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“Cruces al cielo”, los mojones que delimitaban la jurisdicción del Monasterio de Valdeiglesias

  • Podrían ser los existentes a mediados del siglo XVII y documentados en el Tumbo del convento de Pelayos.

Hay tardes frías, en las que el viento de cara, se mete en el cuerpo, y el caminante se siente en la gloria. Especialmente si el caminante va con el pensamiento puesto en el monasterio de santa María de Valdeiglesias, recreando lo que ha investigado en la Academia de la Historia a través del estudio del Tumbo, el documento más importante para conocer la historia de la comarca de Sierra Oeste. Y en ese manuscrito de más de mil páginas en pergamino, el lector descubre que los monjes, a mediados del siglo XVII se dedicaron a poner mojones y apeos en toda su jurisdicción: de la dehesa de La Enfermería a Navapozas, y de san Esteban a Fuente del Sauz. Era la manera de delimitar su territorio que era mucho más amplio que la cerca que aún bordea el monasterio.
El lector del Tumbo lee que los mojones contaban con cruces grabadas para que no hubiese duda de que era una delimitación abacial, monástica. Pero se sorprende cuando lee que de esa cruz en la piedra de granito existe, además un “mojón con cruz al cielo”, en varios de las delimitaciones que se van detallando, una a una, para saber identificarlas. Y pregunta a expertos que no descartan la hipótesis, y descubre un día, de sorpresa, dos mojones con cruces laterales en la piedra de granito pero observa que en la parte horizontal hay también sendas cruces labradas en lo alto del mojón. Son cruces al cielo. ¿Se trata de las que relata el Tumbo de Valdeiglesias? ¿O al menos pertenecen a la ubicación inicial en donde había mojones a mediados del siglo XVII por los monjes del convento cisterciense?
Digamos ya que esta mojonera encontrada se ubica muy cerca del cruce de caminos de las actuales carreteras de Pelayos a Cadalso, y de San Martín hacia Villa del Prado. Muy cerca del abrevadero que aún persiste del denominado cordel del Boquerón. En la antigüedad este valle se denominaba Val de Aliam, según se relata en el Libro de la Montería, escrito por el rey Alfonso XI (Alfonso el Onzano, siglo XIV), un monarca que fue asiduo de la zona por su afición a la caza. El cordel que mencionamos arranca de abajo del valle, al lado del arroyo del Tórtolas. En época medieval existía, probablemente cerca del actual puente que cruza el arroyo hacia Entrepinos, una aldea denominada santa María de Tórtoles.
Y es una zona rica en pinares. Pero debemos suponer que muchos de los actuales pinos son de repoblación; son claramente posteriores a la fecha de la Edad Moderna que estamos refiriendo. Sin embargo, no nos gustaría olvidarnos de un hermoso ejemplar de pino pinea (pino piñonero o pino carretero), datado en alrededor de doscientos años que alardea junto al referido cordel que no es otra cosa que una cañada de trashumancia, vigente hasta hace pocas fechas.
Pero lo más singular del lugar en donde se encuentran los mojones referidos es un hermoso ejemplar de Enebro Junípero. Desde los mojones, el caminante observa a un lado el camino de trashumancia, con un abrevadero a su espalda, y de frente este ejemplar de varios centenares de años, con un porte elegante y redondeado.

Enebro junípero.

Las mojoneras aludidas distaban del monasterio dos leguas (alrededor de diez kilómetros). ¿Era una distancia elevada para pensar que estaba fuera de la jurisdicción monacal? En absoluto. Pese a que Valdeiglesias no fuese un monacato especialmente poderoso (especialmente por sus continuas disputas con el pujante burgo de san Martín de Valdeiglesias), sin embargo, en época medieval los monjes contaban con amplios territorios donados que cultivaban para su provecho.
Además existe una circunstancia importante para el autor del presente artículo. Aludíamos al principio que Valdeiglesias contaba con varias dehesas. Una de ellas es la denominada Fuente del Sauz, cuya ubicación no está clara. Gregorio de Andrés, autor del libro “Las cacerías en la provincia de Madrid en el siglo XIV” analiza la toponimia del mencionado y hermoso Libro de la Montería. Y sitúa Fuente del Sauz, en el denominado “pasto común” (tierra aramio), muy cerca de la zona en donde se encuentran las mojoneras aludidas.
Y además el nacimiento del arroyo de la Presa (que pasa por San Martín y Pelayos) se encontraría, según consideramos, escasamente a unos doscientos metros de los mojones. ¿Y por qué es importante este dato? Pues porque la jurisdicción del monasterio de santa María de Valdeiglesias arranca del nacimiento del arroyo del Molino de la Presa. Así dice el Tumbo: “desde la fuente más alta de dicho valle hasta ……”
Por tanto, nos encontramos con el descubrimiento de unos mojones “con la cruz al cielo” que podrían pertenecer a los mencionados en el siglo XVII, por el Tumbo, y que delimitaban la parte suroeste del amplio territorio de los monjes. Los medievalistas consultados y profesores de Historia no descartan esta hipótesis aunque matizan que los actuales podrían estar situados en donde originalmente lo estuvieron en épocas pasada. Desde luego se requeriría un estudio arqueológico que confirmase estas hipótesis.
Indudablemente, lo que no hay duda es que nos encontramos en un cruce de caminos, por donde durante siglos pasaba la cañada real, y en donde es lógico pensar que los monjes intentasen la delimitación de su territorio monacal para que el ganado no campase por sus dominios.

Enrique Jurado Salván, periodista y doctor por la UCM.

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