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La Camerata Cantábile repasó en La Adrada la música navideña francesa

El desarrollo musical en Europa se debe en gran parte a la importancia de la actividad religiosa, y la época de la navidad ha servido como inspiración para numerosos cánticos tradicionales. Originalmente, eran danzas y canciones populares que la Iglesia apropió para su uso en las ceremonias litúrgicas navideñas surgiendo así el gran repertorio de villancicos cantados por todo el mundo. En la evolución de la música clásica, la música sacra con su acento navideño ha sido fuente de inspiración para destacados compositores como Haendel, Bach, Monteverdi o Vivaldi.
La Camerata Cantabile comenzó el 4 de enero a las 8 y media de la tarde en la Iglesia del Salvador de La Adrada su concierto de Navidad, titulado este año Cantique de Noël, con la intención de transportar a las casi 200 personas del público a Francia con una elección de villancicos y obras clásicas de compositores, en su mayoría franceses o que compusieron la mayoría de su obra estando allí. Arrancó con el Gloria in Excelsis Deo, villancico popular de autor anónimo para continuar con Un flambeau, Jeannette Isabelle, también una canción navideña popular francesa, procedente de la región de Provenza, compuesto en el XVI como música de baile para la nobleza. Posteriormente, se le puso letra y fue publicado como villancico por primera vez en 1553. La melodía se hizo muy popular y, desde el siglo XVIII, fue traducido al inglés. En Nochebuena, se sigue manteniendo la tradición en Provenza de vestir a los niños como pastores en la misa del gallo al tiempo que entonan esta pieza.
El parisino Marc Antoine Charpentier compuso su Te Deum probablemente entre 1688 y 1698, durante su estancia en la iglesia jesuita de Saint-Louis, donde ocupó el cargo de director musical, pero también se cree que Charpentier habría compuesto o al menos interpretado esta pieza para la celebración de la victoria en la batalla de Steinkirk en agosto de 1692. Habría escrito seis arreglos distintos aunque solo se conservan cuatro de ellos. El preludio es muy conocido pues fue escogido como himno de Eurovisión y el público de La Adrada lo celebró con una gran ovación.
La tarde fue subiendo con la interpretación de In notte placida, de François Couperin, uno de los más importantes compositores de la música barroca francesa en general y de la música para clave en particular y más aún con L’adieu des bergèrs de L’enfance du Christ compuesto por Hector Berlioz en 1850 tres años antes del resto del oratorio La infancia de Cristo, una de las obras más suaves y entrañables de Berlioz. El Adiós de los pastores representa la bendición y la despedida antes de la Huida a Egipto.
La tarde de música navideña continuó con el Oratorio de Navidad (1858) de Camille Saint-Saëns, compuesto por Preludio, Gloria, Quare y Tollite hostias en el que el autor regresa a la pureza formal de la música, resaltando la belleza de la voz humana.
El libreto finalizaba con el Salmo 150, la gran coral del autor de origen belga César Franck, compuesta en 1883 en la que invita a alabar a Dios a través de la música, nombrando hasta un total de nueve tipos de instrumentos con especial protagonismo del órgano, una obra llena de armonías y de cambios de tonalidad con notas corales sencillas, quizás porque probablemente fuesen entonadas por un coro de niños ciegos, que llega a su fin con una entonación repetida y majestuosa del “Aleluya”.
La Camerata obsequió al público con tres propinas propias de estas fechas además de un improvisado Cumpleaños feliz para una de sus voces femeninas, Pilar Esteban.

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