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Quince bodegas se darán cita en Cadalvin, la Feria del Vino de Cadalso de los Vidrios

  • “El vino es un ser vivo”.
  • El mérito del resurgir de la comarca está en la tradición, en los mayores que han sabido conservar las viñas.

Cadalso de los Vidrios, paso obligado entre Toledo y Ávila, debe su nombre a la Real Fábrica de Vidrio.La tierra árida y agreste la comarca madrileña retiene en sus pozos la escasa lluvia de la primavera que permite el terreno arcilloso, a 700-800 metros de altitud, es sin embargo privilegiada en caldos y aceites. Vinos fuertes y recios, resultado de una climatología difícil, idónea para las vides de más de medio siglo, mitad en el llano y mitad en la peña, aradas con mula si es preciso. “Algunas cepas tienen dificultades y vuelven a la tradición, son una minoría, hasta los años 80 había animales de trabajo”. Antonio Aumesquet comenzó en 2006, “hay que recalificar, entregas el proyecto a Agricultura y Medio Ambiente”, su expediente era favorable “pero tardaron en verlo tres años.” Con una producción de 8.000 litros y una capacidad de 20.000 litros, la bodega Finca Mariscalas cultiva garnacha con cepas de treinta años, “con 15.000 botellas sería rentable” comenta el productor. El vino es su primera actividad, considera que “haber superado la crisis es un logro, antes solo se bebía Rioja o Ribera” ahora se bebe vino del lugar. Los viñedos están en la confluencia de la comunidad de Madrid, Méntrida, Castilla-León, Vinos de Cebreros, cuatro menciones y una tierra que nada sabe de consideraciones políticas, “la denominación de origen te da cobertura pero te resta libertad”. Destaca el crianza monovarietal, seis meses en barrica, un vino con personalidad. Las cepas del bodeguero comenzaron a dar vinos de calidad conscientes del legado de “los mayores que son los protagonistas, quienes han sabido conservar las viñas”.

Bodega Luis Saavedra, Cenicientos.

La comarca ofrece una diversidad en microclimas y caldos, “la agricultura es muy dura, es de montaña, en cuesta la vid se pone en alambre derecha y se llega con carreta” explica Mariano el bodeguero de la Cooperativa Bodega Cristo del Humilladero, cuentan con una producción de 300.000 kgs. al año, “si las uvas estuviesen medianamente atendidas… pero la gente joven busca otro medio que la agricultura”. Andrés, el ayudante en bodega sube y baja por las frías escaleras verticales y se pasea por la boca de los grandes depósitos con una pértiga moviendo el vino, “así se voltea, se trata de despertar el vino, añadirle un poco de otro”, explica. “El vino es un ser vivo.” Un atractivo mostrador de vistosas etiquetas exhibe los caldos de garnacha y de albillo, la uva autóctona de la comarca, junto a diversos productos locales.
En Cenicientos, la bodega Cooperativa San Esteban Protomártir representa a 200 pequeños productores, “se trabaja el vino joven, la garnacha principalmente, se elabora en octubre”, celebración de la fiesta de la vendimia del pueblo, “y en diciembre o enero ya está disponible para el consumo”. Los 600.000 litros a granel se distribuye en otras zonas del país, también en Francia e Italia porque hay escasez de vino en el mercado y ha subido el precio. “Este año la tormenta de julio destruyó la mitad”. Miguel Ángel y Pedro trabajan sin descanso en la Asociación vitivinícola, desde el productor hasta el distribuidor, “en 2002 mucha gente se decidió a arrancar” gracias a los incentivos de la Unión Europea se realizaron nuevas inversiones, “se van haciendo mejoras en las bodegas, pero se cobran a bajos precios”. Tinto y rosado Piedra Escrita se vende al público a dos euros, el 3% embotellado sale al mercado bajo la D.O. Madrid.
Al salir del casco urbano, nos encontramos con la bodega ecológica Luis Saavedra donde se elabora vino desde hace 22 años, “comenzaron en el garaje de la casa de los abuelos”, explica su madre, “hacían todo manual, con la licencia de sanidad”. De los viejos conos de barro han pasado a los depósitos de acero inoxidable y las barricas de roble francés y americano. El productor sigue la agricultura ecológica según las normas europeas. Abonos naturales, sin herbicidas ni pesticidas ni fitosanitarios, tan sólo azufre micronizado si es necesario, porque “la vid vieja es un tesoro y te da diamantes todos los días” declara Saavedra. Al crianza se le dan trasiegos puntuales de barrica a barrica y la estabilización se realiza por decantación natural y el prensado es manual. Recordemos que un vino convencional puede contener hasta 200 mg por litro de sulfitos; el natural, en etiqueta, no suele llevar ningún añadido, podría contener un máximo de 20 mg/l. Gran esmero y dedicación de una empresa familiar cuya explotación es su modo de vida. “Hacer vino es muy sencillo, lo importante son las uvas, tiene mucho trabajo en el campo”. Cabe mencionar el blanco joven a base de maceración de hollejos, Albillo y 10% Moscatel, seco y de baja acidez; el rosado, es el más tecnológico, se le echan levaduras indígenas y el tinto crianza el de mayor categoría; ambos monovariatales de la sabrosa uva garnacha. El 70% se consume en España, principalmente en estas tierras y el resto se exporta a Alemania, Gran Bretaña y Estados Unidos.
En Cadalso bodegueros particulares cultivan micro-terruños de 1, 2, 3 hectáreas, el más antiguo Valentín Frontelo, produce vinos bajo la D.O. Madrid. En total encontramos 14 de la subzona de San Martín de Valdeiglesias, en concreto de la comarca de Cadalso y Cenicientos: Bodega Alberto Ayuso, Bodega Aumesquet Garrido, Comando G, Los 4 Monos, Bodega Miguel Santiago, además de la Cooperativa de Cenicientos.

Prensa. Bodega, Alberto Ayuso.

“La Denominación de Origen de Madrid es una gran ventaja, abre muchas puertas y se dan a conocer vinos de calidad”, declara Alberto Ayuso, le sobra tradición y le falta tiempo, “el padre de mi tatarabuelo hacía vino en estas tierras, conocidas de los tiempos de Carlos V, “Los vinos preciosos de San Martín y Cadalso de los Vidrios”. En las 12 hectáreas repartidas entre los dos pueblos, brotan las primeras yemas de garnacha, “la metes entre piedras y sale, mejor en espaldera para que no se hiele, así la uva queda en alto”. Las cepas se cultivan mediante el sistema moderno, el productor y primer enólogo es partidario del trabajo mecanizado. Reparte su jornada entre la empresa familiar y la oficina, porque “el campo no da dinero” comenta ante la falta en ayudas en lo referente a promoción. En la pequeña bodega del sótano de una vivienda rural, la uva Syrah es la primera vertida en la prensa de madera y acero, aparte de las extendidas Albillo y Garnacha, se atreve con las variedades Tempranillo y Merlot. Destacan los tintos crianzas por su calidad, seis meses en barricas de roble americano y tres en francés y más de 18 meses en botella; la cosecha 2012 ganó el 2º premio Viña de Madrid. Ha ido incrementando la producción y se mantiene en 25.000 litros, ni la helada de abril ni la tormenta del pasado verano le afectaron. Produce el vermouth local con albillo y licor que deja macerar 180 días con especias y hierbas aromáticas, romero, canela, el ajenjo que le da la nota característica de amargor. Fue quien propuso al ayuntamiento una feria dedicada exclusivamente al vino. “Hay muchas ferias pero en CADALVÍN se vende vino, la gente se interesa antes de catar”. Quince son las bodegas que se darán cita en Cadalso de los Vidrios, las cooperativas mencionadas y las principales bodegas comentadas junto con las de San Martín de Valdeiglesias y Villa del Prado. El mérito del resurgir de la comarca está en la tradición, en los mayores que han sabido conservar las viñas.

Cristina Eguíluz Casanovas.

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