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Visitas pastorales del obispo de Getafe en la Sierra Oeste

Monseñor Ginés García Beltrán estuvo en Cenicientos, Navas del Rey y Pelayos de la Presa.

Sorprendido por la fe “tan arraigada” y “tan viva” de la gente de los pueblos de la Sierra Oeste, el obispo de la diócesis de Getafe, Monseñor Ginés García Beltrán, culminó durante este mes de octubre su visita pastoral al arciprestazgo de San Martín de Valdeiglesias, el primero que lleva a cabo tras su toma de posesión en febrero de 2018. En concreto, el prelado visitó Cenicientos, Navas del Rey y Pelayos de la Presa, donde pudo conocer de primera mano la realidad de la zona más alejada de la diócesis getafense. Con anterioridad ya había emprendido, de abril a junio de este año, las visitas pastorales a Colmenar del Arroyo, San Martín de Valdeiglesias, Chapinería, Cadalso de los Vidrios y Rozas de Puerto Real, además del Colegio Seminario de Rozas, donde estuvo la última semana de septiembre.
En estas tres visitas, el prelado fue recibido por las respectivas autoridades locales, como la alcaldesa Natalia Núñez en Cenicientos, y los alcaldes Jaime Peral en Navas del Rey y Antonio Sin en Pelayos de la Presa. Además de celebrar misas y confirmaciones y oficiar responsos en los cementerios, los lugares que atesoran la verdadera “historia” de cada lugar, el obispo se empapó de la vida cotidiana de estos municipios y de su “piedad popular”. En la agenda no faltaron las visitas a las residencias de ancianos, bodegas y negocios más representativos de cada sitio, así como encuentros con diferentes entidades y asociaciones como con jóvenes deportistas y alumnos de la escuela taurina de Navas o en el centro de Fauna José Peña-Kuna Ibérica, también en Navas, y en el Club Náutico de Pelayos, donde se ofrecieron bendiciones.
Una visita pastoral se define como la presencia del obispo en las instituciones que dependen de su diócesis, siendo obligatoria para todos ellos según establece el Código de Derecho Canónico. Pero durante su presencia en nuestra comarca, el obispo Ginés no se cansó de repetir que no quiere “cumplir solo con una obligación canónica”, sino que desea “conocer a la gente” de cada pueblo para que “la visita sea real”. Y es que, para él, “lo mejor en la vida de un obispo” es la visita pastoral, que describe como una “gracia” y un “encuentro” para ver “la riqueza de la vida de fe” y para “conocer la realidad” de estos lugares. En uno de ellos, Cenicientos, Ginés concedió una entrevista a A21, en la que pudimos conversar sobre la impresión que se ha llevado de nuestros pueblos, retos que afronta la Iglesia en su diócesis como la transmisión de la fe, o la labor que ejercen los curas rurales, entre otras cuestiones.

Cuando fue nombrado obispo de Getafe, el ya obispo emérito don Joaquín López de Andújar le dijo que en esta diócesis iba “a disfrutar mucho”. ¿Está siendo así?
Sí, está siendo así. La verdad es que Getafe es una diócesis muy viva, muy joven, con mucho movimiento, que tiene también mucho trabajo y que tiene dificultades como todo en la vida. Pero es verdad que es una diócesis en la que se disfruta sobre todo en estos días de la fe sencilla, de la gente, de esta Iglesia real que muchas veces no es la Iglesia que sale en los medios de comunicación. Esta es una Iglesia muy real, muy sencilla, muy profunda, de una fe profunda y viva.

¿Está ya totalmente adaptado a su nueva diócesis?
Yo creo que nuestra vida es un continuum. A uno le sirve todo lo que ha vivido anteriormente. Me acuerdo con muchísimo afecto y rezo por mi diócesis anterior de Guadix, pero el Señor me llama ahora aquí y estoy feliz aquí en Getafe.

Ante la dificultad de “llegar por tiempo”, como en otras ocasiones se ha referido, a una población joven y en aumento, con un núcleo fundamentalmente urbano, ¿cree que esta diócesis necesita un nuevo obispo auxiliar? (D. José Rico Pavés fue ordenado en julio obispo de Asidonia-Jerez tras 9 años como auxiliar en Getafe)
Sí, yo creo que esta diócesis necesita un obispo auxiliar si queremos llevar el ritmo de la visita pastoral, de acercarnos a la gente. Quiero recordar unas palabras que dijo don Joaquín cuando nombraron a don José Rico Pavés: “no te he pedido para que me quites trabajo, sino para repartirnos, para llegar a más sitios”. La figura del obispo auxiliar, un obispo que ayude al titular, es para estar más con la gente, para llegar a más sitios.

Además de la secularización, uno de los retos es, efectivamente, llegar a más sitios, pero muchos fieles se encuentran con que los templos solo abren durante las celebraciones litúrgicas, permaneciendo casi siempre cerrados. En este arciprestazgo, solo Cenicientos y Rozas de Puerto Real mantienen sus iglesias y ermitas abiertas durante todo el día para que los fieles puedan rezar. ¿Desde su diócesis se está instando a que haya una mayor apertura horaria en las parroquias?
A mí me gustaría que los templos estuvieran abiertos. Entiendo que hay que procurar la seguridad, que hay que proteger sobre todo el bien más grande que tenemos, que es la reserva del Santísimo en el sagrario, pero creo que hay medios de personas voluntarias, poner elementos que impidan que alguien pueda o profanar el sagrario o robar, pero a mí sí que me gustaría que las iglesias estuvieran abiertas.

¿Cuál es su valoración de la situación de la Iglesia en este arciprestazgo?
Creo que esta es una Iglesia muy arraigada, que contrasta con las grandes ciudades, que son ciudades de aluvión donde falta mucha identidad. En cambio, estas parroquias tienen mucha identidad. En concreto, la iglesia de San Esteban protomártir de Cenicientos tiene 500 años, la devoción a la Virgen del Roble tiene 500 años, con lo cual aquí hay una fe arraigada, una fe que se ha transmitido muy bien. He dicho en la homilía que me ha impresionado la fe de este pueblo cuando he estado en el cementerio o cuando hemos rezado en la ermita el rosario con la Virgen. Una cosa muy significativa es con el canto del himno a la Virgen del Roble. Uno puede cantar una canción que se sabe de memoria, pero cuando uno siente algo, lo canta con el corazón, y la canción se convierte en oración. Y eso es lo que he visto. Y después ha sido impresionante también la visita a los enfermos, la fe que había en ellos. Pero ahora, la pregunta y el gran reto que le se plantea a nuestra diócesis, y también aquí en estos pueblos, es cómo haremos la transmisión de la fe que hemos recibido a las generaciones que vienen detrás. Esta es una fe muy asentada en los abuelos y en los padres, pero, ¿y en los niños?, ¿vamos a dejar que esta fe se pierda?, ¿vamos a dejar de transmitir la fe a las nuevas generaciones? Esta es una fe pues muy asentada, recibida por herencia en muchísima gente, sobre todo en mayores, que no solo han recibido la herencia sino que la han hecho suya, y ahora toca transmitirla a los jóvenes.

En la transmisión de la fe, ¿cómo valora la presencia del Colegio Seminario de Rozas en esta comarca?
Yo creo que es una presencia muy bonita. El colegio es un colegio seminario menor, para que los seminaristas puedan estudiar. Luego se abre, se amplía a personas que no están en el seminario pero que quieren estudiar en este centro, que creo que tiene que ver mucho con la religiosidad y con la fe de esta zona, porque muchísimas generaciones han estudiado en el seminario. Puede que la gran mayoría no haya llegado a sacerdote, pero es verdad que esa información que han tenido tras su paso por Rozas les queda dentro, y se nota, se nota cuando hablas con un antiguo alumno.

¿Y la labor del cura rural?
La presencia del sacerdote dentro del mundo rural es muy importante, es fundamental. Así como el cura urbano se hace más insignificante en medio de este mundo tan secularizado, el cura rural tiene una presencia muy viva. Todo el mundo sabe quién es, aunque no vaya a la iglesia. Muchas veces se sabe cuándo sale y cuándo entra… Es una persona necesaria, buscada. Además, un hecho que me parece muy importante es que cuando mucha gente en núcleos rurales tiende a irse, a no vivir en el pueblo, el que permanezca el sacerdote es un signo de que la Iglesia valora el mundo rural, las periferias que llama el papa Francisco.

¿Cómo explicaría qué es una visita pastoral a una persona alejada de la Iglesia? ¿Cómo se deciden?
Como su nombre indica, se trata de una visita del pastor a las comunidades que le han encomendado. Es la visita del obispo a cada una de las parroquias donde hay un sacerdote enviado por él para predicar la palabra, para celebrar la eucaristía, para vivir en la caridad. Esta es una institución antiquísima que los antiguos llamaban el alma de la vida del obispo. Así, parte evidentemente del obispo en su obligación de visitar las comunidades. Cada diócesis lo organiza como quiere, y nosotros lo hacemos por arciprestazgo, para darle unidad, para empezar con una celebración todos juntos, etc. Después, lo que nos manda el Derecho Canónico es que el obispo visite los grupos parroquiales, que haga una visita administrativa a los lugares, sus libros parroquiales, etc. Pero yo le digo a los sacerdotes que no quiero cumplir solo con una obligación canónica, sino que quiero que la visita sea real, quiero conocer a la gente, visitar lo que me corresponde como obispo dentro de la realidad de la parroquia, pero también me gustaría conocer el pueblo, desde las visitas institucionales, el ayuntamiento, los colegios cuando nos dejan, las residencias de ancianos, bodegas, fábricas, etc.

En otras ocasiones ha afirmado que “la visita pastoral siempre sorprende”. ¿Qué le ha sorprendido de Cenicientos?
Me ha sorprendido la fe de la gente, una fe muy viva y muy sincera, teniendo en cuenta que Cenicientos es el pueblo más alejado de la capital de la diócesis. Como signo, me ha sorprendido cómo se cantaba en la ermita el himno de la Virgen del Roble, con la fe que se hacía. También, en la visita a los mayores, el modo de rezar y la acogida que han tenido conmigo. Y luego otra cosa muy típica donde el cura es alguien conocido por todos, el cariño de la gente, que se acercan a saludarte por la calle con mucho aprecio y cariño.

¿Podría contarnos alguna anécdota de anteriores visitas?
Tendría muchísimas anécdotas para contar. Por ejemplo, en San Martin de Valdeiglesias, la acogida y las preguntas tan sencillas y sinceras que me hicieron los chicos en la visita a Talismán, una asociación para la atención a jóvenes con discapacidad intelectual de la Sierra Oeste.

 

Sergio Lizana Calvo.

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