es vida y un pozo siempre es salud”, así me despide Juan José, que me promete contarme muchas más anécdotas y vivencias de su abuelo, el constructor de el que, quizá, fue el punto de encuentro —si quitamos la Picota— más importante de Navas del Rey y que ahora, gracias al empeño del ayuntamiento por recuperar rincones de cara al bicentenario casero, vuelve a ser un lugar vivo y digno de admirar.

Javier Fernández Jiménez.

5 Respuestas para “El Pozo de la Villa de Navas del Rey vuelve a ser un lugar vivo y digno de admirar”

  1. EL CRISTO DEL POZO

    Piedras que hacen contrapeso
    y por delante la vara,
    el sol brillando en la cara
    y el agua en el cubo preso.
    Una mano aguanta el peso
    y otra lanza a la reguera,
    agua que corre ligera
    y que manando del pozo
    el huerto era un puro gozo
    a partir de primavera.

    Saturnino Caraballo Díaz
    El Poeta Corucho

  2. LA BIBLIOTECA FUENTE CISNEROS

    Hubo una fuente lejana
    lejos de la población
    del término de Alcorcón
    riego del campo que mana.
    Labriegos en caravana
    y las reatas de arrieros
    y curtidos jornaleros
    no vieron un edificio
    de libros ilustre oficio
    llamado Fuente Cisneros.

    Saturnino Caraballo Díaz
    El Poeta Corucho

  3. EPAMINONDAS

    El gran general tebano,
    vencedor en cien batallas,
    torreones y murallas,
    tomó siempre por su mano.
    Ni fue hueco ni fue vano,
    su pensamiento fecundo,
    mas padeció en lo profundo
    de la envidia los embates,
    más fiera que los combates
    y tan vieja como el mundo.

    Saturnino Caraballo Díaz
    El Poeta Corucho

  4. EL NEGOCIO DE FACUNDO
    Adivinanza

    Tuvo un negocio Facundo,
    torpe y bruto como él solo,
    y al que tildaban de bolo
    y de ser tonto profundo.
    Desmañado e iracundo
    pronto se hundió en la barranca,
    y a sus cabras embarranca
    porque en cambiar insistía
    entre voces y porfía
    dos negras por una blanca.

    Saturnino Caraballo Díaz
    El Poeta Corucho

  5. El Poeta Corucho y Bardo de Cenicientos
    Saturnino Caraballo Díaz

    Se ofrece conocedor de la historia
    y literatura de Cenicientos
    a través de los siglos, para
    acompañar en excursiones,
    tanto sea a personas individuales
    o en grupo, sin límite de asistentes.

    Pueden contactar conmigo en el correo
    electrónico:scd50@hotmail.com

    DESTACO A CENICIENTOS SOBRE EL MAPA

    Destaco a Cenicientos sobre el mapa
    que de Madrid conforma monte y suelo,
    siendo parte importante de su cielo
    buque insignia que prende en su solapa.

    En grata sensación que pronto atrapa,
    sus vinos suavidad de terciopelo
    y brisas marejadas del consuelo
    que adhieren al viajero como lapa.

    Un sortilegio tiene su montaña
    con su Peña entrañable que se baña
    en el pinar tendido ante sus pies.

    Y al trasponer el sol sobre la cumbre
    es tamaña su belleza y deslumbre
    que la villa corucha adorable es.

    CENICIENTOS EN EL CORAZÓN

    Es mañana grisácea en el pueblo,
    de una lluvia que cae mansamente,
    y un tañer de la campana doliente
    sume a la calle en silencio y despueblo.

    Es preciso y urge hacer un repueblo
    que atraiga en cascadas a nueva gente
    y vea un alba de nuevo creciente
    al igual que yo lo canto y amueblo.

    ¿Qué versificaré por alabarte
    y en versos épicos alto ascenderte
    y sobre el mapa de España situarte

    e imperecedero así siempre verte,
    pueblo corucho, sin cesar de amarte
    hasta cubrirme el velo de la muerte?

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