Fresnedillas de la Oliva vivió la Vaquilla un año más

Día 20 de enero, como cada año desde tiempo inmemorable, en el pueblo de Fresnedillas de la Oliva a las doce de la noche se recibe la llegada del día de San Sebastián, al son de los cencerros, comienza la fiesta.
Pocos vecinos de nuestra comarca desconocen que en Fresnedillas se celebra la fiesta de la vaquilla, la televisión ya ha mostrado imágenes de esta peculiar mascarada, prensa y radio también se han hecho eco de la celebración, nuestro periódico lo cubre año tras año, ocupando incluso la portada. Pero en esta Vaquilla de 2018 hemos querido tomar el pulso de la fiesta desde dentro. Estando presentes en los principales actos del día grande y recogiendo las opiniones y el sentir de los diferentes protagonistas de esta especial cencerrada, que según dicen sus vecinos y los conocedores de la materia, es una de las mejor conservadas dentro y fuera de nuestras fronteras.
Llegamos a la entrada de la misa a las doce de la mañana, en el pórtico de la pequeña iglesia están colocados en fila los jóvenes vestidos con coloridos trajes y tapados con mantas. Entran en silencio y respeto ocupando el pasillo central del abarrotado templo. En un momento de la misa hacen la ofrenda al santo de una moneda que llevan los jóvenes sobre la lengua, la moneda ha ido cambiando según los tiempos, pasó de una perra gorda, a una peseta y ahora son diez céntimos, cada personaje entrega la moneda al sacerdote que porta una bandeja y regresa a su sitio caminando hacia atrás, sin dar la espalda al santo.
Al finalizar la eucaristía los jóvenes rápidamente se desprenden de las mantas y se colocan unos grandes cencerros atados a la espalda y comienzan a correr alrededor de la iglesia de un modo peculiar que hace que estos suenen con gran estruendo.
Salen los fieles acompañando a la imagen del santo mártir, representado atado al tronco de un árbol que tiene detrás y ofreciendo su torso a las saetas del verdugo. Para la ocasión añaden a la imagen una rama de olivo del que cuelgan mandarinas, rosquillas y cintas. Resaltan las figuras del Alcalde y del alguacil de la fiesta, vestidos formalmente con traje oscuro y corbata y con sendos sombreros de amplia ala redonda curiosamente engalanados con cintas y flores que durante la procesión portan en la mano en señal de respeto.
La procesión transcurre por las calles de la localidad, la peculiaridad que confiere a esta fiesta es que el grupo de los llamados judíos, jóvenes vestidos con coloridos monos, pañuelo al cuello, gorra militar y los estruendosos cencerros, preceden al santo y fieles realizando rápidas carreras, que según nos cuentan se realizan bajo un protocolo riguroso.
Los cencerros que hacen sonar se llaman zumbas por el gran tamaño, según nos cuenta el vecino Juan Francisco, los traen de Montehermoso en Cáceres y el badajo lo hacen ellos mismos con corazón de encina y de raíz de retama que es una madera muy dura para que suenen bien, esta es otra de las tradiciones que siguen a rajatabla.
El estruendo que hacen al pasar por las estrechas callejas que llevan a la Plaza del Ayuntamiento impresiona al visitante que percibe durante todo el recorrido un recogimiento y emoción contenida en los rostros de los vecinos que rodean a la imagen de su patrón.
La figura de la vaquilla, que porta el joven Alejandro, es un armazón con cuernos y rabo del animal que simboliza, junto con los judíos realizan unas curiosas carreras: cuando llegan ante el santo frenan en seco y se arrodillan, gritando “Viva San Sebastián”.
Se retorna a la parroquia acompañando al santo y el alcalde y alguacil de la fiesta le despiden en su interior. Todos los personajes de la fiesta vuelven a la Plaza donde continua el festejo, ahora con carreras que hace la vaca para conseguir dar con el cuerno al alcalde o al alguacil, con rápidos regates estos esquivan los pitones, parece imposible que vestidos con traje y con zapatos logren que la vaca no les pille cada vez que les enviste, cuando son corneados todos los judíos lanzan sus gorros militares al aire.
Esta es una fiesta en la que participan los varones del municipio, ya desde niños se preparan para sonar los cencerros, nos cuentan algunos de los niños que pululan por la plaza, que ellos ya salieron el sábado anterior como es tradición, van aprendiendo desde muy niños, portando cencerros más pequeños ya hacen sus pinitos siguiendo los consejos de sus padres y abuelos. Les preguntamos si seguirán corriendo cuando sean mayores y hay disparidad de opiniones, Álvaro dice que está deseando tocar con los mayores, en cambio su hermano no está tan seguro porque le parece muy cansado estar desde las doce de la noche dando carreras todo el día.
Los más ancianos del pueblo muestran disparidad de criterios sobre la antigüedad de la fiesta y cuando se entroncó con la iglesia. Los obreros que estaban trabajando haciendo el monasterio de El Escorial, trajeron esta fiesta de tierras extranjeras, era una fiesta pagana explica Francisco Peña, su compañero Juan en cambio opina que es una especie de carnaval, que se celebraba en las fechas cuando empiezan a crecer en horas de luz ya hay más vida.
Los personajes del escribano y su esposa la Hilandera completan el quinteto de protagonistas de la fiesta, él va ataviado con traje y sombrero de enorme copa, y ella que es un joven disfrazado de mujer, con un traje colorido y grotesco tocado con una pamela, por lo que también la llaman la guarrona. Van recorriendo los corros de vecinos y visitantes pidiendo la multa, una aportación voluntaria para pagar los gastos de la fiesta. El que paga la multa recibe un beso, quedando impreso el carmín de los labios de la guarrona en las mejillas de los generosos.
La vaca sigue correteando por la plaza incansable, en la cara de Alejandro, ya se aprecia el cansancio de la jornada, pero no ceja en el empeño de intentar pillar al Alcalde o al alguacil que una y otra vez intentan zafarse del envite del animal, no siempre consiguiéndolo. Los judíos dan vueltas alrededor de la plaza, han cambiado la botella de agua de la mañana, cuando las carreras eran más impetuosas, por el botellín o el vaso de cubata de la tarde, después de una comida de todo el grupo.
Los judíos más jóvenes van concentrados, Borja y su amigo Carlos es el primer año que tocan con los mayores, el primero pertenece a una familia de jarandos que han participado en la fiesta durante generaciones y para él supone un gran orgullo seguir los pasos de sus antepasados, usa el gorro de la mili de su abuelo. Lleva tocando con el grupo de niños igual que su amigo Carlos desde que tenían dos años. Pero se diferencian en que Carlos es rumano, aunque lleva muchos años viviendo en Fresnedillas y cree que cuando tocas o eres de la fiesta, ya eres un auténtico jarando, no importa donde hayas nacido. Ambos sienten mucha emoción al portar esas grandes zumbas sobre sus lumbares y están concentrados para cumplir el reglamento que han aprendido de sus mayores y no cometer ningún fallo.
Vemos a otro jovencito al que se le ha aflojado la correa que sujeta los cencerros a su espalda, cómo se retira del grupo y se acerca a unos ancianos entre los que se encuentra su abuelo, que le ayuda a ceñir fuertemente el cinturón a su joven espalda para que así suene mejor, la emoción empaña la mirada de nieto y abuelo.
Una vecina observa con nostalgia como preparan la carrera donde se ata a la vaca, hay tensión contenida en el ambiente. Nos cuenta que su hijo fue de la fiesta hasta que se casó, recuerda como se le caían lagrimones el año de su boda porque ya no podría salir el día de San Sebastián, ahora lo hace el día 21 junto a otros muchos casados que siguen con la tradición, y aunque ya no corren tan rápido, tienen más veteranía y también hacen buenas carreras haciendo sonar las zumbas.
En otro corrillo de vecinos rememoran cuando los que habían emigrado a Madrid o incluso más lejos, pedían el día de vacaciones en el trabajo para no faltar a San Sebastián, los que estaban haciendo el servicio militar, incluso los de África, hacían todo lo posible por volver al pueblo para celebrar la vaquilla.
Los personajes principales de la fiesta se suben al carro situado en la plaza, se arremolina el numeroso público alrededor y se hace el silencio para escuchar como se recitan poesías con una rima un tanto irregular, inventadas por los poetas locales que versan sobre anécdotas de los habitantes del pueblo. Los padres del Alcalde de la fiesta nos han contado que su hijo lleva 32 años sonando como sigue soltero no deja de participar, pero que hubo años en los que decayó mucho y gracias al apoyo de familias como la de Fernando que apoyaron su continuidad, pueden los jarandos decir con orgullo que jamás se ha dejado de celebrar la vaquilla. Los vecinos ríen las ocurrencias y chascarrillos de las anécdotas locales. Vemos también metido en faena al Alcalde de la localidad, José Damián de la Peña, que fue durante su soltería miembro activo de la fiesta como buen jarando.
La vaca atada sigue corriendo, hasta que en un momento determinado corre a gran velocidad hacia el carro y cae muerta, allí todos beben vino tinto de un barreño que simboliza la sangre de la vaca. Cae la tarde y la fiesta llega a su fin, los cerca de cincuenta jóvenes participantes se dispersan por la plaza, haciéndose fotos con sus amigos y familiares en un ambiente de gran camaradería.
El sábado próximo será el día de pedir, de nuevo los personajes de la fiesta recorrerán todas las casas del pueblo ofreciendo vino y con una talega recoger las donaciones de los vecinos. Finalizará la Vaquilla 2018 con una cena de confraternización.
Enviamos agradecimientos a las personas que nos han contado sus vivencias y compartido sus sentimientos en un día tan especial para ellos.

2 Respuestas para “Fresnedillas de la Oliva vivió la Vaquilla un año más”

  1. ALELUYAS TAURINAS DE LOS CORUCHOS

    Entrada de los toros
    llevo en la mano,
    ¡qué alegría tan grande,
    torito bravo!
    ¡Aleluya!

    Colmada está la plaza
    de espectadores,
    en el sol y la sombra,
    Virgen del Roble.
    ¡Aleluya!

    Torito, te persiguen
    en otros lares,
    y aquí culto te damos,
    coruchos graves.
    ¡Aleluya!

    Bota de vino al hombro
    la llevo llena,
    de una viña que tengo
    por la Chorrera.
    ¡Aleluya!

    Olés y pasodobles,
    bellas faenas,
    y aplausos del tendido
    que el viento lleva.
    ¡Aleluya!

    Las mulillas arrastran
    la res postrera,
    y en casa nos aguarda
    merienda y cena.
    ¡Aleluya!

    Saturnino Caraballo Díaz
    El Poeta Corucho

  2. El Poeta Corucho y Bardo de Cenicientos
    Saturnino Caraballo Díaz

    Se ofrece conocedor de la historia
    y literatura de Cenicientos
    a través de los siglos, para
    acompañar en excursiones,
    tanto sea a personas individuales
    o en grupo sin límite de asistentes.

    Pueden contactar conmigo en el correo
    lectrónico:scd50@hotmail.com

    DESTACO A CENICIENTOS SOBRE EL MAPA

    Destaco a Cenicientos sobre el mapa
    que de Madrid conforma monte y suelo,
    siendo parte importante de su cielo
    buque insignia que prende en su solapa.

    En grata sensación que pronto atrapa,
    sus vinos suavidad de terciopelo
    y brisas marejadas del consuelo
    que adhieren al viajero como lapa.

    Un sortilegio tiene su montaña
    con su Peña entrañable que se baña
    en el pinar tendido ante sus pies.

    Y al trasponer el sol sobre la cumbre
    es tamaña su belleza y deslumbre
    que la villa corucha adorable es.

    CENICIENTOS EN EL CORAZÓN

    Es mañana grisácea en el pueblo,
    de una lluvia que cae mansamente,
    y un tañer de la campana doliente
    sume a la calle en silencio y despueblo.

    Es preciso y urge hacer un repueblo
    que atraiga en cascadas a nueva gente
    y vea un alba de nuevo creciente
    al igual que yo lo canto y amueblo.

    ¿Qué versificaré por alabarte
    y en versos épicos alto ascenderte
    y sobre el mapa de España situarte

    e imperecedero así siempre verte,
    pueblo corucho, sin cesar de amarte
    hasta cubrirme el velo de la muerte?

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