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Habla la naturaleza un año después del incendio de Cenicientos

Recientemente, con los últimos días de junio, se cumplió un año de aquel incendio forestal que arrasó una parte muy valiosa de la comarca suroeste de la Comunidad de Madrid, el cual, procediendo de Almorox, se llevó parte de los términos de Cenicientos, Cadalso de Los Vidrios y Rozas del Puerto Real.
Un año después no parece que se hayan organizado eventos de crítica constructiva para aprender de aquello y qué se hizo bien o mal. Lo que hemos visto es más bien una actitud, como ya nos temíamos, de acusaciones de unos contra otros y defensas numantinas en la máxima del sálvese quien pueda que no conducen a una aportación real en beneficio de nuestros montes y nuestros ecosistemas.
Un año después las redes arden en lamentos y penas como si el regocijo del desastre nos aportara algo positivo, cuando no parece seamos capaces de ver las cosas buenas que nos enseña la propia naturaleza. Porque la naturaleza habla y nada mejor que sentarse encima de un canto con sosiego, paz y dejarse llevar para observar, ver y sentir aquello que nos cuenta, lejos de la contaminación emocional negativa. Es el caso.

A diferencia del pino (arriba) el castaño sobrevió al fuego en este paraje.

Nos centramos en el presente artículo en los montes de Cenicientos habida cuenta de su singularidad por su microclima, sus micro ecosistemas, su orientación, su suelo y su fisiografía en general.
Hagamos una pequeña retrospectiva para conocer el punto de partida y así poder analizar todas las constantes y variables del lugar. Nos hallamos en un monte de un potencial significativo en cuanto a sus crecimientos vegetativos anuales, así como su variedad y cantidad de especies de flora amén de sus especies de fauna. Dos hábitats y dos ecosistemas diferenciados en el que la parte norte, y una vez desaparecida en los años 70 la prioridad de la resina del pino resinero (Pinus pinaster), el castañar se fue abriendo paso por sí mismo porque la naturaleza hablaba. Visto por los agentes forestales, la administración forestal decidió colaborar con lo que la naturaleza pedía y se consumaron cortas o claras del pino resinero, ya agotado por su trato de extracción de su savia. En plena expansión del castañar, (del cual un día me comentó el entrañable y experto en naturaleza “El Tio Epi” de Sotillo de la Adrada, que sería un castañar de una calidad excelente en la comarca), aconteció el incendio forestal del año pasado a finales de junio. Sí, la tragedia se consumó, pero a los 10 días del desastre y tras un primer semestre del año que en mis tablas y datos registrados fue el más seco desde que registro datos en 1996, esto es una serie de 23 años, a los 10 días, repito, ya asomaban brotes verdes de castaño, lo cual no deja de ser una lección de la propia naturaleza para todos y, especialmente, para aquellos que desde sus despachos dirigen y dan las ordenes de actuación para con el monte.

Un castaño de gran fuste, rodeado de brotes.

La universidad es una fuente inestimable de sabiduría y conocimiento, pero la propia naturaleza lo es aún más. Y esta habla y enseña que debemos dejar que se muestre, que hable, dándola tiempo a que nos indique el camino. No existen dos lugares iguales en el mundo y nada es extrapolable. Lo que argumentamos para el presente monte no tiene por qué ser el guion de los montes cercanos porque cada uno tiene sus peculiaridades y propiedades. Una vez dejado que se muestre y habiéndolo observado desde el canto en el que nos sentamos a ver, observar y sentir, puede ser el tiempo de aplicar los conocimientos técnicos adquiridos en las escuelas y universidades. Pero no antes, como se tuvo la intención.
Insistimos en el hecho de que a los 10 días del incendio, brotaban de cepa castaños (alguno llegó a sobrepasar los 3 m. de altura), encinas, salicáceas, olivos. Era evidente que debíamos ser optimistas porque aquello estaba ocurriendo en un año extremadamente seco con registros de precipitación absolutamente de climas desérticos con un acumulado de 115 l/m2 cuando en el presente año el primer semestre se cerraba con 300 l/m2.
Con situaciones tan adversas y extremas la naturaleza pedía un “no me toquéis” y “dejadme que os enseñe el camino”.
Un año después invito a una visita a la zona para comprobar como en la parte norte del Monte de Utilidad Pública Albercas y Alberquillas de Cenicientos han brotado de cepa absolutamente todos los castaños y sus helechos acompañando. Esto es lo que deberíamos estar celebrando y, sobre todo, ser conscientes de que están allí, que se abren camino y que en dos o tres años podremos estar hablando de portes de hasta 6 metros de altura debido a su rápido crecimiento.
Y es ahora cuando los técnicos deberían actuar cortando de cepa los pies o fustes antiguos de castaño, porque, aunque han brotado algunos de ellos, no vegetan de una forma plena. Es más acertado cortarlos por la cepa y que rebroten con fuerza. Paseo por este lugar y en vez de entristecerme por el aspecto general desolador, me alegro de sentir que viene empujando, y con fuerza, la vida. Está ahí.

De la cepa del castaño quemado salen nuevos brotes con gran fuerza.

Hablemos de la cara sur, aquella en la cual el castaño es más difícil que se generalice por su mayor aridez y exposición al sol. El árbol predominante era y es el pino resinero (Pinus pinaster). Un árbol que alimentó a varias familias durante decenas de años por el aprovechamiento de la resina. La introducción de productos de laboratorio, el agotamiento del propio monte, y lo escarpado del terreno hicieron inviable su rentabilidad (hoy en día la resina se recupera, pero en aquellos lugares llanos aptos para la mecanización y aquí no es el caso).
Me consta que los vecinos sentían, sienten orgullo por su pinar, pero igualmente les digo que es un pino muy abundante en la península y está considerado como una de las especies más invasoras por su facilidad de regeneración, multiplicación y hacerse un hueco ahogando a otras especies como encinas, por ejemplo. Incluso en un incendio, y a través de sus piñas llamadas serótinas, explotan y se esparcen por el aire, favoreciendo la dispersión y regeneración del pinar.
Igualmente, la regeneración natural del monte por estos pinos está siendo espectacular sin necesidad de repoblar nada. Es tiempo de mejorar y realizar actuaciones encaminadas a favorecer lo que la naturaleza ha decidido que brote. Esta cara sur del monte de Cenicientos, donde los procesos vegetativos anuales son espectaculares, ha sido testigo de no pocas discusiones profundas acerca de la importancia del suelo o del clima. Siempre me paraba en el mismo lugar y hacía una pregunta a los alumnos ante un pedregal sin suelo, una roca prácticamente, donde los brotes de encina se multiplicaban y crecían año tras año por más que los retenes forestales desbrozaban campaña tras campaña para configurar una línea de apoyo de cara a los incendios forestales. La pregunta es: ¿qué es más importante el suelo o el clima? Evidentemente es una propuesta que no debe tener una respuesta uniforme (así nos lo enseña la naturaleza) y que dependerá del lugar. En unas zonas será el suelo el factor determinante y en otras el clima.
En nuestro monte es evidente que el hecho de que las especies de flora se multipliquen y crezcan exponencialmente, es por el clima. Hablamos de un lugar con una orientación orográfica que protege de los vientos fríos del norte y, qué a su vez, exprime la entrada de borrascas atlánticas (ábregos) con picos de precipitación que según zonas del monte llegan a 1000 l/m2, siempre en base a mis registros desde 1996.
Por ello, no nos lamentemos al visitar la zona entendiendo que solo existe desolación y destrucción. Al contrario, sentémonos en uno de los muchos cantos de granito de la zona, observemos, veamos y sintamos que este monte viene pujando con fuerza. Con mucha fuerza.

Emilio Pacios.

Una Respuesta para “Habla la naturaleza un año después del incendio de Cenicientos”

  1. Cristian dice:

    Qué gusto leer algo así para un estudiante de gestión forestal y vecino de la zona.

    Muchas gracias por el texto. He aprendido un montón.

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