Categoría | Medio Natural

Princesa Sula, la gran fondista

Princesa Sula en tres años ha sido capaz de acometer seis vuelos desde alta mar y sin tierra a la vista con la que poderse orientar, a más de 700 kilómetros de su palomar. Está considerada como un ave excepcional, con gran valentía y coraje, y unas facultades atléticas extraordinarias.

Su orgulloso criador y propietario, Felipe Martínez, es muy apreciado por gran parte de sus compañeros colombófilos y considerado uno de los mayores expertos en la cría y preparación de palomas mensajeras en nuestro país. Lleva más de  47 años dedicado en cuerpo y alma al estudio, selección y entrenamiento de estas aves, y es presidente y juez de Columbus Club, una de las siete asociaciones madrileñas de la Real Federación Colombófila Española (RFCE). Actualmente mantiene su palomar en el Centro de Fauna de Navas del Rey.

Una atleta maratoniana

Princesa Sula nació en 2006 en el palomar de Felipe. Es hija de dos excelentes reproductores, también de su propiedad, poseedores de un gran pedigrí de palomas mensajeras fondistas de grandes distancias.

“Se crió en el nido con sus padres, aunque siempre estuve cerca de ella, vigilándole y proporcionándole lo que necesitaba para que creciera de una manera adecuada, suministrándole sus vitaminas y una comida selecta, como corresponde a una deportista de élite. Su nombre se lo puse en honor a un ave marina muy intrépida y resistente, virtudes que también aprecio en ella. ‘Sula’ es un género de aves pelecaniformes de la familia de los alcatraces (Sulidae). Es una hembra cariñosa, ¡no se asusta por nada! y con un amor al palomar y a su nido prodigioso”, comenta Felipe mientras la sujeta entre sus manos de manera tierna.

Un entrenamiento programado

Tras los dos meses de edad, Princesa Sula comenzó con sus entrenamientos. Según Felipe, una vez que hizo grupo con el resto de los pichones compañeros, volaba junto con el resto del bando alrededor del palomar una hora y media diaria. Tres meses después, cogida algo de musculatura y fondo, comenzó con sus sueltas a cortas distancias respecto al palomar: 5, 10, 15, 20, 40,  60, 100 y 150 kilómetros, de forma paulatina, dando comienzo su imparable carrera deportiva en los campeonatos. Primero fueron los concursos de velocidad (de 170 a 300 kilómetros); después las sueltas de fondo (de 400 a 600 kilómetros); finalmente las pruebas de gran fondo (de 700 a 1.000 kilómetros). “Cuando está en competición, Princesa Sula tiene que mantener un régimen y una  alimentación adecuada, como los atletas. Come grano de todas las clases: berza, trigo, cebada, maíz (muy importante), guisantes, habas… Ahora bien, hay que saber administrárselo en la proporción adecuada. Cuando está compitiendo toma una ración de 30 gramos pesados al día. Además, también aceites de ajo, de hígado de bacalao y vitaminas, que mantienen sus plumas sedosas y su buen tono muscular”.

Las pruebas de Gran Fondo

En los campeonatos las palomas participantes son llevadas a los locales de cada asociación, donde los jueces comprueban sus anillas, controlan su estado de salud y las alojan en cestas especiales. Desde allí son transportadas, todas juntas, al punto de suelta designado por la organización, y a la hora estipulada se les deja en libertad (inicio de la carrera), para que regresen a sus palomares (metas). Su regreso se cronometra y se acredita el tiempo invertido en el vuelo (la carrera) por cada una de ellas con relojes especiales, estableciéndose las clasificaciones individuales o por equipos o clubes.

Durante su vuelta a casa, Princesa Sula y el resto de competidores tendrán que demostrar sus buenas facultades físicas y un sentido de la orientación extraordinario. Además, muchas veces sortearán diversas dificultades como condiciones meteorológicas adversas (viento, nieve, lluvia, niebla), la orografía del paisaje, el ataque de aves de presa y cazadores desaprensivos, o tendidos eléctricos. “Para poder volar en las competiciones de resistencia, y dado que los colombófilos de la comarca nos encontramos en el centro de la península, tenemos que recurrir a enviar a nuestras palomas a Francia o hacerlas viajar hacia el sur, que es la ruta que mejor se nos da. Para una prueba normal de fondo, lo mejor es enviarlas al Cabo de San Vicente (extremo suroeste de Portugal) a una distancia de 600 kilómetros. A partir de los 700 kilómetros se consideran pruebas de gran fondo, siendo las de 730 y 750 kilómetros las más habituales para nosotros, y para ello las palomas se sueltan desde barco en plena altamar. Aquí, la principal dificultad con la que nos encontramos es que tenemos que soltar haga el tiempo que haga, bueno o malo, esté el mar en calma o picado, pues no las podemos volver a traer otra vez por el mismo camino. De hacerlo irían en el barco hasta Casablanca, entrarían en el puerto y allí, seguramente, nos las requisarían. Se las suelta a 150-200 kilómetros de la costa de África, frente a Casablanca y Larache (Marruecos), después de haber sido embarcadas en Cádiz en dirección a Canarias. Tras esas sueltas, todas las que regresan son calificadas como fabulosas, tanto la  primera como la última en llegar”, describe Felipe Martínez mientras abre el palomar para que sus ejemplares puedan entrenen.

Dedicada a la maternidad

Ahora Princesa Sula se encuentra retirada de la competición, dedicada en exclusiva a la cría de sus pichones. “Ya tiene hijos campeones que, con casi toda seguridad, algún día llegarán a ser tan buenos fondistas como ella”, asegura este amante de las palomas.

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